15 de abril de 2024


Ciudadanía

El poder es nuestro


Los de arriba y los de abajo

 Pensar la actual realidad política nacional es preocuparse por el sentido y la práctica de los gobernantes, así como también por los roles de la  ciudadanía. La existencia de los de arriba y los de abajo, reflejan con nitidez los efectos de una estructura vertical del Estado y de sus instituciones, donde los de arriba se atribuyen ser voceros de una democracia profundamente desigual.

 La política tradicional, de los de arriba, mantiene un discurso de promesas y de una práctica constante de no cumplir con lo prometido. En momentos pre electorales ofrecen solucionar todos los problemas nacionales. Luego del sufragio, esas promesas se hacen humo y polución, la vida continúa como siempre, con grupos que asumen el poder y se adueñan de un Estado para actuar en sus propios beneficios y, por  tal motivo, marginar a los pueblos, expresando así su naturaleza clasista, que tratan de negar de mil formas.

 Las instituciones emiten normativas y proyectos desarticuladas, sin interés en poner énfasis en el cierre de las brechas sociales. La preocupación central es el crecimiento económico para pocos, en desmedro del desarrollo humano y territorial de la ciudadanía. El gasto oficial se amplia al destinar fondos para la propaganda populista, de corto plazo, dirigida a exaltar lo que hacen las autoridades en cada periodo de gobierno. Pero las decisiones transcendentales que requiere el cambio social son postergadas, dejando de lado a una gran parte de la población sin la debida atención.  

 Lo cierto es que las mayores necesidades y reclamos de los movimientos sociales, incluso de los debilitados sindicatos con sus pliegos de reclamos que aluden a reivindicaciones sectoriales, cuentan muy poco en el discurso de la minoría dirigente, que gestiona las políticas públicas, a su gusto.

Es lamentable que, hasta ahora, el país padezca de una permanente situación de despreocupación social, que viene impactando en la ciudadanía, ahora  dividida y desarticulada, en su mayoría sin sueños propios y sin el ejercicio de derechos y de roles que le corresponden.

La actual casta política, asume como una piedra en el zapato toda movilización ciudadana y, en respuesta, sus actos  más comunes son populistas, clientelistas, asistencialistas y represivos. Es de esta forma, que tratan de mantener controlado y sumiso el quehacer social, utilizando prácticas antisociales de negociación, donde el eje transversal o columna vertebral, es el ejercicio desenfadado de la corrupción,

Por una ciudadanía activa y consciente

Los de abajo, debemos reconocer que aún no tenemos suficiente conciencia del potencial de nuestro poder. Hablar de ciudadanía activa o consciente sigue siendo una aspiración, a pesar que en teoría jurídica somos el poder constituyente; es decir, la mayor fuerza sociopolítica, económica y cultural de nuestro país. Como poder constituyente,  somos los que elegimos a los integrantes de los poderes constituidos, ejecutivo y legislativo, por tal razón, debemos encargarnos, en lo cotidiano, que las expectativas nuestras se cumplan.

 Frente a las demandas integrales de la actualidad, tenemos que mejorar nuestra forma de pensar el futuro y nuestras trayectorias a seguir, con autonomía suficiente y en ejercicio de nuestros derechos y deberes.

 Necesitamos construir una ciudadanía consciente, plena o completa, que participe en una verdadera organización integradora y democrática, capaz de movilizarse en la construcción de una sociedad cada vez más igualitaria y equitativa, en cumplimiento de sus roles de regeneración social para constituir comunidades que aprendan permanentemente, desde la reflexión y análisis de sus realidades a las cuales pertenecen.

La descentralización y desconcentración del poder, por tanto, debe ir acompañada por procesos endógenos de aprendizajes autónomos, complejos  y críticos, con visión de desarrollo humano y territorial, que permita mejores posibilidades de cambios importantes para toda la ciudadanía, incluyendo la extinción de los grupos de poder político que no representan los intereses nacionales.

La movilización social de una ciudadanía activa le dará un sentido más humano a la movilidad social o individual, que hoy es de puro individualismo.

 Para eso, debemos preguntarnos ¿Cómo poner la cabeza en su sitio? ¿Cómo lograr desarrollar la conciencia ciudadana?.  ¿Cómo actuar promoviendo transformaciones personales y cambios sociales, en función de idearios construidos democráticamente?

 Movilización del aprendizaje para la movilización ciudadana

Es necesario que nosotros los ciudadanos educadores promovamos, desde abajo. la movilización por el aprendizaje, como fundamento de la movilización ciudadana o social.

Es decir, movilizar el aprendizaje como motor de la movilización de la  ciudadanía consciente es asegurar que los saberes se apliquen en la construcción de un futuro de bienestar y justicia para todos. Este esquema de movilización, permite asumir roles colectivos y proponer alternativas de solución a los problemas de la vida cotidiana,  de modo organizado y participativo, desde cada individuo social.

