24 de mayo de 2016


EL PODER PROPIO
En la transformación de la educación

A los educadores de jóvenes y adultos excluidos,
En su esfuerzo por  desatar el Poder que ata en  escuelas y comunidades.

1.   El poder mira un solo lado

Las anheladas grandes transformaciones sociales del presente tienen que ver con el limitado estado actual de la democracia y los niveles de igualdad, justicia y libertad de los ciudadanos en todas las esferas de la vida. De allí que, frente a la existencia de brechas sociales, es una necesidad histórica abrir paso a múltiples propuestas de transformaciones, pensando con esperanza en un futuro con bienestar para todos.

La transición será lenta y difícil, por la presencia de intereses en conflicto. Recordemos que fue un gran parto el nacimiento de la democracia en la Grecia esclavista, con mucho costo social. Desde aquellos antiguos tiempos esta forma de organización política del Estado, poco a poco extendida por el mundo, ha venido superándose cotidianamente hacia el progreso social;  con mayor intensidad en los momentos de radicales cambios de modelos socio-económicos pre capitalistas que no pudieron ajustarse a las crecientes demandas de los pueblos marginados.

En ese horizonte de desarrollo de la democracia, aún estamos a medio camino porque el actual modelo capitalista, igual que los anteriores y peor al tomar la forma neoliberal, trata por todos los medios de conservar la “natural” estratificación de clases y estamentos sociales aun cuando, como quien tapa el sol con un solo dedo, afirman que las clases sociales han desaparecido.

Sin embargo, estamos mal organizados como sociedad y la violencia estructural producida por el control de la producción y la apropiación de la riqueza por el poder económico hace que el poder político sobreviva contrarrestando los conflictos potenciales y detonados mediante una gestión pública basada en el clientelismo, asistencialismo y populismo.[1]

En condiciones claras de diferencias sociales, el poder actual solo acrecienta la desconfianza porque no tiene la capacidad ni el interés de lograr un “gobierno del pueblo y para el pueblo”, que abriría la posibilidad de asegurar un progreso continuo en la construcción de una democracia social, que implique la eliminación de las formas de exclusión existentes que perjudican a muchos en beneficio de pocos.  

Todos los días de todos los años,…hoy mismo los poderes económicos y políticos, utilizando el discurso de la democracia y sin deseos de hacerla genuinamente participativa, están concentrando decisiones en las puntas de las pirámides de las organizaciones públicas, privadas y sociales, para lograr sus objetivos (re) produciendo múltiples brechas y desigualdades.

Un ejemplo vivo de las brechas y desigualdades que existen en el Perú se puede apreciar con mayor nitidez en el periodo electoral en curso, en el cual la llamada democracia representativa, marca su espacio de decisiones como en las monarquías de antiguos modelos sociales, y se aleja de la democracia directa o participativa que es su fundamento.

Por este motivo los poderes fácticos, abiertamente y en función de su propósito de ganar las elecciones mediante partidos conservadores a los que apoyan, actúan con preferencias y exclusiones en una sesgada democracia que tira para un solo lado del camino establecido por los centros de poder mundial, hacia una modernidad neo-colonizadora que Bauman ha denominado con acierto modernidad  líquida[2], en vez de una modernidad sólida, armoniosa y más humana, basada en la confianza, que incluya a todos.

El trato preferencial que hacen los encargados de administrar el proceso electoral, el uso y abuso de la prensa desbalanceada como soporte de sus candidatos, el tipo de relaciones abiertas y escondidas  entre las organizaciones políticas, los tejes y manejes de los actores económicos en su interés de contar con políticas que les aseguren continuidad, incluso en un ambiente marcado por la corrupción y la violencia de las diversas caras del capitalismo salvaje, entre otros factores, constituyen prácticas cotidianas que comprometen a la totalidad del tejido social.

Aun así y a pesar de las evidencias, con ojos complacientes, desde los mismos poderes se percibe al proceso como un ejercicio normal de la democracia y de las libertades, más aun cuando en la segunda vuelta los electores tienen que definir entre dos posiciones conservadoras del orden actual.

Por eso es que sus líderes políticos, en concordancia con el modelo económico y en su intento de acceder al poder del gobierno utilizan todos los medios posibles para convencer a la mayoría de la necesidad de mantener una sociedad sesgada que privilegie el crecimiento económico y postergue el desarrollo de mucha gente que es colocada en lista de larga espera y que no suele aparecer en las estadísticas de “beneficiarios”.  

