17 de septiembre de 2014


La otra educación…

Pocos  son los educadores de la Educación Básica Alternativa –EBA- que han reflexionado las propuestas que contiene  “La otra educación”,  documento formulado como “Marco de construcción para la Educación Básica Alternativa”, por un equipo de especialistas con larga experiencia en educación de adultos y de niños trabajadores, impreso en diciembre de 2005 y, a pesar de su necesidad, divulgado deficientemente, hasta hoy.

He comprobado por contacto directo con docentes y especialistas regionales y locales de la EBA que este documento, precursor de una nueva etapa de críticas y propuestas a la educación, dirigida a poblaciones llamadas vulnerables, no es conocido ni ha sido motivo de una reflexión colectiva que permita la instalación de la Educación Básica Alternativa como una modalidad educativa a los estudiantes y, además, a la educación comunitaria impulsada por organizaciones de la sociedad civil, como referente a seguir.

La falta de discusiones colectivas, de un documento que tiene la intención de establecer un punto de quiebre con lo que se ha venido realizando en la educación de adultos de poblaciones marginales, no ha hecho más que proseguir con la costumbre.

Por eso será que la EBA, después de su nacimiento en medio de la baja calidad educativa creó lógicas expectativas. Sin embargo, ahora solo sobrevive con poco aliento, exangüe y, por esta razón, a pesar de su corta edad, comparte el agotamiento del conjunto del sistema educativo peruano.

Reviso “La otra educación” y trato de subrayar las ideas clave que recogen, con originalidad en la larga vida de la educación de adultos en el Perú, las tendencias actuales de desarrollo educacional, pero sobre la base de la experiencia y conocimiento propio.

Comparo las ideas clave con la realidad, luego de su publicación, con el propósito de preguntarme qué pasó, porqué  y que se debe hacer con la “otra educación”. Hago preguntas:

¿Será que las ideas claves de este documento son idealistas, utópicas, inaplicables? ¿Qué la práctica impulsada por los decisores nacionales tiene mirada corta y desgano acumulado por ignorancia e incompetencia, o qué la educación de las poblaciones marginales  solo son interesadas y ruidosas prioridades políticas con focalizaciones y prioridades excluyentes, con reducidos porcentajes de atención que postergan las soluciones hasta las calendas griegas?

¿Será que el documento no ingresó a las cavidades más íntimas del débil corazón curricular para re-conceptualizar sus estrategias y procedimientos? ¿Qué no se socializó suficientemente en el marco de un amplio proceso de construcción colectiva que involucre, por respeto y necesidad, a docentes y estudiantes de la EBA?

¿Será que la burocracia nacional, que sobrevive asolapada en medio del viejo centralismo y verticalismo del estado peruano, prefiere un presente anclado en el pasado, con solo la intención de cambiar matices pero no raíces?

Es indispensable que los educadores, en su justo derecho y con ganas de progresar y contribuir con el progreso nacional, tengan acceso fácil y puedan reflexionar y discutir “La otra educación”, como un real ejercicio de auto-capacitación, autonomía en la solidaridad. Allí podrán leer, por ejemplo, lo siguiente:

Asumir una visión que toma como centro a las personas concretas (antropocentrismo), enriquecida con la cosmovisión andina y amazónica, implica desarrollar una propuesta educativa y una estrategia de cambios que permitan superar la tradición escolarizada que privilegia (un) tipo de enseñanza que concibe la tarea docente esencialmente como transmisión de contenidos disciplinares y, por ende, los aprendizajes y el desarrollo de los participantes como un subproducto de esa labor.

Los procesos educativos tienen como marco de referencia una realidad diversa que debe ser respetada y desarrollada como parte de nuestras fortalezas como nación. A diferencia de las corrientes homogeneizadoras que pretenden una globalización en la que todos tengamos un solo referente cultural, la interculturalidad promueve la tolerancia como actitud básica para la convivencia de pueblos, naciones y culturas diversas.

Para leer más ir al siguiente enlace:


4 de septiembre de 2014




Desde nosotros mismos

“Hagamos educación alternativa, DESDE NOSOTROS MISMOS”, es el libro presentado el pasado 21 de Agosto, en el Auditorio de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya –UARM-, de Lima. Es un estudio de la situación pedagógica y normativa de docentes de Educación Básica Alternativa –EBA- de Lima y Ayacucho.

A solicitud del Instituto de Políticas Educativas de la  UARM y la ONG Tarea, instituciones comprometidas con la educación liberadora, en particular con la educación de poblaciones marginadas, el estudio se efectúo durante el último trimestre de 2013 y el primer trimestre de 2014, por un equipo constituido por el educador Manuel Cárdenas Muñoz,  el bachiller en filosofía Benjamín Alcarraz Buleje y el que escribe en calidad de investigador principal.

Durante el período mencionado recogimos valiosos testimonios de docentes de CEBA que, en su interés de mejorar la situación pedagógica de la EBA, vienen participando en un diplomado organizado por la Universidad Antonio Ruiz de Montoya. Esta valiosa información sirvió para contrastar la práctica pedagógica actual con la normativa nacional, amén de considerar como referencia al Marco de construcción de la Educación Básica Alternativa, denominada “La otra educación” que propusiera un equipo de especialistas, luego del nacimiento de esta modalidad mediante la ley de educación vigente, que también ha sido considerada como referencia normativa fundamental.

Una de las conclusiones generales del estudio es que esta postergada modalidad educativa mantiene una brecha significativa entre la normativa y las necesidades de los estudiantes y docentes de los CEBA.

