7 de febrero de 2014

Decisiones y aprendizaje

En una íntima conversación interior me preguntaba sobre las relaciones a la que aspiran los educadores sociales comprometidos con personas de las comunidades urbanas y rurales con las cuales tienen la satisfacción de trabajar y de sentirse útiles.

Estas son relaciones basadas en el aprendizaje y enseñanza mutua.  El aprendizaje y la enseñanza forman un círculo virtuoso en el que se desarrolla poder para transformar las condiciones de vida y, como parte del colectivo de personas, los educadores aprenden a
situar su aprendizaje en realidades concretas de la vida y a desarrollar su poder como educadores polivalentes, “aterrizados” en el Es a partir del cual es posible alinear lo que se Hace hacia un Debe ser  decidido, con autonomía, por las personas con las cuales interactúa. En esa trayectoria todos desarrollan identidad de su Ser individual y social.

Los educadores deciden aspectos técnico pedagógicos, tendiendo puentes, buscando compartir las decisiones con las personas de las comunidades, sean estos dirigentes o miembros de organizaciones. Los dirigentes, en lo deseable, deberían establecer mecanismos que faciliten decidir con sus bases para qué actuar y qué, como, cuando, quienes, donde y con qué hacer.

Con la trayectoria definida se organiza y realiza lo previsto y atiende lo imprevisto, de modo organizado en equipos de trabajo en los cuales nadie sobra y si alguien se ausenta es solo por  decisión propia. En el camino, de modo constante van evaluando lo que hacen para corregir lo que consideran corregible, acompañados por educadores sociales que saben que “llevarlos de la mano”, tutelado, no es una forma de un trabajo educativo que se puede recomendar.

Por cierto, que la confianza en el poder de cada persona, para hacer y aprender lo que tiene que hacer, es un valor muy caro a lograr en una sociedad y sistema educativo con brechas educativo-sociales hasta en la enseñanza aprendizaje. Este es, sin duda, uno de los grandes  desafíos en todo intento de construir una sociedad armoniosa y de Bien-Estar, derivado del Hacer para Saber y Ser.

En estas relaciones se trata de ejercer la democracia y la equidad en la toma de decisiones, la co-actoría en la realización de un proceso pedagógico que parte de las realidades concretas de las personas de la comunidad, considerando sus costumbres y su forma de hacer las cosas, porque es necesario valorar la cultura propia y lo que se hace en ella, reconociendo que así han logrado sobrevivir y así saldrán de la exclusión si aprenden más.

El objetivo del trabajo pedagógico es lograr que integrantes de las organizaciones y educadores, unidos de verdad en función de un ideal común, aprendan en procesos de transformación orientados a construir condiciones de vida digna, incidiendo en el ejercicio de sus derechos y en cambiar los enfoques actuales del desarrollo local, basado en “obras”, por
un enfoque que movilice sus condición de ciudadanos plenos en función del Bien-Estar de todos, que vaya más allá del discurso del desarrollo que muchas veces es sesgado hacia el crecimiento económico de pocos, en una perspectiva de modernidad que solo tiene en cuenta la diversidad cultural en el discurso.


Ahora en el campo de las realidades, en el coto cerrado del sistema educativo en general y de la educación básica alternativa en particular ¿Será posible que los estudiantes sean gestores y centro de su aprendizaje? ¿Qué aspiren a emanciparse de las ataduras de la exclusión e in-equidad? ¿Qué planifiquen, organicen, realicen y evalúen sus actividades de aprendizaje? ¿Qué aprendan de manera organizada manteniendo un vínculo entre lo individual y colectivo, al estilo de lo que decía el viejo Vygotsky y otros personajes que han aportado a la educación? ¿Qué lo aprendido contribuya con el cambio de su situación personal, de su familia, de su trabajo y de su condición de ciudadano?…Esa es la cuestión.