Dos líneas de acción posibles

 Una ciudadanía educadora, permitirá: 1).  Promover, desde cada lugar, la movilización por el aprendizaje; y 2). Vincular la educación escolar con la educación comunitaria.

 Lo que significa articular, la gestión pedagógica con la gestión institucional, para crear una nueva cultura educativa como parte del quehacer cotidiano de la ciudadanía y de los pueblos.

 La gran tarea, es iniciar un proceso de construcción de nuevas modalidades de educación formal, flexibles y contextualizadas en la vida cotidiana y de permanente ejercicio de igualdad y equidad social, en el acto de aprender.

 1.    La movilización del aprendizaje debe darse en un  proceso de mejoramiento continuo de la calidad y cobertura educativa, ubicando la fuente de aprendizaje en la vida cotidiana y sus problemas. Aprender a resolver los problemas de la vida es basar la autonomía en lo colectivo o comunitario, desde lo individual, con el objetivo de reaprender nuestros propios saberes y, a continuación, ampliar y profundizar lo que ya sabemos, con nuevos aprendizajes metódicos, complejos y críticos.

 2.    El aprendizaje liberador no debe ser una tarea exclusiva del sistema escolar, al cual se le atribuye en exceso ser el sistema educativo peruano, pues anualmente atiende a menos de un tercio de ciudadanos, principalmente, niños y jóvenes. Por ello, la educación escolar formal y la no formal como es la educación comunitaria, deben ser parte de un proceso de regeneración del sistema educativo peruano al servicio de niños, jóvenes y adultos, a lo largo de la vida, en todos los territorios locales y espacios de aprendizaje.

 La educación comunitaria, históricamente excluida, debe ser reconocida por sus actos. En cada lugar existen instituciones públicas y privadas que ofrecen educación, de manera dispersa y tematizada sobre todo a ciudadanos adultos, en diversos espacios de la comunidad, incluyendo de modo eventual a las escuelas de cada lugar.

Esta tarea debemos impulsarla como una gran movilización ciudadana de  educadores conscientes y activos, para reafirmarnos como individuos sociales y no únicamente como individuos que, paradójicamente, mantenemos el status quo.

 

Manuel Medardo Martínez Mendoza

Pachacámac, Abril de 2024

Imagen Google: Emociones, movilización y política -LAOMS

NOTA: Agradecimiento a Susy Marchand por sus valiosos aportes

 

    

28 de febrero de 2021

Aprender juntos a pensar


 Aprender juntos a pensar

más y mejor en la vida cotidiana

Un anhelo sincero y compartido por muchos ciudadanos, principalmente educadores, es construir juntos un país con una educación que mejore la capacidad de pensar.

Para mejorar como personas y país

Si tomamos conciencia de la situación actual de la educación y del Perú sentiremos más la necesidad de pensar mejor para resolver, como individuos sociales o ciudadanos los problemas económicos, políticos y sociales que nos afligen.

A modo de ejemplo de lo que debemos superar podemos señalar la forma de pensar y de actuar de la obsoleta “clase política” que, luego de pasar por la educación escolar, administra los poderes de las instituciones del Estado guiada por intereses egoístas e insertados en la histórica y antisocial corrupción nacional.

Es lamentable que este mismo comportamiento se produzca también en todos los niveles y estratos de la población, facilitado por la forma de organización y funcionamiento de una sociedad peruana en la que pocos se benefician en perjuicio de muchos en su formación y en sus condiciones de vida.

Esta situación coloca a cada peruano en el disparadero de una movilidad social individualista y salvaje, que alientan las rivalidades y codicias que explican la costumbre de meterse en la fila frente a cualquier tipo de oportunidades.

La ciudadanía es aún un personaje anémico que solo podrá alcanzar mejoría en una perspectiva de toma de conciencia y transformaciones basadas en la movilización de ella misma.

Responder con urgencia sería lo más adecuado frente al contexto de crisis generalizada y a la convencional práctica escolar que, en la mayoría de los casos, predetermina con normas lo que cada estudiante debe aprender, como aprender, de donde aprender; aislando o circunscribiendo el acto de pensar en focos temáticos desarticulados unos de otros y descontextualizados de la vida cotidiana en la que debemos ser activos sujetos de aprendizaje.  

No hay duda que el sistema escolar está construido para tener ocupados a los estudiantes  en lo que queremos que hagan. Es una práctica que responde a una visión patriarcal y doctrinaria de fe, que paradójicamente poco tiene de ciencia, pues la información que se brinda a los estudiantes generalmente es tratada como una verdad absoluta y muchas veces desactualizada.

Obedecer es la consigna en el insuficiente aprendizaje desvinculado de la vida cotidiana y más aún desvinculado de la necesidad de construir un futuro de bienestar y justicia, con apego a los derechos humanos y ciudadanos.

