27 de enero de 2021


 

VÍNCULOS Y RELACIONES SALUDABLES

Para una nueva educación

 

La organización y el funcionamiento del Perú, como muchos reconocen, ha sido desnudada por la pandemia al  mostrarnos una cruda realidad que en muchos aspectos nos perjudica. Sin embargo, por costumbre, como ciudadanos de una vieja normalidad, no queremos ver el pulso de la violencia producida por el tipo de sociedad y, por eso, siempre buscamos salidas a los problemas poniendo paños tibios. 

El daño del virus nos ha permitido ver con mayor nitidez la necesidad urgente de regenerar las viejas y débiles estructuras que soportan la vida política, sanitaria, educativa, judicial, económica, etc. en una práctica de desorden y corrupción como características de un Estado y sociedad en crisis.

Como ha dicho hace poco la historiadora Carmen Evoy "El Perú es un desorden controlado por momentos".  Las desigualdades e inequidades sociales forman parte del desorden estructural que se expresa en una dinámica social de violencia constante que, en muy pocos momentos de la historia, ha sido aplacada con progresos parciales producidos por presión de las demandas populares.

No existe capacidad del poder predominante actual para pensar en la construcción de una sociedad adecuadamente organizada en beneficio de todos. Incluso, el lento progreso que pueden estimular está limitado por los intereses de pocos, sobre todo, cuando los cambios que se producen permiten el ejercicio de los derechos ciudadanos.

Por lo tanto, nuestra condición de educadores y, al mismo tiempo, de ciudadanos nos exige acentuar el avance por cuenta propia construyendo identidad, autoestima y autonomía en el quehacer educativo y social, de cara a una realidad que es defendida con uñas y dientes por poderes de pocos. 

La cultura de la política conformista del “mientras tanto”, del “voto por el mal menor” o del “que robe pero que haga obra” deben quedar proscritos del vocabulario y la práctica ciudadana pensando en un futuro de vida digna, pero actuando desde hoy con dignidad y coherencia.

En cada lugar de vida ciudadana, en el territorio más cercano, la reflexión y acción ciudadana puede ser construida colectivamente, en cooperación desde lo individual, Necesitamos una educación comunitaria, como un primer nivel de atención del sistema educativo, que unifique la esperanza y aleje la desesperanza y el conformismo, que articule lo desarticulado, que vincule lo que nunca ha debido estar separado por el juego de intereses mezquinos del poder.

El enriquecimiento de las interacciones sociales mediante vínculos y relaciones saludables impulsará el enriquecimiento de la educación y, con ello, el enriquecimiento de la gestión económica, política y social comunitarios.

En el trayecto y tomando conciencia de la pertenencia local y de la indispensable labor ciudadana podemos vincular el sistema escolar con el contexto local, regional, nacional y mundial en favor de la organización de un verdadero sistema educativo ciudadano comunitario, en todos los territorios del Perú. Así la formalidad de las escuelas podrá nutrirse de un aprendizaje abierto a las experiencias vitales de cada uno, con la flexibilidad que exige una heterogénea cultura y condiciones de existencia, en aplicación de los vínculos del aprendizaje con el método científico llevado a la praxis, como núcleo central de la regeneración educativa e institucional.

La escuela puede vincularse con otras escuelas del lugar para sumar esfuerzos y actuar juntos desde la identificación de las necesidades, intereses y expectativas de los ciudadanos y organizar sus propuestas de aprendizaje como procesos pedagógicos democráticos y liberadores. Igualmente las escuelas, de manera protagónica, pueden juntarse con los municipios y demás instituciones del Estado local y las organizaciones civiles para vincular el desarrollo humano sostenible con el desarrollo local, hacia una nueva modernidad en la que como ciudadanos vamos decidiendo por cuenta propia nuestra vida cotidiana y las características de las estructuras políticas, económicas, jurídicas, educativas, que deseamos.

El esfuerzo es grande, sobre todo porque estamos acostumbrados a la vieja modernidad y nos cuesta salir de ella. Sin embargo, debemos tomar conciencia del papel que debemos jugar como ciudadanos que se empoderan con los aprendizajes de competencias pertinentes y significativas en nuestra condición de individuos sociales.

La opción que nos corresponde es asumir los retos de una nueva educación o seguir como depositarios de promesas que, como siempre, se las lleva el viento y nos desilusiona.

 

Manuel Medardo Martínez Mendoza

Pachacámac 2021

Imagen Google: Alteco.com