El aprendizaje de conocimientos en vez del aprendizaje competencias, es generado por una concepción curricular que, paradójicamente, define competencias a tener en cuenta solo en función de lo que puede ofrecer los contenidos de las áreas curriculares y no en función de los estudiantes, de sus experiencias y saberes, de sus necesidades, intereses y expectativas.

Esta es la razón principal por la cual la ruta de aprendizaje nace en el currículo y termina en la calificación individual, en vez de nacer en la actuación cotidiana de los estudiantes y culminar en el mejoramiento de dicha actuación personal en sus familias, trabajo y ejercicio ciudadano, es decir en su desarrollo integral como persona.

El estudio propone, con carácter de urgencia, renovar la normativa nacional de modo participativo, en armonía con la urgente necesidad de promover la autonomía y la solidaridad de los CEBA, a partir del desarrollo pedagógico como núcleo en la definición de roles de educadores polivalentes y del desarrollo de la institución educativa vinculado al desarrollo local.


El PDF del libro lo pueden obtener si ingresan al siguiente enlace:  http://tarea.org.pe/wp-content/uploads/2014/09/Martinez-Cardenas_HagamosEducaci%C3%B3nAlternativa.pdf

Manuel Martínez Mendoza
Pachacámac, 25 de Agosto de 2014



14 de agosto de 2014


Realidades por regenerar

En medio de las acostumbradas celebraciones de fiestas patrias en calles y plazas, es posible que la mayoría de peruanos estuvieran con ánimos de festejar todo aquello que contribuya a fortalecer las ilusiones y el amor propio en el país.

Una minoría, sin embargo, se encargó de acentuar el ya acentuado y cotidiano ruido político, obligando a ver y escuchar por radio y televisión las alteradas críticas y las temerosas defensas del mensaje presidencial.

Realidad nacional modificada  

De este modo se tuvo, una vez más, la oportunidad ver la sociopatías del poder que, por encima de todo, muestra la intención de obtener ganancias personales y grupales y de preparar el camino para las cercanas elecciones, haciendo de la realidad una realidad modificada por intereses particulares.

Esta forma ruidosa de hacer política en el Perú, por políticos y periodistas -con honrosas excepciones-, nos hizo recordar de malas maneras lo extraño, absurdo y fantástico de la realidad modificada por idénticas sociopatías, narradas de  buena manera y con humor, por los grandes escritores del realismo mágico de la  literatura, sobre algunas la realidades históricas latinoamericanas .

En nuestro caso, la realidad modificada, acomodada o simulada producto de ideologías fundamentalistas supuestamente renovadas, es resultado de la vieja defensa de un statu quo de grandes brechas sociales, que muestra divergencias aparentes en cuestiones dedicadas a cambiar un poco para no cambiar nada.

El mismo ministro de economía se ha dado el tiempo de ir a los medios del cuarto poder para calmar las aguas y explicar que el grueso de las ideas puestas en debate son compartidas, tanto por el oficialismo, como por la oposición.

Las ideas compartidas, que están encarnadas en las conductas de la mayoría de políticos y periodistas actuales, se dirigen a asegurar las inversiones privadas como motores de la inclusión y el desarrollo social, ocultando que en la práctica es de interés -del silencioso poder económico- priorizar un crecimiento económico a costa del desarrollo de la mayoría de la población peruana.

No cabe duda de lo necesario que es el crecimiento económico, siempre y cuando este satisfaga las expectativas nacionales de un desarrollo armónico construido desde el presente, que también beneficie a los que han sido excluidos secularmente. 

Sin embargo, más allá de los discursos, el "crecimiento para la inclusión" se hace para fomentar la ilusión de alcanzar el desarrollo de modo automático. ¿Se acuerdan del chorreo o de “necesitamos las grandes inversiones porque generan empleo”?

En discrepancia se puede decir, como Bunge[1], que es un error costoso no impulsar el desarrollo simultáneo de los diversos aspectos vinculados con la vida de las personas, porque se sacrifica todo en favor del crecimiento independiente de la economía.

Por eso, el desarrollo supeditado al crecimiento económico independiente, llamado también economicismo, resulta ser una versión engañosa del viejo refrán  hoy por mí, mañana por ti.

En realidad, un mañana social, que incluya a todos los peruanos, es un horizonte no previsto o negado por los poderes fácticos que auspician un modelo de vida orientado a satisfacer las demandas de solo una parte pequeña de la población llamada clase alta o sectores A, B y, por uso y abuso, solo como efecto colateral a las llamadas clases media o C y baja o D, E.

A la clase media se le brinda la ilusión del exitismo y meritocratismo de la movilidad social, con un menor costo, previa evaluación a la que no se someten los evaluadores.

A la clase baja, se le muestra estadísticas que intentan demostrar la superación de la pobreza con un ingreso adicional de cien soles y, al mismo tiempo, se informa al pais de lo riesgoso que sería para la caja fiscal el aumento del mal llamado sueldo mínimo vital, porque no existe presupuesto para demasiados trabajadores y, además, porque con tanto trabajador informal en el país, los trabajadores formales son privilegiados.

Además afirman, que no es conveniente inflar el presupuesto de los programas sociales, poniendo como excusa el asistencialismo y el populismo indeseables que forma parte de la práctica de los partidos tradicionales, aun cuando el estímulo a las inversiones que propician tiene grandes dosis de regalismo, en un país de forados del tesoro público y de aumentos de sueldos a la burocracia dorada.

Con este discurso se deja libre al mercado, sin mayores regulaciones o controles, en la búsqueda de consumidores compulsivos y, de otro lado, se deja presa a la inclusión social, e implícitamente al desarrollo social, mediante regulaciones basadas en prioridades y focalizaciones excluyentes.

