20 de julio de 2015

Desatar el poder que ata

Los discursos oficiales, más por costumbre que por convicción, suelen afirmar que el aprendizaje es el centro y razón de ser del quehacer educativo. Sin embargo, en los hechos, la organización económica-política-social se expresa tecnocráticamente en normas y prácticas educativas que, en general, contradicen el discurso produciendo resultados insatisfactorios.

La poca importancia que se brinda al aprendizaje es producto de la importancia que se otorga al poder centralizado en pocos y de la poca importancia que se brinda a los estudiantes y sus desarrollos.

En esas condiciones no basta declarar las preocupaciones que se tiene, mientras se hace mucho más por mantener la escasa valoración de los estudiantes mediante la imposición de una ruta de vida escolar estándar, sin considerar sus necesidades, intereses y expectativas personales y sociales.

Por supuesto que es este es un asunto derivado de las relaciones de poder que no solo aqueja al Perú y Latinoamérica. Es  un persistente problema globalizado por el cual Philippe Perrenoud, opina que:

Aunque uno se preocupe de la «formación del espíritu», prevalece la idea de que basta con tener una relación intensa y fundamental con los saberes y los textos. (…) la escuela nunca ha pretendido querer otra cosa (…) porque las rutinas didácticas y pedagógicas, las divisiones disciplinarias, la segmentación de los cursos, el peso de la evaluación y de la selección, las restricciones de la organización escolar, la necesidad de hacer del trabajo del profesor y del alumno una rutina han conducido a pedagogías y didácticas que, a veces, casi no contribuyen a crear competencias, o solamente a crear aquellas necesarias para pasar los exámenes...[1]

La práctica pedagógica, del Perú dependiente, no está dirigida al desarrollo integral de los estudiantes porque en la mayoría de casos se concentra en una rígida enseñanza de la información de conocimientos disciplinares; y, porque le interesa muy poco el ejercicio pleno de los derechos que tienen como personas y como miembros activos de la sociedad. Todo está prescrito para moldear ciudadanos y estudiantes estándares. Es el dominio de la oferta sobre la demanda educativa.

En consecuencia, los niveles de logros del aprendizaje siempre caminan muy por debajo de las expectativas nacionales. Las condiciones creadas por el sistema educativo en las instituciones educativas no facilitan el poder aprender.

Todo intento de innovación parcial o sesgada, por más interesante que parezca, solo ha servido para sortear los obstáculos de los momentos políticos pero no para superarlos históricamente.

Cualquier proceso de reforma significativa es visto con sospecha. El sistema tradicional al advertir sus riesgos produce anticuerpos y reajusta las políticas educativas, bajo el pobre argumento de recuperar el tiempo perdido. Así sucedió con la reforma educativa del 72, con las reformas escolares últimas y seguirá sucediendo si el quehacer político no cambia por nuestra propia acción ciudadana.

Por esto es indispensable liberarse de las ilusiones ajenas y reconocer que las limitaciones del sistema educativo forman parte de una sociedad basada en el elitismo y la exclusión social que camina de tumbo en tumbo.

El modelo escolar guarda correspondencia con el modelo ideo-político-económico, lo cual explica por qué se aspira a lograr una educación dirigida a construir una modernidad al servicio del mercado y, en consecuencia, socialmente excluyente.

Esta es, lamentablemente, una modernidad edificada por una cultura que ha encarnado una herencia colonial que se expresa en el paternalismo del estado, el centralismo político administrativo, en la concentración del poder en pocas manos, en una gran cantidad de gente al margen de las decisiones y en las escalas más bajas de las brechas sociales.

Como señalan diversos estudiosos la colonización ha calado tan hondo que la cultura predominante todavía sigue existiendo en nuestras cabezas como si fuésemos una colonia, pero que paradójicamente padecemos del movimiento pendular entre el actuar unas veces como colonizadores y otras como colonizados, según nuestra ubicación en las diversas esferas de relaciones de poder.

