28 de febrero de 2021

Aprender juntos a pensar


 Aprender juntos a pensar

más y mejor en la vida cotidiana

Un anhelo sincero y compartido por muchos ciudadanos, principalmente educadores, es construir juntos un país con una educación que mejore la capacidad de pensar.

Para mejorar como personas y país

Si tomamos conciencia de la situación actual de la educación y del Perú sentiremos más la necesidad de pensar mejor para resolver, como individuos sociales o ciudadanos los problemas económicos, políticos y sociales que nos afligen.

A modo de ejemplo de lo que debemos superar podemos señalar la forma de pensar y de actuar de la obsoleta “clase política” que, luego de pasar por la educación escolar, administra los poderes de las instituciones del Estado guiada por intereses egoístas e insertados en la histórica y antisocial corrupción nacional.

Es lamentable que este mismo comportamiento se produzca también en todos los niveles y estratos de la población, facilitado por la forma de organización y funcionamiento de una sociedad peruana en la que pocos se benefician en perjuicio de muchos en su formación y en sus condiciones de vida.

Esta situación coloca a cada peruano en el disparadero de una movilidad social individualista y salvaje, que alientan las rivalidades y codicias que explican la costumbre de meterse en la fila frente a cualquier tipo de oportunidades.

La ciudadanía es aún un personaje anémico que solo podrá alcanzar mejoría en una perspectiva de toma de conciencia y transformaciones basadas en la movilización de ella misma.

Responder con urgencia sería lo más adecuado frente al contexto de crisis generalizada y a la convencional práctica escolar que, en la mayoría de los casos, predetermina con normas lo que cada estudiante debe aprender, como aprender, de donde aprender; aislando o circunscribiendo el acto de pensar en focos temáticos desarticulados unos de otros y descontextualizados de la vida cotidiana en la que debemos ser activos sujetos de aprendizaje.  

No hay duda que el sistema escolar está construido para tener ocupados a los estudiantes  en lo que queremos que hagan. Es una práctica que responde a una visión patriarcal y doctrinaria de fe, que paradójicamente poco tiene de ciencia, pues la información que se brinda a los estudiantes generalmente es tratada como una verdad absoluta y muchas veces desactualizada.

Obedecer es la consigna en el insuficiente aprendizaje desvinculado de la vida cotidiana y más aún desvinculado de la necesidad de construir un futuro de bienestar y justicia, con apego a los derechos humanos y ciudadanos.

Por eso viene a pelo el recuerdo de una de las críticas frases célebres de Freire: “Lucho por una educación que nos enseñe a pensar y no por una educación que nos enseñe a obedecer”. Necesitamos pensar cada vez mejor para conocer, sentir, hacer, convivir, etc.;  lo que supone pensar de modo integral, en un reflexionar y filosofar para saber aprender y vivir mejor.

Tengamos en cuenta que “para saber lo que somos y qué podemos ser necesitamos pensar. La reflexión conduce al saber, que es el dominio conceptual acerca de las proposiciones de verdad sobre la existencia humana, los problemas de sus relaciones, y de cómo se ha organizado para que la razón y los valores gobiernen nuestra vida personal y social”, afirma Juan Andrés Cardozo[1]

Debemos renovar la enseñanza y el aprendizaje

Para aprender más y mejor debemos renovar la enseñanza y el aprendizaje. En esa perspectiva enseñar y aprender a pensar implica una transformación radical de las prácticas actuales mediante el desarrollo del pensamiento crítico y complejo frente a una realidad compleja en la que tenemos que enfrentarnos a la vida cotidiana de modo razonado y lógico, en la búsqueda de alternativas.  

En esas condiciones el aprendizaje nos permitirá resolver mejor los problemas contenidos en las vivencias o situaciones de vida de los estudiantes, dentro las escuelas y en los múltiples espacios de las comunidades.

La toma de conciencia del poder de las transformaciones mediante el aprendizaje brinda fundamento y sentido a la educación, pues nos exige que los aprendizajes nos deben llevar a pensar en la consecuencia de nuestros actos frente a los acontecimientos de la vida cotidiana. Así podemos comprender los hechos con moralidad y definirnos mejor en términos concretos de quienes somos, qué hacemos y que queremos aprender en todos los aspectos y espacios de la vida presente.

Tengamos en cuenta que las prácticas educativas, en la que no se hace un reconocimiento cabal de las características de los estudiantes, trata a todos ellos como si fueran  piezas industriales en serie y se les enseña a pensar enfocados en temas disciplinares desconectados, por lo que aprenden a pensar de modo restringido y homogéneo, con desapego y abandono de su cultura propia. 

En cambio la educación centrada en estudiantes culturalmente heterogéneos, como debe ser el aprendizaje por competencias, necesita que la enseñanza tenga en cuenta las experiencias y saberes de los estudiantes en su vida cotidiana para convertirlos en proyectos de aprendizaje; además, de tener en cuenta la velocidad y la forma de aprender de los estudiantes, con la autonomía con la que han aprendido en sus múltiples vivencias y realidades.