Es que se tiene mayor preocupación por instalar los candados del statu quo y, a regañadientes, atender a puchos las débiles demandas de la población, desde un aparato de estado cautivo, centralista y patriarcal.

Por eso se discute muy poco sobre el plan de conversión productiva. ¿Para qué? Si los suelos, bosques, mares y ríos permiten producciones abundantes y empleo, sin necesidad de pensar  en las ilusiones de industrialización y producción de manufactura nacional como parte de la construcción de un nuevo tejido de la economía, en el que participen activamente los excluidos, desde lo local.

Igualmente sucede con el incremento del presupuesto de la educación y de cómo invertir útilmente, sin peculados y ampliaciones de las fronteras de la creciente privatización en perjuicio de la educación pública y del derecho de todos a una educación de calidad y no ser tratados como clientes.

Realidad educativa modificada

En el escenario político descrito, el anunciado aumento del presupuesto del sector educación, siendo importante, no es suficiente, más aun, cuando no es posible asegurar el buen uso del dinero de todos -como suele decirse- porque tenemos, según el ministro de economía, una carencia de gestión adecuada del aparato de estado en todos sus niveles.

Es cierto, el burocratismo generado por la naturaleza intrínseca del Estado, resulta ser uno de los obstáculos que hace del discurso una promesa y de los hechos una realidad modificada o simulada mediante estadísticas que asumen lo que hace la burocracia como si fueran prácticas exitosas y, en consecuencia, se utiliza el dinero de todos en celebraciones del día del logro.

Es sabido que muchos pequeños grupos de interés propio viven de la administración del Estado en una situación de comodidad, comprometidos con ellos mismos y, por ello, solo se dedican a hacer cirugías estéticas menores a normas ancianas y a utilizar técnicas importadas y de moda para mantenerse en los puestos, con pegamento.

A esto se suma la existencia de grupos corruptos, integrados por personas de alta escolaridad, que pasan por todos los gobiernos burlando fácilmente todas las barreras de control con estándares internacionales.[2]

En estas condiciones los planteamientos curriculares del siglo pasado, hasta el momento, no logran ser regenerados en beneficio de los estudiantes y del país debido a la intención, siempre presente, de introducir nombres nuevos en el hecho educativo sin cambiar la esencia de la cultura escolar predominante.

En el caso de la Educación Básica Alternativa la realidad es modificada por una oferta que no responde a la demanda al tratar impertinentemente a estudiantes, que en la vida cotidiana trabajan y tienen responsabilidades familiares y comunitarias, como si fueran niños EBR.

Al confundir a la EBA como EBR la intención es remediar el atraso escolar y, absurdamente en la práctica, al tratar de recuperar el tiempo perdido, se tiene como punto de partida de la acción educativa al pesado y complicado currículo nacional –DCBN- y como punto de llegada el rendimiento individual en la asimilación de los contenidos disciplinares del currículo, contradiciendo muchos de los planteamientos de la “Otra Educación, Marco curricular de la construcción de la EBA”, introducidos solo en algunos aspectos de forma deficiente y de modo desarticulado.

El proceso pedagógico representa una oferta educativa pobre para estudiantes de sectores populares, porque se insiste en una educación básica como si tratara de estudiantes de la EBR, sin tener en cuenta el bagaje de experiencias, saberes y múltiples roles de sus estudiantes en la vida cotidiana.

Al respecto cabe recordar el papel fundamental que cumplieron los trabajadores de la de la economía informal, en el período de la hiperinflación, cuando la economía formal decayó al extremo que por sobrevivencia muchas empresas medianas y pequeñas formales pusieron un pie en las calles para vender sus productos.[3]

En función de esta concepción estándar de la educación básica, la EBA mantiene una gradualidad cerrada y rígida porque responde a la lógica de los contenidos disciplinares y hace del proceso pedagógico una simulada versión de la primaria y secundaria, dirigida fundamentalmente, a la educación superior, sin entradas y salidas abiertas y flexibles adecuadas a las característica de los estudiantes de la EBA.

El currículo tiene un número elefantiásico de 819 competencias, denominadas aprendizajes a lograr, sin contar las que corresponden a la formación técnica, a ofrecer por pocos CEBA, teniendo en cuenta el listado de competencias establecidas en el Catálogo Nacional de Títulos y Certificaciones.

Esta fantástica brecha curricular frente a la demanda educativa genera otras brechas como la que existe entre la enseñanza asistencialista predominante y el aprendizaje pasivo de conocimientos y no de competencias; así como, entre la teoría y la práctica, entre los conocimientos formales y los conocimientos de la vida cotidiana, etcétera.

La relación docente-alumnos es en gran parte de carácter presencial, en aulas donde priman los dictados de clases generadas por las costumbres y normas anuales cuyo corazón es un cuadro de horas de áreas curriculares independientes y desalineadas del mundo real, que fomenta un proceso pedagógico basado en el trabajo individual de docentes para el trabajo individual de los estudiantes.

En el mundo de las fantasías las normas actuales prevén tres formas de programación, una de las cuales aparentemente tiene como punto de partida temático la realidad de los estudiantes y, las otras dos, al currículo; sin embargo, las tres formas de programación en esencia son las mismas, basadas en el asistencialismo pedagógico de un currículo donador que mantiene a los estudiantes en una realidad modificada, fuera de sus vidas.

El rígido pensamiento de escuela nocturna tradicional, en el marco del actual intento del MINEDU por realizar cambios curriculares, se mantiene en la concepción de los materiales educativos, “elaborados” recientemente para su distribución nacional, a partir de una llamada “actualización” de los materiales educativos del PAEBA, que fue una fugaz experiencia perdida, en convenio con el gobierno español, realizada en algunos focos pequeños de Lima, hace una década.