Por eso viene a pelo el recuerdo de una de las críticas frases célebres de Freire: “Lucho por una educación que nos enseñe a pensar y no por una educación que nos enseñe a obedecer”. Necesitamos pensar cada vez mejor para conocer, sentir, hacer, convivir, etc.;  lo que supone pensar de modo integral, en un reflexionar y filosofar para saber aprender y vivir mejor.

Tengamos en cuenta que “para saber lo que somos y qué podemos ser necesitamos pensar. La reflexión conduce al saber, que es el dominio conceptual acerca de las proposiciones de verdad sobre la existencia humana, los problemas de sus relaciones, y de cómo se ha organizado para que la razón y los valores gobiernen nuestra vida personal y social”, afirma Juan Andrés Cardozo[1]

Debemos renovar la enseñanza y el aprendizaje

Para aprender más y mejor debemos renovar la enseñanza y el aprendizaje. En esa perspectiva enseñar y aprender a pensar implica una transformación radical de las prácticas actuales mediante el desarrollo del pensamiento crítico y complejo frente a una realidad compleja en la que tenemos que enfrentarnos a la vida cotidiana de modo razonado y lógico, en la búsqueda de alternativas.  

En esas condiciones el aprendizaje nos permitirá resolver mejor los problemas contenidos en las vivencias o situaciones de vida de los estudiantes, dentro las escuelas y en los múltiples espacios de las comunidades.

La toma de conciencia del poder de las transformaciones mediante el aprendizaje brinda fundamento y sentido a la educación, pues nos exige que los aprendizajes nos deben llevar a pensar en la consecuencia de nuestros actos frente a los acontecimientos de la vida cotidiana. Así podemos comprender los hechos con moralidad y definirnos mejor en términos concretos de quienes somos, qué hacemos y que queremos aprender en todos los aspectos y espacios de la vida presente.

Tengamos en cuenta que las prácticas educativas, en la que no se hace un reconocimiento cabal de las características de los estudiantes, trata a todos ellos como si fueran  piezas industriales en serie y se les enseña a pensar enfocados en temas disciplinares desconectados, por lo que aprenden a pensar de modo restringido y homogéneo, con desapego y abandono de su cultura propia. 

En cambio la educación centrada en estudiantes culturalmente heterogéneos, como debe ser el aprendizaje por competencias, necesita que la enseñanza tenga en cuenta las experiencias y saberes de los estudiantes en su vida cotidiana para convertirlos en proyectos de aprendizaje; además, de tener en cuenta la velocidad y la forma de aprender de los estudiantes, con la autonomía con la que han aprendido en sus múltiples vivencias y realidades.

El aprendizaje del pensar, efectivamente, demanda una trayectoria pedagógica renovada que tenga como base y objeto de estudio  las experiencias de vida de los estudiantes, de modo tal que profundizando la reflexión sobre las vivencias se consolide un saber que constituye el “capital inicial” de los estudiantes. Este es el fundamento a partir del cual se debe aprender más y mejor de la información científica y humanística encaminada formalmente a resolver problemas y transformar la vida cotidiana de los mismos.

La enseñanza, en dichas condiciones, abre una más amplia posibilidad de fomentar en los estudiantes el auto fomento de la duda, curiosidad, creatividad e  iniciativa, “sin llevarlo de la mano” y, con ello, la autonomía proactiva, en la mejor disposición de hacer preguntas y de reflexionar de manera continua cada una de sus vivencias, tanto en su contexto cercano como en el distante.

El pensamiento crítico produce así conocimientos y saberes propios con mayor claridad, precisión, relevancia, profundidad y amplitud. Igualmente, su producción es integrada y global y, por tanto, más importante y lógica, como suele ser todo aprendizaje realizado en una praxis  de teorización de la práctica de las experiencias vitales en el día a día.

Enseñar y aprender a pensar puede alcanzar a ser un proceso pedagógico regular y ordenado en la construcción de proyectos integrados, con problemas identificados y en una trayectoria de  soluciones que se consideren necesarias para transformar progresivamente las condiciones de vida propia y de la sociedad peruana.

Se trata entonces de aprender cada vez más a pensar mejor las situaciones de vida cotidiana o, dicho de de otra manera, desde su contexto más íntimo, que afecta positiva o negativamente nuestro desempeño. Se hace indispensable que los estudiantes resuelvan problemas de la vida familiar y ciudadana, en nuestros roles económicos, políticos, sociales y culturales es la ruta pedagógica que debería marcar el aprendizaje.

En suma, pensar mejor es aprender mirando el árbol como parte del bosque; es vincular la facultad de conocer para saber con todas las facultades humanas; es construir identidad y autonomía personal y cultural como protagonistas de una vivencialidad pensando con cabeza propia; es establecer lazos permanentes entre la teoría y la práctica; es aprender de modo cooperativo y democrático; es relacionar el contexto íntimo, cercano o próximo con el contexto mayor más social y mundano que le permita elevar su sentido de pertenencia como ciudadano local y del mundo, al mismo tiempo.

