En
homenaje a los 45 años de la publicación de “Pedagogía del oprimido” de Paulo
Freire, recientemente, se realizó un conversatorio en la universidad de
Harvard, que en buena hora tuvo a Noam Chomsky como panelista.
A
este evento asistió María Antonieta Alva Luperti, estudiante peruana de
maestría de la Escuela de Gobierno que, motivada por el intercambio de ideas,
escribió luego un interesante artículo titulado “Vasijas felices”, que
recomiendo su lectura[1].
Ella,
casi como una confesión, nos dice: “Cuando
terminó la conferencia me quedé con la sensación de que los oprimidos también
estudiamos en los “mejores” colegios y universidades del país. Vale la pena
preguntarse entonces qué quiere decir Freire cuando se refiere a oprimido”.
En
efecto, sería bueno leer críticamente la “Pedagogía del oprimido” con afán de
desarrollar nuestra conciencia sobre la importancia de las relaciones de poder
en la educación y en la sociedad, aún a sabiendas que la sola mención de
oprimido (y opresor) resultan incómodas a personas que consideran que la
enseñanza es neutra o que se cuidan porque hablar así es "politicamente inconveniente" para sus intereses personales.
Sería
bueno también leer a otros pensadores, como Michael Foucault que analiza el
poder como un fenómeno cultural que nos involucra a todos como personas e
instituciones, sin excepción. A propósito, en la educación de adultos: ¿El
currículo actual propone aprendizajes sobre las relaciones de poder?