El Programa Nacional de Alfabetización, luego del criticado periodo del PRONAMA, fue convertido en un programa regional dirigido al VRAEM y, actualmente está suspendido, por lo que la gestión actual tendrá que dar explicaciones.

De este modo, las grandes brechas sociales se expresan también en brechas educativas en una modalidad educativa que hasta ahora no despega porque, entre otras razones, su estructura y funcionamiento mantiene y reproduce el centralismo atávico colonial y el verticalismo, propios de un burocratismo alejado de la realidad, que no cumple con la ley de educación vigente que establece la autonomía de los CEBA, así como de todas las instituciones educativas.

El funcionamiento basado en una práctica de gestión contraria al diálogo, de no construcción de consenso, de no participación en las decisiones ha creado brechas entre la DIGEBA y los CEBA, entre los sueldos de los funcionarios y los docentes, entre 100 autoridades-especialistas nacionales y más de 200 mil directores, educadores y estudiantes locales.

Toda esta realidad modificada por sus características absurdas propias del poder existente se ha implementado por la falta de resistencia organizada de gran parte de los educadores de la EBA, aun cuando un buen porcentaje de ellos bregan por hacer de su trabajo un quehacer digno para ellos y los estudiantes.

Lo que corresponde en estas situaciones es realizar un proceso de regeneración de estas realidades desde el corazón de los CEBA, implementando un proceso pedagógico reivindicatorio, de naturaleza liberadora y con visión de futuro que dé respuesta a lo absurdo y fantástico de la realidad modificada.

MM, 3 agosto 2014




[1] BUNGE, Mario. Ciencia y desarrollo, 1989, Siglo XXI

[2] “Un 60 % de los casos que debe afrontar el Estado por delitos de corrupción están relacionados a uso de dinero público por parte de funcionarios que, estando encargados de administrarlos, se apropian de ellos o los desvían a terceros; y, a la disposición de dinero público para la adquisición de bienes o servicios que, por parte de funcionarios encargados de ellos, conciertan previamente con determinado proveedor”. Publicado en el artículo El Espiral de la Corrupción en el Perú, de Julio Arvizu, en Argumentos, Revista de análisis y crítica del Instituto de Estudios Peruanos, IEP.


[3] En  El otro sendero, de Hernando de Soto  y otros se hace referencia es este fenómeno social del último gobierno del siglo pasado.

29 de junio de 2014


Aprender es solucionar problemas

En una reunión de café de estudiantes universitarios, conversábamos sobre la intensa vida política nacional del último tercio del siglo xx que nos tocó vivir, cuando nos visitaron dos egresados amigos y nuevos integrantes de la entonces Población Económicamente Activa –PEA-, justo en el momento que reflexionábamos sobre el sentido y práctica de nuestra educación, con las pasiones y dudas que felizmente hasta ahora mantenemos.

Al escuchar nuestro entusiasmo por los modelos ingenieriles agropecuarios de moda en el mundo, a contracorriente, los amigos nos confiaron que en sus “trabajos” tenían que aprender muchas cosas que no habían aprendido en la universidad. “La realidad es otra cosa” afirmaron…”el syllabus es como un limón usado de emolientero que tenemos que exprimir para que algunas gotas nos sirvan en lo que hacemos en el trabajo”, “hay mucha distancia entre lo que se aprende y lo que se hace”, decían.

Nubes de los deseos lejos de realidades

En la actualidad se puede afirmar que el sistema educativo en general sigue padeciendo de lo mismo; de su descontextualización, de su poca vinculación con el entorno físico y las situaciones de vida de la gente.

Sin duda, el problema de la descontextualización del proceso pedagógico es la falta de un “punto de apoyo” –como diría Arquímedes[1]- en las realidades de los estudiantes, más allá de los burocráticos diagnósticos situacionales que tratan de justificar la enseñanza de información de conocimientos disciplinares auto-referenciales.

Ahora mismo la pregunta, que se hace la población universitaria de avanzada, es si se puede producir conocimiento en espacios educativos basados solamente en la transferencia de información, sin hacer investigaciones de las realidades que afectan el desarrollo de estudiantes y de la población en general.

Por cierto, este es un problema complejo que, a su vez, forma parte del problema de descontextualización de las políticas nacionales, de la concentración y centralización del poder, en particular las educativas que, de modo explícito o implícito, postergan la actoría de la población con diferentes argumentos que ocultan el temor a perder las relaciones acostumbradas de procesos educativos con énfasis en la enseñanza y no en el aprendizaje.

En las  modalidades educativas que tienen el encargo de atender a  las poblaciones pobres y más excluidas de sus derechos fundamentales, este problema se agrava porque con procesos pedagógicos de las calidades actuales se mantiene la exclusión en la que viven y, la llamada inclusión educativa de personas, que en su mayoría tienen responsabilidades familiares y cumplen roles que incluyen los laborales y ciudadanos, sigue en una condición de asignatura pendiente.

En el caso de la Educación Básica Alternativa –EBA-, por las características de la población que atiende, con mayor razón su oferta educativa debería estar alineada a la realidad de los estudiantes y de las localidades a las cuales pertenecen.

Sin embargo, con desconcierto, vemos una oferta promovida por la EBA que se caracteriza por una gestión nacional que elige por todos, de modo soberano y por costumbre de stablishment, el para qué, qué y cómo aprender, poniendo los dos ojos en las tendencias mundiales y solo de, de vez en cuando, mirando de reojo lo que ocurre en el diario vivir de los estudiantes, paradójicamente, sin dejar de hablar de la centralidad que estos merecen.