Pensar mejor nos permite salir del inmediatismo, de la opiniones subjetivas, prejuicios, de emociones inestables, de creencias limitantes; igualmente, nos permite salir del pragmatismo a secas y tener mejor disposición para conectar lo que hacemos hoy con lo que queremos ser en el futuro.

Pensar más y mejor hace transcendente el aprendizaje escolar encerrado y abre las puertas hacia una meta liberadora más amplia de justicia y bienestar social. Aprendemos como ciudadanos vinculados a la dinámica social, sin subterfugios.

De allí que el aprender a pensar cada vez mejor puede ser comprendido en un proceso de construcción de futuro individual y social, de ciudadano y comunidad.

En esa necesidad y pensando que el pensar debe formar parte de un proceso mayúsculo de expectativas sociales, su desarrollo está atado a la construcción de un nuevo Perú.

Para aprender a pensar en una sociedad que se transforma

Para aprender más y mejor debemos renovar la enseñanza y el aprendizaje, para aprender a pensar en una sociedad que se transforma. El Consejo Nacional de Educación cumpliendo con su papel orientador ha dicho: “necesitamos impulsar cambios más profundos que contribuyan a superar las brechas de aprendizaje y estructurales de nuestra sociedad”…”La visión de la educación para una ciudadanía plena está siendo contradicha constantemente por el comportamiento de autoridades que separan el ejercicio profesional y el de la política, de la ética y la moral…”[2]

La trascendencia del aprendizaje del pensar bien y mejor mediante una pedagogía renovadora requiere una mirada larga de construcción colectiva de una:

·   Educación independiente y soberana que supere la dependencia nacional posicionando experiencias propias como base para un desarrollo intercultural dialogado, para una mejor educación.

·      Método científico aplicado mediante el aprendizaje autónomo, que tenga como principal objeto de estudio la vida en transformación permanente y a los estudiantes como los principales sujetos de estudio y transformación de la realidad, a partir de lo que ya saben de sus propias vivencias.

·       Ciudadanía activa que exija permanentemente una educación para la vida y desde la vida, con calidad creciente para todos y a lo largo de la vida. Aprender a educarse como personas es también aprender a ser cuidadano, que duda cabe.

La coyuntura de la pandemia nos hace ver la realidad cruda y nos exige la reconstrucción de la educación y del país.

 

Manuel Medardo Martínez Mendoza

Pachacamac, 27 febrero 2021

Imagen Google” ICHI PRO , Getty, “necesitamos los hábitos de una mente libre para pensar en esta crisis, juntos



[1] La distinción entre el saber y el conocimiento, 21 Agosto 2010, Ultima hora, de Juan Andrés Cardozo, filósofo y docente universitario paraguayo

 

[2] “Superar la crisis y avanzar hacia una ciudadanía plena”, Consejo Nacional de Educación, Lima 22 de Febrero de 2021

 

27 de enero de 2021


 

VÍNCULOS Y RELACIONES SALUDABLES

Para una nueva educación

 

La organización y el funcionamiento del Perú, como muchos reconocen, ha sido desnudada por la pandemia al  mostrarnos una cruda realidad que en muchos aspectos nos perjudica. Sin embargo, por costumbre, como ciudadanos de una vieja normalidad, no queremos ver el pulso de la violencia producida por el tipo de sociedad y, por eso, siempre buscamos salidas a los problemas poniendo paños tibios. 

El daño del virus nos ha permitido ver con mayor nitidez la necesidad urgente de regenerar las viejas y débiles estructuras que soportan la vida política, sanitaria, educativa, judicial, económica, etc. en una práctica de desorden y corrupción como características de un Estado y sociedad en crisis.

Como ha dicho hace poco la historiadora Carmen Evoy "El Perú es un desorden controlado por momentos".  Las desigualdades e inequidades sociales forman parte del desorden estructural que se expresa en una dinámica social de violencia constante que, en muy pocos momentos de la historia, ha sido aplacada con progresos parciales producidos por presión de las demandas populares.

No existe capacidad del poder predominante actual para pensar en la construcción de una sociedad adecuadamente organizada en beneficio de todos. Incluso, el lento progreso que pueden estimular está limitado por los intereses de pocos, sobre todo, cuando los cambios que se producen permiten el ejercicio de los derechos ciudadanos.

Por lo tanto, nuestra condición de educadores y, al mismo tiempo, de ciudadanos nos exige acentuar el avance por cuenta propia construyendo identidad, autoestima y autonomía en el quehacer educativo y social, de cara a una realidad que es defendida con uñas y dientes por poderes de pocos. 

La cultura de la política conformista del “mientras tanto”, del “voto por el mal menor” o del “que robe pero que haga obra” deben quedar proscritos del vocabulario y la práctica ciudadana pensando en un futuro de vida digna, pero actuando desde hoy con dignidad y coherencia.

