VÍNCULOS Y RELACIONES
SALUDABLES
Para una nueva
educación
La organización y el
funcionamiento del Perú, como muchos reconocen, ha sido desnudada por la
pandemia al mostrarnos una cruda
realidad que en muchos aspectos nos perjudica. Sin embargo, por costumbre, como
ciudadanos de una vieja normalidad, no queremos ver el pulso de la violencia producida
por el tipo de sociedad y, por eso,
siempre buscamos salidas a los problemas poniendo paños tibios.
El daño del virus nos
ha permitido ver con mayor nitidez la necesidad urgente de regenerar las viejas
y débiles estructuras que soportan la vida política, sanitaria, educativa, judicial,
económica, etc. en una práctica de desorden y corrupción como características
de un Estado y sociedad en crisis.
Como ha dicho hace poco la historiadora Carmen Evoy "El Perú es un desorden controlado por momentos". Las desigualdades e inequidades sociales forman parte del desorden estructural que se expresa en una dinámica social de violencia constante que, en muy pocos momentos de la historia, ha sido aplacada con progresos parciales producidos por presión de las demandas populares.
No existe capacidad del poder predominante actual para pensar en la construcción de una sociedad adecuadamente organizada en beneficio de todos. Incluso, el lento progreso que pueden estimular está limitado por los intereses de pocos, sobre todo, cuando los cambios que se producen permiten el ejercicio de los derechos ciudadanos.
Por lo tanto, nuestra condición de educadores y, al mismo tiempo, de ciudadanos nos exige acentuar el avance por cuenta propia construyendo identidad, autoestima y autonomía en el quehacer educativo y social, de cara a una realidad que es defendida con uñas y dientes por poderes de pocos.
La cultura de la
política conformista del “mientras tanto”, del “voto por el mal menor” o del
“que robe pero que haga obra” deben quedar proscritos del vocabulario y la
práctica ciudadana pensando en un futuro de vida digna, pero actuando desde hoy
con dignidad y coherencia.
En cada lugar de vida
ciudadana, en el territorio más cercano, la reflexión y acción ciudadana puede
ser construida colectivamente, en cooperación desde lo individual, Necesitamos
una educación comunitaria, como un primer nivel de atención del sistema
educativo, que unifique la esperanza y aleje la desesperanza y el
conformismo, que articule lo desarticulado, que vincule lo que nunca ha debido
estar separado por el juego de intereses mezquinos del poder.
El enriquecimiento de
las interacciones sociales mediante vínculos y relaciones saludables impulsará
el enriquecimiento de la educación y, con ello, el enriquecimiento de la
gestión económica, política y social comunitarios.
En el trayecto y
tomando conciencia de la pertenencia local y de la indispensable labor
ciudadana podemos vincular el sistema escolar con el contexto local, regional,
nacional y mundial en favor de la organización de un verdadero sistema
educativo ciudadano comunitario, en todos los territorios del Perú. Así la
formalidad de las escuelas podrá nutrirse de un aprendizaje abierto a las
experiencias vitales de cada uno, con la flexibilidad que exige una heterogénea
cultura y condiciones de existencia, en aplicación de los vínculos del
aprendizaje con el método científico llevado a la praxis, como núcleo central
de la regeneración educativa e institucional.
La escuela puede
vincularse con otras escuelas del lugar para sumar esfuerzos y actuar juntos
desde la identificación de las necesidades, intereses y expectativas de los
ciudadanos y organizar sus propuestas de aprendizaje como procesos pedagógicos
democráticos y liberadores. Igualmente las escuelas, de manera protagónica,
pueden juntarse con los municipios y demás instituciones del Estado local y las
organizaciones civiles para vincular el desarrollo humano sostenible
con el desarrollo local, hacia una nueva modernidad en la que como ciudadanos
vamos decidiendo por cuenta propia nuestra vida cotidiana y las características
de las estructuras políticas, económicas, jurídicas, educativas, que deseamos.
El esfuerzo es
grande, sobre todo porque estamos acostumbrados a la vieja modernidad y nos
cuesta salir de ella. Sin embargo, debemos tomar conciencia del papel que
debemos jugar como ciudadanos que se empoderan con los aprendizajes de
competencias pertinentes y significativas en nuestra condición de individuos
sociales.
La opción que nos
corresponde es asumir los retos de una nueva educación o seguir como depositarios
de promesas que, como siempre, se las lleva el viento y nos desilusiona.
Manuel Medardo
Martínez Mendoza
Pachacámac 2021
Imagen Google:
Alteco.com

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