Lamentablemente, la educación básica alternativa es una modalidad educativa nacida en la década anterior del presente siglo, que ha envejecido prematuramente por estar anclada en el siglo pasado con una escuela nocturna que trata a pobres con una educación pobre, en un espacio escolar auto aislado de su propia localidad.

Con este desempeño basado en lo “técnico” del currículo, se expresa el sesgo “académico” de la visión imperante en la construcción de una oferta educativa que produce distancias innecesarias frente a la necesidad de resolver problemas, teniendo en cuenta la cultura, potencialidades, recursos, intereses y expectativas locales.

La realidad específica de los estudiantes en sus dimensiones políticas, económicas, sociales,  históricas y culturales, no ingresa a los CEBA, salvo cuando directores y docentes algunas veces, mediante festivales deportivos, artísticos y sociales, se salen del libreto establecido en la “malla curricular”.

Esta condición de una oferta educativa descontextualizada, con la cual se desperdicia oportunidades de desarrollo, es poco conocida por el país, porque la mirada de la ciudadanía e, incluso, de los expertos en la educación de niños “regulares” está dirigida preferentemente a la educación básica regular que, como sabemos, tiene una población dedicada exclusivamente al estudio, por decisión compartida con las familias.

Dale que dale


La EBA, a pesar de la crisis en la que se encuentra, insiste en propiciar procesos pedagógicos que tienen como puntos de partidas los abundantes temas de las independientes áreas curriculares y como puntos de llegada el disminuido “rendimiento” de lo que se enseña.

Esta es una clara expresión de un proceso pedagógico ensimismado que es producto, entre otros factores, de una cultura centralista político-administrativa en la educación que otorga mayor peso a las normas generales que a la realidades concretas y que, en la actualidad, solo requiere de los estudiantes y docentes solo sus nombres, grados y aulas, para llenar las nóminas y contar con evidencias burocráticas.

Así el aprendizaje, en su mayoría, se ha separado antinaturalmente de su entorno próximo y asume una realidad genérica y monocorde al utilizar con preferencia el estudio de casos típicos, testimonios vicarios de tercer o cuarto orden, ejemplos o suposiciones, mayormente para enseñar información de conocimientos formales como la única ruta de aprendizaje y, con dicha práctica, de manera inconsciente el aprendizaje de competencias se hace prescindible.[2]

No se tiene en cuenta que la enseñanza de “contenidos” desarticulados y en abstracto o general, además de no promover la formación integral, por el contrario, debilita el desarrollo natural e ininterrumpido de los estudiantes en su identidad; los enajena, los expropia, al aprender poco o nada de sus vidas concretas o particulares.

Depende de la dependedura


Esta limitación lamentablemente es reforzada cuando eventualmente las normas, que con honestidad, buenos deseos y empatía social tratan de llevar políticas inclusivas al terreno de los hechos, se elaboran privilegiando propuestas pedagógicas e institucionales producidas con esfuerzo investigativo en otras latitudes, más que con una mirada investigativa y con mayor profundidad de las posibilidades de aplicación en nuestra realidad. 

La lógica de la dependencia en este terreno es que otros investiguen en su propia realidad y luego, los conocimientos alcanzados sean convertidos en políticas de otras latitudes, para luego de importarlos sean aplicados por nosotros, sin ninguna participación, casi como un acto de fe o como un testimonio cultural de sumisión.

Esta situación se consolida aún más cuando se asume, como ocurre con frecuencia, que los problemas son asuntos propios de las matemáticas, con lo que se pierde de vista el valor real de las otras disciplinas de las ciencias y humanidades; pero sobre todo, se ignora el valor del quehacer educativo en la solución de los problemas de la vida de los estudiantes.

Efectivamente, la concepción y práctica curricular  no otorga mayor valor a lo que pasa en las casas, calles y centros laborales de los estudiantes que atiende. Por eso el aprendizaje está circunscrito a los “contenidos” y “rendimientos” académicos, aun cuando no se comprenda o no se tome conciencia y no se aplique lo aprendido en la vida cotidiana.  

Ser, conocer, hacer y convivir resolviendo problemas


Es necesario aclarar que el aprendizaje escolar también resuelve problemas, pero sin deseo explícito. Como parte de esa situación no falta quien diga que se puede aprender sin pensar en resolver problemas, quizá pensando en el goce del espíritu, pero aún en este caso, lo que se aprende en el ámbito de la estética está resolviendo problemas concretos en el marco del desarrollo personal y, con ello, la posibilidad de resolver mejor los problemas del día a día, con el disfrute que eso implica.

El fortalecimiento de las capacidades personales mediante la lógica matemática y el desarrollo verbal que, es lo que preocupa a la escuela de hoy, además de desarrollar la identidad, el ser, desarrolla el pensar y el hacer de modo significativo, siempre y cuando, la primera referencia de la trayectoria de aprendizaje sea la experiencia vital y no la información de conocimientos puntuales. Por eso es imprescindible que en la EBA se tenga una oferta educativa que promueva aprendizajes situados para asegurar transformaciones personales-sociales reales.

Pero además, se debe enfatizar que si las experiencias corresponden a los roles y desempeño de los estudiantes en sus vidas familiares, actividades laborales y vecinales, el aprendizaje situado encontrará el fundamento suficiente como para que los estudiantes motivados por el deseo de logro, por el reconocimiento de su poder  para aprender con autonomía y lazos solidarios, y por el sentido de pertenencia a las experiencias que son objeto de estudio, resuelvan sus problemas sin esperar ingresar, en el futuro, a estudiar en las instituciones de educación superior.