El aprendizaje del pensar, efectivamente, demanda una trayectoria pedagógica renovada que tenga como base y objeto de estudio  las experiencias de vida de los estudiantes, de modo tal que profundizando la reflexión sobre las vivencias se consolide un saber que constituye el “capital inicial” de los estudiantes. Este es el fundamento a partir del cual se debe aprender más y mejor de la información científica y humanística encaminada formalmente a resolver problemas y transformar la vida cotidiana de los mismos.

La enseñanza, en dichas condiciones, abre una más amplia posibilidad de fomentar en los estudiantes el auto fomento de la duda, curiosidad, creatividad e  iniciativa, “sin llevarlo de la mano” y, con ello, la autonomía proactiva, en la mejor disposición de hacer preguntas y de reflexionar de manera continua cada una de sus vivencias, tanto en su contexto cercano como en el distante.

El pensamiento crítico produce así conocimientos y saberes propios con mayor claridad, precisión, relevancia, profundidad y amplitud. Igualmente, su producción es integrada y global y, por tanto, más importante y lógica, como suele ser todo aprendizaje realizado en una praxis  de teorización de la práctica de las experiencias vitales en el día a día.

Enseñar y aprender a pensar puede alcanzar a ser un proceso pedagógico regular y ordenado en la construcción de proyectos integrados, con problemas identificados y en una trayectoria de  soluciones que se consideren necesarias para transformar progresivamente las condiciones de vida propia y de la sociedad peruana.

Se trata entonces de aprender cada vez más a pensar mejor las situaciones de vida cotidiana o, dicho de de otra manera, desde su contexto más íntimo, que afecta positiva o negativamente nuestro desempeño. Se hace indispensable que los estudiantes resuelvan problemas de la vida familiar y ciudadana, en nuestros roles económicos, políticos, sociales y culturales es la ruta pedagógica que debería marcar el aprendizaje.

En suma, pensar mejor es aprender mirando el árbol como parte del bosque; es vincular la facultad de conocer para saber con todas las facultades humanas; es construir identidad y autonomía personal y cultural como protagonistas de una vivencialidad pensando con cabeza propia; es establecer lazos permanentes entre la teoría y la práctica; es aprender de modo cooperativo y democrático; es relacionar el contexto íntimo, cercano o próximo con el contexto mayor más social y mundano que le permita elevar su sentido de pertenencia como ciudadano local y del mundo, al mismo tiempo.

Pensar mejor nos permite salir del inmediatismo, de la opiniones subjetivas, prejuicios, de emociones inestables, de creencias limitantes; igualmente, nos permite salir del pragmatismo a secas y tener mejor disposición para conectar lo que hacemos hoy con lo que queremos ser en el futuro.

Pensar más y mejor hace transcendente el aprendizaje escolar encerrado y abre las puertas hacia una meta liberadora más amplia de justicia y bienestar social. Aprendemos como ciudadanos vinculados a la dinámica social, sin subterfugios.

De allí que el aprender a pensar cada vez mejor puede ser comprendido en un proceso de construcción de futuro individual y social, de ciudadano y comunidad.

En esa necesidad y pensando que el pensar debe formar parte de un proceso mayúsculo de expectativas sociales, su desarrollo está atado a la construcción de un nuevo Perú.

Para aprender a pensar en una sociedad que se transforma

Para aprender más y mejor debemos renovar la enseñanza y el aprendizaje, para aprender a pensar en una sociedad que se transforma. El Consejo Nacional de Educación cumpliendo con su papel orientador ha dicho: “necesitamos impulsar cambios más profundos que contribuyan a superar las brechas de aprendizaje y estructurales de nuestra sociedad”…”La visión de la educación para una ciudadanía plena está siendo contradicha constantemente por el comportamiento de autoridades que separan el ejercicio profesional y el de la política, de la ética y la moral…”[2]

La trascendencia del aprendizaje del pensar bien y mejor mediante una pedagogía renovadora requiere una mirada larga de construcción colectiva de una:

·   Educación independiente y soberana que supere la dependencia nacional posicionando experiencias propias como base para un desarrollo intercultural dialogado, para una mejor educación.

·      Método científico aplicado mediante el aprendizaje autónomo, que tenga como principal objeto de estudio la vida en transformación permanente y a los estudiantes como los principales sujetos de estudio y transformación de la realidad, a partir de lo que ya saben de sus propias vivencias.

·       Ciudadanía activa que exija permanentemente una educación para la vida y desde la vida, con calidad creciente para todos y a lo largo de la vida. Aprender a educarse como personas es también aprender a ser cuidadano, que duda cabe.

La coyuntura de la pandemia nos hace ver la realidad cruda y nos exige la reconstrucción de la educación y del país.

 

Manuel Medardo Martínez Mendoza

Pachacamac, 27 febrero 2021

Imagen Google” ICHI PRO , Getty, “necesitamos los hábitos de una mente libre para pensar en esta crisis, juntos



[1] La distinción entre el saber y el conocimiento, 21 Agosto 2010, Ultima hora, de Juan Andrés Cardozo, filósofo y docente universitario paraguayo

 

[2] “Superar la crisis y avanzar hacia una ciudadanía plena”, Consejo Nacional de Educación, Lima 22 de Febrero de 2021