En cada lugar de vida ciudadana, en el territorio más cercano, la reflexión y acción ciudadana puede ser construida colectivamente, en cooperación desde lo individual, Necesitamos una educación comunitaria, como un primer nivel de atención del sistema educativo, que unifique la esperanza y aleje la desesperanza y el conformismo, que articule lo desarticulado, que vincule lo que nunca ha debido estar separado por el juego de intereses mezquinos del poder.

El enriquecimiento de las interacciones sociales mediante vínculos y relaciones saludables impulsará el enriquecimiento de la educación y, con ello, el enriquecimiento de la gestión económica, política y social comunitarios.

En el trayecto y tomando conciencia de la pertenencia local y de la indispensable labor ciudadana podemos vincular el sistema escolar con el contexto local, regional, nacional y mundial en favor de la organización de un verdadero sistema educativo ciudadano comunitario, en todos los territorios del Perú. Así la formalidad de las escuelas podrá nutrirse de un aprendizaje abierto a las experiencias vitales de cada uno, con la flexibilidad que exige una heterogénea cultura y condiciones de existencia, en aplicación de los vínculos del aprendizaje con el método científico llevado a la praxis, como núcleo central de la regeneración educativa e institucional.

La escuela puede vincularse con otras escuelas del lugar para sumar esfuerzos y actuar juntos desde la identificación de las necesidades, intereses y expectativas de los ciudadanos y organizar sus propuestas de aprendizaje como procesos pedagógicos democráticos y liberadores. Igualmente las escuelas, de manera protagónica, pueden juntarse con los municipios y demás instituciones del Estado local y las organizaciones civiles para vincular el desarrollo humano sostenible con el desarrollo local, hacia una nueva modernidad en la que como ciudadanos vamos decidiendo por cuenta propia nuestra vida cotidiana y las características de las estructuras políticas, económicas, jurídicas, educativas, que deseamos.

El esfuerzo es grande, sobre todo porque estamos acostumbrados a la vieja modernidad y nos cuesta salir de ella. Sin embargo, debemos tomar conciencia del papel que debemos jugar como ciudadanos que se empoderan con los aprendizajes de competencias pertinentes y significativas en nuestra condición de individuos sociales.

La opción que nos corresponde es asumir los retos de una nueva educación o seguir como depositarios de promesas que, como siempre, se las lleva el viento y nos desilusiona.

 

Manuel Medardo Martínez Mendoza

Pachacámac 2021

Imagen Google: Alteco.com

 

 

 

28 de noviembre de 2020

Educación y Politica

 


Educación y política

La Nueva Normalidad se ha convertido en parte del lenguaje de 2020. Sobre todo en las esferas políticas, debido a que la crisis sanitaria nos obliga a cambiar ideas, actos y creencias para superar, como sociedad, los desafíos que nos plantea una naturaleza agobiada por la depredación y la carencia de convivencia en una sociedad precarizada por el poder de unos sobre muchos.

Pero, del lenguaje a los hechos hay un trecho largo que debemos recorrer como sociedad, poniendo  cada  persona lo suyo, en reemplazo de la predominancia del individualismo y egoísmo acostumbrado en la vida política cotidiana y reconociendo la condición de seres sociales y, por tanto, de ciudadanos con derechos que implican deberes. Se trata, entonces, de construir una nueva convivencia social.

El periodista español Rafael Fernández de Castro hace poco comentó que "El primer cambio geopolítico es mental e individual, es saber y aceptar que los milagros no nos devolverán un mundo que ya no existe y que el que hay que construir es uno sobre valores, como son sociedades libres y fuertes".

Comparto dicha opinión, sobre todo porque alude a cambios profundos que implican superar el actual estado de cosas en las que unos se benefician y otros, la mayoría, vive bajo la subordinación de los beneficios enajenados y no compartidos. Al ser profundos los cambios a los cuales podemos aspirar, la amplitud de ellos nos involucra en todos los aspectos de la vida, considerando que lo que se haga en hogares, centros laborales y comunidades, en sus diferentes modos y costumbres, influirá en el presente. En un presente que exige que lo que se quiere lograr en el futuro se practique desde hoy.

El COVID 19, mal que nos pese, ha creado, para bien, un escenario en el que todos los quehaceres humanos deben ser reconocidos como vivencias vinculadas. Es el caso, por ejemplo, de los vínculos entre la educación y la política en una relación de ida y vuelta, tanto en problemas y soluciones que debemos enfrentar como desafíos urgentes.

En salud, los protocolos dirigidos a evitar mayores contagios supone el inicio de una nueva normalidad. Deben seguir los cambios de estructuras sanitarias mediante la construcción de un sentido humano, democrático y solidario con atención oportuna y de calidad de todos los peruanos y, a partir de dicho sentido, deben acentuarse los cambios institucionales dirigidos a satisfacer las necesidades y demandas de prevención y curación de todos los peruanos.