En ese proceso que les propio, los estudiantes decidirán el camino de las soluciones a los problemas y situaciones que elijan como tema de estudio, se reinventarán, ejercitarán sus derechos y satisfacerán las necesidades que la existencia les exige y que el sistema educativo debe apoyar, con criterios verdaderamente inclusivos..

Problemas concretos, soluciones concretas


En conclusión, la participación subordinada de estudiantes que cumplen múltiples roles económicos y sociales en la EBA es el nudo gordiano que debemos cortar sin esperar que llegue un nuevo Alejandro magno.

Para eso hay que alinear el proceso pedagógico a las situaciones de vida real de los estudiantes, seleccionando e integrando los contenidos disciplinares dirigidos a resolver los problemas que cada situación tiene, de modo que en la ruta de aprendizaje cada uno decida y construya progresivamente su proyecto de vida  en armonía con las posibilidades reales, en una perspectiva de construcción de ciudadanía plena.

Las situaciones de vida de cada estudiante encierran un tesoro porque a partir de ellas se tienen el punto de partida para el aprendizaje significativo y porque en dicho aprendizaje se requiere la participación activa de los estudiantes en la trayectoria a seguir, en el auto e inter aprendizaje, acompañado por los docentes.

En las situaciones de vida están reunidas los valiosos insumos de un aprendizaje liberador y transformador: la experiencia de vida, las potencialidades y los recursos a utilizar, junto a las necesidades-problemas, intereses y expectativas de los estudiantes.

Aprender a solucionar problemas, en consecuencia, es una necesidad hasta ahora poco o nada atendida de los especialistas de todos los niveles de gestión, así como de directores y docentes para hacer del proceso educativo una movilización orientada a que los estudiantes aprendan a resolver problemas que afectan su desarrollo, en el marco del ejercicio de sus derechos.

La transformación de los problemas en soluciones posibles mediante el aprendizaje tiene el valor de la gran transformación de la oruga en mariposa en la vida de los estudiantes.

MM
Lima, Junio 2014





[1] Se adjudica a Arquímedes la frase: “Denme un punto de apoyo y moveré la tierra”, con la que trataba de explicar el principio físico de la palanca.
[2] El educador peruano Walter Peñaloza Ramella, en uno de sus últimos artículos periodísticos: “Conocimientos, capacitación para el trabajo, actitudes y vivencias valorativas en educación”, en la década pasada, trató de distinguir el aprendizaje de conocimientos del aprendizaje de competencias escribiendo: “Hasta ahora las diversas teorías del aprendizaje han versado en lo fundamental en torno al aprendizaje de conocimientos. Es hora de ampliar la teoría del aprendizaje y de considerar el aprendizaje del ‘epideuma´, o sea, de las competencias factuales, que únicamente se alcanzan con la ejecución de las acciones respectivas, en la experiencia (esas acciones, llevan tras de sí, es cierto, como apoyo y guía, los conocimientos, y no solo ellos, sino igualmente percepciones, deliberaciones, decisiones, destrezas).” 

14 de abril de 2014


ORGANIZACIÓN
de estudiantes y docentes alternativos

Suele decirse: La vida enseña o la vida es una gran escuela. Este es un modo sencillo, adecuado y humilde de aludir a los aprendizajes que cada uno hacemos de modo inevitable por el hecho de vivir e, igualmente, porque reconocemos la potencialidad genética que tenemos para aprender siempre de la vida, estimulados por circunstancias económicas, políticas, sociales, en suma, culturales.

Aprendemos diariamente con nuestros familiares, compañeros de trabajo y estudio, vecinos y amigos; así como, en la relación con la naturaleza y las cosas. Hasta cuando nos equivocamos aprendemos, individual-colectivamente, en el esfuerzo por alcanzar lo que nos proponemos para vivir en mejores condiciones.

En este complejo aspecto de la vida llamado aprendizaje conviene reflexionar lo que dijo el filósofo español Ortega y Gasset[1] a inicios del siglo pasado: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”. Con esta esencial referencia a la importancia del contexto en el que cada uno vive, tenemos la posibilidad de comprender que el yo individual se va formando con el yo social, en un mundo de vínculos vitales.

Nos organizamos para desarrollarnos

Como parte de las múltiples dimensiones del aprendizaje y de las naturales interacciones humanas, también aprendemos a decidir y organizarnos para hacer y definir roles compartidos en función de nuestros derechos y obligaciones, ordenar nuestros tiempos, aprovechar los recursos de los cuales podemos disponer y relacionarnos con otras personas y organizaciones; todo esto en el mejor de los escenarios posibles y mirando el futuro social con responsabilidad.

Igualmente aprendemos a cambiar las ideas y prácticas de organización cuando consideramos que estas no responden a lo que deseamos vivir y lograr. Como especie humana, a lo largo de la historia, hemos hecho cambios en la forma de organizar la sociedad global y de cada una de sus partes, con el continuo afán de progresar.

Es porque creemos que organizados tenemos mayor capacidad para alcanzar lo que no podemos lograr individualmente, más aun si tratamos de materializar el  ideal compartido de vivir en bienestar y justicia social.

Solo cuando consideramos que la forma de organizarnos no permite lograr lo que deseamos, procedemos a reorganizarnos para mejorar, a veces radicalmente para salir del sopor de la rutina burocrática que funciona como piedra en el camino de nuestras vidas.

Por eso la forma de organizarnos, a la que muchas veces brindamos muy poca atención,  es una cuestión de suma importancia en todas las dimensiones de la existencia de los seres vivos. De tanto tropezar con la misma piedra, los humanos hemos aprendido que la “unión hace la fuerza” y que “juntos podemos todo, separados nada”, aun cuando parece que este aprendizaje nunca es suficiente.

