“Imaginemos una oscura caverna en
cuyo fondo, allá donde no alcanza la luz del Sol, están encadenados cara a la
pared un puñado de prisioneros. No pueden ni siquiera volver la cabeza, sólo
mirar el liso muro rocoso que tienen frente a ellos. Tras los prisioneros hay
encendidas unas cuantas hogueras y
varias personas van y vienen transportando cargas diversas: armas, jarrones, estatuas,
ramas de árbol y hasta animales vivos. Las sombras de esos transeúntes se
dibujan en la roca del fondo, al modo de sombras chinescas (¿habéis visto cómo
la sombra de una mano en la pared puede parecer un perro que abre y cierra la
boca o un pájaro?), y los pobres
prisioneros, que nunca han salido de la caverna y visto otro paisaje, están
convencidos que son seres reales, no meros reflejos. Pero he aquí que un
prisionero logra romper sus cadenas, escapa de la caverna y sale a la luz
exterior; allí está la auténtica realidad, los pájaros y los leones, el mar,
los árboles…el mismísimo Sol que brilla en el cielo. Regresa al interior para
comunicar la verdad a sus compañeros, que siguen encadenados, pero nadie le
hace caso y todos se burlan de él, creyendo que la libertad lo ha enloquecido.
Para quien vive atado a las sombras sólo las sombras son reales”
Recordé este pasaje del libro al ver
el inicio de la “La educación prohibida”, un vídeo que nos convoca a pensar críticamente la educación y a actuar frente a la necesidad de cambiar los viejos paradigmas que, en nuestro caso, impide
que los adultos desplieguen sus potencialidades mediante el aprendizaje, alejando así la oportunidad de construir una
corriente de desarrollo social que supere la actual exclusión de los estudiantes … y de nosotros.
(Hacer clic en la pestaña” vídeos”)
Manuel Martínez Mendoza