Para que ese fenómeno social ocurra es urgente el cambio del quehacer político y la forma de tomar decisiones. La pandemia nos ha brindado la oportunidad de desnudar la acción de la clase política de los partidos, del aparato de estado y de organizaciones gremiales de las elites académicas. La representación legal ha mostrado ser una representación ilegitima de la clase política nacional y, por eso, la ciudadanía en pleno, principalmente, los jóvenes del bicentenario, se movilizaron para solucionar los problemas creados por los viejos y caducos partidos.

Esta es una lección que debemos aprender como sociedad. La acción ciudadana debe pasar a tener una mayor influencia: Los políticos malogrados por la ambición del poder, han convertido a sus partidos en maquinarías obsoletas, con malas costumbres. El derrotero posible es basar la reconstrucción del pais sobre la base de la organización, participación y movilización ciudadana. Es un nuevo trípode de poder que debe ser considerado como foco esencial de un  planteamiento revisado de desarrollo humano y de acción ciudadana desde sus lugares de pertenencia territorial y comunitaria que, contradice el centralismo y la concentración de poder del actual estado.

Igualmente en el caso de la educación los cambios efectuados por la visita inesperada de la pandemia nos ha llevado a implementar, por sobrevivencia, la educación a distancia. Construir socialmente una nueva normalidad supone superar las ideas primarias vinculadas a desvalorar el año lectivo 2020 como una pérdida y, subsecuentemente, valorar la reimplantación de la educación presencial y recuperar, según dicen, el tiempo perdido.

En educación las instituciones educativas, en cada lugar, son los  encargados de ofrecer los servicios a los cuales la ciudadanía tiene derechos en el ejercicio de aprender a lo largo de toda la vida. El derrotero siguiente, con miras a un cambio real de la institucionalidad y gestión pedagógica, tiene que ver con la autonomía de las IE, así como con una normativa abierta y flexible con enfoque intercultural, que promueva cambios e innovaciones en la gestión de las instituciones educativas a partir de los cambios en la gestión pedagógica.

Además, sería conveniente precisar que los vínculos que son necesarios construir socialmente pasan por articular formas de atención semipresencial, una veces presencial u otras a distancia, de modo compatible y en consonancia con las lecciones aprendidas por docentes y familias involucradas en la educación a distancia del 2020.

La articulación también pasa por articular con solidez, los aprendizajes conceptuales, procedimentales y actitudinales. Igual sucede con la reconciliación de la educación formal e informal, sobre la base de la apertura y flexibilidad de la educación no formal.

El cambio debe incluir todos los aspectos, incluyendo cerrar la brecha que existe entre la importancia real y protagónica de los docentes en la formación de nuevas generaciones como motor potencial de  desarrollo humano y societal, y los ingresos dignos que les corresponden frente a tamaña responsabilidad, que lamentablemente la política tradicional dejó de ofrecer en beneficios de todos.

 

Manuel Martinez Mendoza

Pachacámac, noviembre 2020

Imágenes Google: aterosario.org.ar

 


1 de octubre de 2020

El mejoramiento de la calidad existe en nosotros


 

El mejoramiento de la calidad existe en nosotros

 

La calidad existe en nosotros de igual forma como existe el aire, el sol, la sonrisa de los niños. Y no solo existe ahora, sino que ha existido siempre como un elemento consustancial a nuestro deseo de progreso y de humanización.

El problema es que todavía no tenemos muy presente, en el día a día, mejorar la calidad de nuestro diario consumo y producción y, por consiguiente, desarrollar nuestra conciencia social, como parte importante de nuestra cultura. No existe como un componente cultural masivo, constante y dinámico. La calidad no es aún una herramienta en el aprendizaje para el cambio y construcción de justicia y bienestar social.

Por eso, cuando vemos los mantos de Paracas, las arquitecturas pre-incas y, en general toda la obra humana de otros tiempos, también debemos ver la calidad expresada en el diseño, en los insumos, en el sentimiento particular de los hacedores de mejores modos de vida, en la satisfacción de los que utilizaron tan portentosas obras.

Del mismo modo, ahora cuando un profesor prepara su intervención como mediador entre los estudiante y el objeto de estudio en sus sesiones de aprendizaje dentro y fuera de la escuela; prepara sus materiales educativos, busca fuentes de información que faciliten el aprendizaje, hace de la interacción con ellos un espacio agradable y, con ternura suficiente, logra que la clase sea un encuentro deseable entre personas que construyen en cooperación nuevos conocimientos para utilizarlos en la vida diaria, también podemos decir que allí está la calidad presente, recreándose.