La organización, en sus diversas formas, tiene el valor de crear espacios de encuentro de las personas como seres individuales en los cuales tenemos la oportunidad –muchas veces desperdiciada- de comportarnos como seres sociales, en la posibilidad de construir una convivencia basada en la solidaridad y la cooperación.  En otras palabras, si organizados participáramos en una movilización por el desarrollo, la potencialidad colectiva crecería a la par con la intención transformadora.

Estamos organizados para mantener el statu quo

Sin embargo, igual que en todo sistema social caracterizado por desigualdades, la organización está limitada principalmente a reproducir el statu quo, alimentando una dinámica de “cambio” que no pone en riesgo el modelo de vida que genera brechas sociales.

El sistema educativo, en particular, a pesar de la importancia que se le otorga como motor del desarrollo social,  es un mecanismo eficiente y principalísimo de reproducción de las desigualdades, muchas veces en contradicción con dicha importancia.[2] Para mantener el statu quo, solo basta seguir las costumbres pedagógicas contradiciendo lo que actualmente se entiende por igualdad, justicia, democracia y, últimamente, inclusión social, cultura de paz, convivencia social.

En efecto, gran parte de la práctica educativa camina con un discurso prestado que va por un lado y un proceso pedagógico que va por otro, a veces en paralelo y sin encuentros, solo apaciguando las incoherencias mediante promesas e ilusiones de los que hablan desde el púlpito de las jerarquías en ocasiones y celebraciones especiales.

La organización del sistema educativo actual –hay que decirlo sin miedo-, genera beneficios reducidos que no alcanza para una formación integral y liberadora que logre superar el individualismo-caudillismo-concentración de poder-centralismo en todas las instancias de gestión y con ello, la superficialidad, el desperdicio, la celebración del logro irrelevante, la argolla, el secretismo, la desconfianza, la deslealtad, la corrupción en todas sus formas.

En este ambiente cultural en el que prima la conservación sobre la transformación de lo caduco, la tradicional organización curricular de asignaturas independientes y prescriptivas, el cuadro de horas, el énfasis en la enseñanza a estudiantes promedios y abstractos, la evaluación individual, el aislamiento de instituciones educativas frente a sus contextos, entre otras manifestaciones, nos brinda suficientes ejemplos de una organización educativa caracterizada por un movimiento vegetativo, dedicada a reforzar las relaciones de poder, con la ilusión de lograr solo la movilidad social de un porcentaje mínimo de estudiantes animados por una cultura individualista y de rivalidades, de exitismo y de mejores consumidores.

En el caso específico de los Centros de Educación Básica Alternativa –CEBA-, a pesar de los adelantos académicos en el mundo y de la existencia de un número impreciso de educadores que se esfuerzan por cambiar las cosas mediante el encuentro fructífero entre la vida escolar y la vida de los estudiantes, todavía predomina el autismo de la escuela-monasterio, como si las cosas no necesitasen cambiar. Un arreglo suelto por aquí, otro por allá, en el marco estrecho de la gestión nacional de la Educación Básica Alternativa, mantiene a los CEBA practicando el aprendizaje de conocimientos y no de competencias.

Todo acto de mejoramiento está determinado por la preocupación central de mantener el modelo de vida y, por consiguiente, las desigualdades. En la cultura escolarizada todavía se cree que el aprendizaje cotidiano no tiene nada que ver con el aprendizaje “académico” y, en el mejor de los casos, se piensa que más se enseña en la escuela que en la vida cotidiana. No podemos aceptar con facilidad que aprendemos de la vida cotidiana y las diversas realidades en las que esta se desenvuelve, a pesar que vida y realidad son libros abiertos de todos los tamaños, formas y colores, en los que leemos y aprendemos siempre, cada uno, en sus propias circunstancias y en convivencia con otros.

Nos debemos organizar para convivir forjando libertad y autodesarrollo

La convivencia entre las personas siendo deseable en todos los espacios de vida, es un asunto difícil de conseguir si se tiene una perspectiva de justicia y bienestar para todos, sin segregaciones. Sabemos que entre manos existe la necesidad de reparar los evidentes desequilibrios de la exclusión social, violencia estructural y corrupción e impunidad, generadas principalmente desde los centros de poder económico y político que por defender sus intereses asumen, en la práctica, la defensa de las desigualdades utilizando argumentos “técnicos” separando a los ciudadanos como ganadores y perdedores, una corriente “civilizatoria” brutal.

Para materializar nuevas formas de convivencia orientadas a cambiar es imprescindible construir un proceso de desarrollo orientado a equilibrar lo desequilibrado. No es posible cambiar desde la quietud propia, salvo que desde fuera y de modo imperativo, en situaciones no deseables, se espera que cambien la vida de las personas.

La historia nos ha demostrado que una colectividad, pequeña o grande, cuando se moviliza con intención transformadora crea un espacio de encuentros, satisfacciones, ilusiones y, también, de desencuentros, insatisfacciones y frustraciones, que nos permite aprender mejor y a mayor velocidad.

En ese proceso, la organización juega un papel importante, más aún si genera relaciones interpersonales y condiciones diferentes. Una organización, cuando se construye en democracia y participación plena en la toma de decisiones, crea un ambiente de diálogo y confianza y, sobre esa base, es posible contar con encuentros saludables y proyecciones con sentido, que irán mejorando día a día.

De este modo, la construcción de futuro puede dejar de ser una vana ilusión, porque en vez de esperar su cristalización, todo debe comenzar desde hoy mediante un proceso de desarrollo educativo-social que se estime por su sinceridad y coherencia.