Al respecto, de una reciente lectura he recogido un párrafo de Damián Pachón Soto:

A los  americanos les fue borrada su cultura y de esta manera fueron colonizados intelectualmente. El colonialismo intelectual enseña a despreciar lo propio y crea, como correlato, el fetichismo del colonizador y su cultura. Esto es lo que las teorías decoloniales llaman colonialidad del saber, la que aún pervive, por ejemplo, en la creencia de que la única filosofía es la europea.”[2]

De acuerdo, la naturaleza del currículo centrismo es generado por una cultura colonial del saber al basar la enseñanza en los contenidos preestablecidos y prescritos de las asignaturas. Conviene sí aclarar que los contenidos disciplinares en vez de rechazo merecen ser mejor tratados, de modo significativo, si nos preocupamos en utilizarlos integrados en el aprendizaje situado en realidades concretas de los estudiantes.

Más aun cuando en la actualidad la vieja colonización es refrescada por nuevas colonizaciones, a los cuales se ha referido el Papa Francisco en su discurso realizado en Bolivia, con motivo del encuentro de movimientos sociales que él auspició en Roma.

En efecto, la colonización bajo la forma de ayudas militares, de “lucha” contra el narcotráfico y la corrupción, así como, de globalización de la información a través de medios de información interesada alienta la conservación del contexto económico-político-social para conservar la cultura escolar actual.

Por eso es que hasta ahora vivimos tiempos en los cuales, contra viento y marea, tenemos que reconocer que la educación no es un espacio de vida neutro; por el contrario, es uno de los espacios en el que se manifiestan relaciones de poder  en condiciones de desigualdad, a manera de reflejo y retroalimentación de lo que sucede en el conjunto de la sociedad.

La educación es un territorio en disputa en una sociedad en disputa entre los que definen las políticas y los que se resisten a ella de manera consciente. Desde hace años, con distintas posiciones ideológicas, los teóricos del poder nos han venido informando de sus importantes reflexiones acerca de la antigua costumbre de asumir que los poderes políticos y económicos le son propios a élites que, de manera transitoria o duradera, se turnan para hacerse cargo de las instituciones del Estado.

Por esta razón las actuales relaciones de poder expresan los prejuicios dirigidos a no reconocer a plenitud el valor de la condición humana y los derechos de todas las personas.

Para esta mirada conservadora el poder es ajeno a la gente común debido a que se considera que esta no tiene la capacidad de comprender los amplios y profundos argumentos políticos y económicos, así como los específicos argumentos técnico-educacionales, por lo que solo se le asigna la posibilidad de acatar normas inadecuadas de modo pasivo.

Las élites política-económicas tienen en sus manos las megas trayectorias de la sociedad en su conjunto y, en nuestro caso, la élite de funcionarios de la educación tiene el encargo de conservar y alimentar el modelo escolar vigente en el marco establecido por las trayectorias del modelo económico predominante. No es casual que al poder establecido le convenga tener como ministro de educación a un economista antes que a un educador.

Pero también sabemos que el poder que ata no existe solo. Uno de los teóricos del poder es Foucault que señala la existencia en la sociedad de múltiples y abundantes  relaciones de poder  que se apoyan o cuestionan unas a otras en la dinámica social. Los educadores y estudiantes somos parte de las relaciones en las que por un  lado se encuentra el poder que ata y por otro lado el poder maniatado.

Para desplegar el Poder de Aprender los educadores y estudiantes tenemos que desatar el poder que ata el aprendizaje y la enseñanza, el valor de la unidad de las ciencias y humanidades, las experiencias y saberes propios, el desarrollo personal y ciudadano en base a la acción integral, pertinente y sostenible a partir del ejercicio de la autonomía y solidaridad, etcétera.

Manuel Medardo Martínez Mendoza
Pachacamac, Julio 2015

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[1] PERRENOUD, Philippe, Construir competencias desde la escuela, J.C.Sáez Editor, reimpreso en Santiago de Chile, 2008, por Comunicaciones y Ediciones Noreste Ltda.
[2] Escrito en “Las teorías decoloniales de América Latina”,  de Le Monde diplomatique, Edición Colombia de Junio 2015

6 de julio de 2015


Muchas felicidades por el Día del Maestro

A toda la colectividad de maestros peruanos, mujeres y varones, luchadores por la dignidad del quehacer educativo y ciudadano; unidos por la responsabilidad de educar estudiantes con el objetivo de lograr que ellos mismos gobiernen su educación y sus vidas, liberados de una enseñanza que reduce el aprendizaje a la “apropiación” de información de las asignaturas.

Julio 6 de 2015