Pero lo que sucede con mayor frecuencia de la que se sospecha es que nuestra valoración de lo propio es insuficiente y estamos acostumbrados a creer que lo bueno siempre viene de fuera a llenar nuestras carencias. Algunos pensadores asignan esta actitud a la dependencia y enajenación social. Por eso, la persona considerada culta, el técnico o experto en alguna materia, para ser tal, tiene que haber leído lo último de la literatura especializada o haber navegado, sin barco, por los confines del mundo en busca de la piedra filosofal que nos aproxime a la vida ansiada. Esa visión de las cosas también existe como una piedra pesada, sobre todo cuando vemos la corrupción como el contrasentido del aprendizaje, pero en vez de apreciar lo que nos llega como lo  mejor, lo moderno, lo globalizado, lo paradigmático, lo inevitable, debemos enjuiciarla severamente porque hasta el momento solo nos ha servido para cambiar un poco sin cambiar nada y hacer de la calidad una vulgar mercancía y una herramienta de poder de unos sobre otros.

Aún no somos conscientes de lo que tenemos y de lo que podemos ser, porque otros leen por nosotros  y, en vez de priorizar la lectura de nuestra realidad, preferimos la lectura de lo escrito por  buenas personas que no conocemos y que nos ofrecen sus puntos de vista, que negamos en la práctica, con el pedestre estilo de copiarlo y repetirlo como una muletilla o un dije de oro que hemos comprado en la joyería distante de nuestras casas y de nuestras vidas.

Debemos re-mirar nuestra realidad más cercana para reconocernos y ser conscientes de que la calidad existe en la vida cotidiana, con diferentes niveles y formas de expresarse que van más allá de lo tangible y que incluyendo la belleza, el sentido ético y la postulación hacia la trascendencia humana, escapa a todo intento de medición con los llamados estándares internacionales de calidad que nos ofrece un mundo de “excelencia”, sin tocar para nada las llagas de la sociedad en la que viven la mayoría de personas, sobre todo en los países del tercer mundo en los cuales sus gobernantes aspiran a ser “competitivos” y lograr que el mercado ajeno nos abra las puertas y nos dé un puestecito ambulatorio aunque sea en uno de los pasadizos.

El ansia por el mejoramiento continuo de la calidad, sin duda, debe ser una bandera propia que, en el zafacasa hecho por una minka social, logre que el mueble de José el carpintero sea disfrutado por familias que vivan en condiciones sociales de bienestar; que el aprendizaje de todos, dentro y fuera de la escuela sea consciente de que la calidad podrá mejorarse al máximo en el marco de la calidad que debe poseer una sociedad en permanente búsqueda de la felicidad.

Si la calidad existe, entonces, el camino dedicado a ella debe servir para apreciarla y mejorarla cada día, en cada lugar. Es necesario universalizarnos a partir de nuestra particularidad cultural y condiciones de vida y no al revés como sucede cuando asumimos la calidad que nos llega como mercancía importada, con arancel cero.

 

Manuel Martínez Mendoza

Diciembre 2003

 Imágenes Google: Uwe Carlson, Tejido Paracas

21 de septiembre de 2020

 


"Enseñar nos es transferir conocimiento sino crear las posibilidades para su propia producción o construcción" Paulo Freire

Freire Vive

Cuando nos interesa leer la realidad para transformarla en ejercicio de la libertad

Cuando deseamos una vida mejor sin mecanismos de opresión visibles e invisibles

Cuando tenemos sueños y  esperanzas en todo  o en poco de lo que hacemos desde la virtud

Cuando más allá de la teoría de moda somos  individuos sociales en todos los instantes del Alepf de Borges.

Cuando juntos aprendemos a sumar y multiplicar las semillas, estamos  logrando que Freire viva.

No porque hayamos leído algo de Freire y subrayado con devoción sus ideas escritas o la virtud de su coherencia

Sino porque somos la evidencia de la construcción del pensamiento de Freire de cara a nosotros y pensando en un futuro mejor para todos,  con humildad, sin cleros ni liturgias.

En cada situación de nuestras vidas estamos, todos juntos, compartiendo con Freire un mismo pensamiento, una misma manera de hacer, una misma posición frente a la realidad que nos obliga día a día a ser más consciente de una sociedad inconclusa que requiere el esfuerzo necesario de todos nosotros, auto-reconocidos como los oprimidos del país, en una trayectoria propia de liberación.

Es por eso que Freire  vive en nuestros recuerdos y, mejor aún, en nuestras proyecciones de humanización.

 

Manuel Medardo Martínez Mendoza

Pachacámac, 19 de Setiembre 2020

Imágenes Google: twitter.com


11 de septiembre de 2020


  

Inflamación política y vacancia en el aprendizaje

Estaba a punto de publicar un artículo dedicado a relacionar mejor la teoría con la práctica del aprendizaje, pero las circunstancias actuales de la vida política nacional nos exigen a los educadores-ciudadanos tomar una posición al respecto para situar el problema del país que, se quiera o no, afecta a la educación.

Desde hace tiempo, décadas o centenas de años, la política y la economía han caminado juntas en un ejercicio normal y aceptado de la corrupción en una sociedad desequilibrada como la nuestra, con ideas como “que robe, pero que haga obra”.