Sin embargo, organizar la organización requiere un esfuerzo que no todos están dispuestos a asumir, porque es un proceso que muchas veces resulta doloroso en la medida que nos reclama salir de las zonas oscuras del miedo individual que nos hace egoístas, “territoriales”, y nos mantiene anclados en costumbres deleznables, en los bunkers propios, aun cuando “sabemos” que la organización en la que "participamos" no nos ayuda a resolver los problemas que tenemos entre manos.

En medio de todo está el miedo, que siendo un valor en la lucha por la vida, cuando es incontrolado debido a nuestras actitudes antisociales de no saber convivir en armonía, es una pesada carga que nos paraliza y nos lleva a justificar lo injustificable. Es pan de cada día en sociedades desequilibradas como la nuestra que las personas instaladas en el poder de las instituciones consideren que sus decisiones individuales o de pequeños grupos son decisiones institucionales. Basta ver el paupérrimo número de decisiones de los ciudadanos frente al estratosférico número de las decisiones que jefes y gerentes de la burocracia toman diariamente sobre aspectos que afectan a muchas personas. En estas condiciones y relaciones de poder, nos hemos acostumbrados a la procastinación,  a la postergación a la espera que sanjuán baje el dedo, a quedarnos con las pequeñas bondades con las cuales sobrevivimos.

Así sucede, en diversos grados, en las familias, centros laborales, comunidades; en la vida económica, política, social; en las escuelas, colegios, institutos, universidades, es decir, en las instituciones educativas.

Esto es fácilmente comprobable en nuestras prácticas pedagógicas, por ejemplo, sabemos que la enseñanza preferentemente “cognitiva” cierra las puertas al aprendizaje integral y pertinente, sin embargo seguimos con lo mismo. Es ¿miedo?, ¿sumisión?, ¿conformismo?, ¿incomprensión? o ¿todo a la vez?

El CEBA es, por cierto, una institución educativa y, como tal, es una organización especialmente dedicada al aprendizaje. Su organización fue ideada recogiendo tardíamente la manera de organizar a las instituciones educativas en el pasado y, salvo algunas adecuaciones, es la misma que alberga una forma de educación que no logra resultados importantes.

La organización del CEBA solo mantiene en un paradójico confort en la dejadez, sin proyectos pensados, sentidos y valorados por nosotros mismos, sin procesos pedagógicos alineados a la vida de los estudiantes, sin climas laborales saludables, sin salarios dignos, sin locales de referencia de libre disponibilidad, sin recursos adecuados y suficientes, todo esto en parte, por las limitaciones de normas dirigidas a mantener el statu quo.

Quizá seguimos así, en la misma situación, porque ganamos un sueldo insuficiente pero lo aceptamos porque nos mantiene a flote; porque en el proceso pedagógico logramos algunas gratificaciones, porque tenemos amigos con los cuales podemos intercambiar experiencias, información y consuelos; porque “la esperanza es lo último que se pierde”.

La organización del CEBA y, específicamente, del proceso pedagógico tiene una utilidad limitada y obstaculiza toda intención de cambio. La organización establecida no promueve el trabajo en equipo, la investigación, la visión del aprendizaje como fenómeno social de carácter multi-factorial, la construcción colectiva en los procesos pedagógicos e institucionales, el sentido de pertenencia a la comunidad. En suma, no construye hacedores, actores de los cambios personales y sociales.

Nos organizamos para aprender de nuestras realidades concretas

Necesitamos, con urgencia, pensar una organización diferente que nos permita mejorar como educadores y estudiantes, como personas que desean Estar-Bien en el CEBA y en la sociedad.

A lo largo de las entradas de este blog se ha venido planteando con insistencia que el proceso pedagógico debe tener como punto de partida las situaciones de vida de los estudiantes, como objeto de estudio principal. Desde ese punto de apoyo y de partida el desarrollo tendrá un punto de llegada eventual que será el imaginado, desde el comienzo y sin tutela, por los estudiantes y educadores alternativos. Entre el punto de partida y de llegada del proceso pedagógico e institucional necesitamos una organización diferente a la que actualmente existe.

Se requiere un nuevo tejido educativo que permita interacciones fundamentales que aseguren aprendizajes fundamentales. Es imprescindible pensar en una organización que ponga en marcha, desde el inicio, prácticas nuevas y alineadas a cumplir con los fines de la educación que hasta ahora no salen del discurso.

Es imprescindible que los estudiantes y educadores se desempeñen con autonomía, cooperación y en equipo a lo largo de todo el proceso de aprendizaje; que los estudiantes, acompañados por los educadores, construyan su trayectoria de aprendizaje como el sustento principal de su trayectoria de vida personal y social; que los estudiantes y educadores dispongan, por iniciativa propia y con apoyo de las diversas formas de organización de la colectividad utilicen diversos espacios y recursos propios para aprender y aplicar lo que se aprende; …etcéteras.

Para esto es necesario poner una mirada más atenta a la organización de estudiantes y educadores en la programación, ejecución y evaluación, de modo tal que se logre encarnar los conceptos dinámicos sobre actoría de estudiantes y educadores en el aprendizaje, ejercicio de derechos, convivencia social, gobernabilidad basada en la participación ciudadana,  educación como fenómeno social transformador y emancipador; así como todos los otros conceptos “apropiados” por la educación que aún se mantienen congelados.




[1] Ortega y Gasset, Meditaciones de Don Quijote, 1914
[2] El historiador peruano Antonio Zapata, en una presentación de YouTube afirma “El estado es una de las claves de la perpetuación de la desigualdad”