Las instituciones nacionales de un Estado que, por su naturaleza defiende privilegios y acepta a regañadientes las luchas y victorias ocasionales de las reivindicaciones populares,  están comprometidas en la corrupción por la presencia de “topos”  de organizaciones criminales y de sobornos  a funcionarios burócratas a  los cuales se aceitan las manos con los “diezmos”.

El gobierno actual y la participación activa de organizaciones de la sociedad civil, produjeron un importante punto de inflexión  en una lucha contra la corrupción y eso ha traído cola que siguen perjudicándonos como ciudadanos.

En los momentos de ascenso de la lucha contra la corrupción, la ciudadanía mediante movilizaciones y referéndum tomó posición frente a  grupos empresariales  y partidos políticos que, en su afán de asegurar niveles y mecanismos de corrupción, han minado las bases del poder  político, judicial, electoral y, en general, de la institucionalidad del Estado.

Con el referéndum se hizo visible el cuerpo social a favor y en contra de los cambios. La población se partió en dos. La mayoría de ciudadanos apoyó y sigue apoyando la lucha contra la corrupción, muchas veces con angustia por demoras de la tramitología burocrática y por la presencia implacable de la pandemia C19. Han sido importantes  las movilizaciones polares  y el referéndum dirigido a formalizar las reformas política y judicial.

Otros ciudadanos y partidos políticos, en minoría,  viendo  afectados sus intereses y sus creencias,  han venido realizando un sostenido socavamiento de la acción del gobierno, en los temas que hemos hecho referencia, con el afán de volver a la vieja normalidad  de un país carcomido por la corrupción y el nefasto individualismo que predomina en el quehacer ciudadano con perfiles contrarios a los que siempre se mencionan en los perfiles del egresado de los estudiantes del sistema escolar.

Ahora, el golpe al presidente ha sido lo más efectivo que han logrado sus oponentes y se plantea la vacancia de este por  incapacidad mental, teniendo como instrumento al congreso y específicamente a los partidos y congresistas que se han sentido afectados en sus mezquinos  intereses. Los congresistas que han apoyado la lucha contra la corrupción vienen señalando que se le abra investigación al presidente y después de su retiro de la presidencia se produzca el trámite necesario sobre la denuncia.

La relación específica del problema político actual con el desempeño de las instituciones educativas nacionales  es de difícil pronostico. No solo porque la práctica tradicional del aprendizaje no es sensible al cambio y a la construcción de un nuevo sentido de la dinámica educativa prevista por el mejoramiento continuo de la calidad educativa, sino por los resultados de una educación que pone en evidencia el comportamiento de la clase política actual.

Por eso es  que en medio de esta doble crisis, de la pandemia y de la situación política nacional,  nos podemos dar cuenta que muchos de los ciudadanos del país defienden la moralidad social que han aprendido en sus casas, en la comunidad y, por supuesto, en las escuelas. Pero, al mismo tiempo, también podemos observar el comportamiento zigzagueante de algunos políticos y organizaciones partidarias, que son manejados tras bambalinas por  diversos intereses, principalmente, económicos.

Pensando  en el aprendizaje de calidad, como un proceso de mejoramiento continuo, nos preguntamos  en qué medida  la inestabilidad social constante en el Perú se debe a que la educación de generaciones de peruanos no ha logrado formar ciudadanos que propicien la igualdad con equidad, relaciones democráticas, ejercicio pleno de los derechos humanos y construcción de una sociedad con bienestar y justicia para todos.

En lo específico, si las materias de estudio, por descontextualizadas y desvinculadas, promueven el conocimiento necesario referido a la dinámica de la sociedad peruana. Por ejemplo, si la lógica matemática han  permitido generar pensamiento complejo y crítico dirigido a mejorar nuestro desempeño como personas y ciudadanos; si la comunicación nos ha permitido tener un lenguaje asertivo, en favor de una convivencia civilizada con punto de vista disímiles; si las materias referidas a la socialización han permitido cohesionar al país en función de un proyecto común basado en la el respeto a la diversidad cultural, etc.

Sin duda, lograr nuevos desempeños de personas y ciudadanos es y será una construcción social difícil y compleja si no cambiamos la práctica educativa y sus normativas para responder de modo directo a la demanda de desarrollo del estudiantado nacional.

Se requiere un sistema escolar peruano más fuerte y amplio que dé respuesta integral, sin vacancia en el tratamiento de los problemas nacionales que afectan a la ciudadanía utilizando el asistencialismo pedagógico y el buen deseo de llevarlo hacia un futuro que los mismos estudiantes, sin participación significativa como sujetos del aprendizaje, no han pensado ni decidido.

Manuel M. Martínez Mendoza

Pachacámac, 11 de Setiembre 2020

Imágenes Google: es.dreamstime.com  Fondo del caos