Por supuesto que, en ese ambiente, la democracia a la que aluden las organizaciones políticas tradicionales e instituciones públicas y privadas encuentra su excusa-fundamento en los discursos de igualdad, desarrollo y derechos que muy poco practican.

Esta disociación entre el discurso y los hechos, de la que muy poco se habla, alcanza límites de enajenación social al extremo que la población, aquella con mayor índice de marginación y peores condiciones de vida, asume con facilidad el discurso ajeno como si fuera suyo, afectando sus propios intereses.  

En el caso específico de la democracia interna de los partidos políticos,  los discursos caminan divorciados de los hechos.[3] Las cúpulas partidarias, como en casa de herrero con cuchara de palo, crean brechas con los militantes de base y simpatizantes, los cuales son utilizados como instrumentos de “validación” del caudillaje y de los programas de gobierno en los que no han participado para nada en la construcción de lo que se quiere lograr.

Dicha costumbre de utilizar programas de gobierno, que caen desde arriba sin ninguna o muy poca intención de diálogo con los de abajo, define una relación patriarcal con la ciudadanía.

El canto a la movilidad individual ascendente, promovida verticalmente como mecanismo de una sesgada meritocracia sobre la base de desigualdades, y el poco o nulo interés por la movilización colectiva, más amplia y más democrática por donde se la mire, impide la construcción de relaciones de igualdad y de creación de oportunidades de desarrollo humano, desde abajo.

En estas condiciones la ruta de la sociedad se bifurca en dos caminos contradictorios: Por un lado, el camino de la estimulación constante del individualismo y la rivalidad egoístas, como insumos de lo que se entiende y se impone, mirando a un solo lado, como emprendedurismo, competitividad, modernidad global y libre mercado.

En ese lado, algunas veces y sin quererlo, los planificadores nacionales forman parte de una elite de operadores del predominante sistema mundial que hacen de Lima el foco principal del centralismo y de la concentración de las decisiones en manos de los poderes fácticos.

De otro lado, el camino de la exclusión que desaprovecha el valor de las personas, sus valiosas experiencias de vida y sus saberes logrados desde sus realidades locales, con sus diversas y particulares formas de mirar el futuro. 

Sin embargo, una de las fuerzas en tensión orientada a la innovación se manifiesta con enfoques alternativos. En particular, frente a los intereses establecidos existe una dinámica social, con variada intensidad de poder propio, que principalmente es sostenida por movimientos sociales, nuevas formaciones políticas progresistas, gremios y otras comunidades organizadas que con justa razón exigen sus derechos, muchas veces sin la paciencia para seguir el ritmo y condiciones del no-diálogo que impone el poder.

A esta fuerza se suman intelectuales y especialistas que consideran que la democracia tiene que ampliarse y profundizarse más allá del deseo del poder predominante de mantenerla acomodada a la estructura económica y social que está en cuestión.

Es en esta realidad global que debemos reflexionar el poder con visión de futuro, el sentido y la práctica actual de la educación de jóvenes y adultos excluidos. Así podremos comprender el por qué la Educación Básica Alternativa y la Educación Comunitaria son invisibles en los programas políticos en contienda y, así también, podremos comprender que esta es la forma más sencilla que el poder tiene para hacer invisibles las realidades a las cuales pertenecen los estudiantes y, por consiguiente, tratarlos pedagógicamente como personas “carenciadas”, sin historias, si saberes, sin respeto a su condición humana, sus necesidades, intereses y expectativas.

(Continuará: El poder vigente en el sistema educativo y el poder alternativo que es necesario activar, teniendo como eje de acción al aprendizaje)

Manuel M. Martínez Mendoza
Pachacámac, Mayo 2016

Imágenes Google: tiendadelartista.com




[1] Se hace referencia a tendencias y actitudes políticas: El clientelismo se orienta a favorecer por ejemplo, a gremios, empresas y otros grupos de interés. El populismo reclama para sí la representación de los intereses y expectativas de la ciudadanía. El asistencialismo atiende necesidades y problemas desde fuera, en vez de facilitar soluciones democráticas auto-sostenibles.
[2] Modernidad Líquida es una metáfora utilizada por  Zygmunt Bauman para criticar la falta de solidez de una modernidad basada en un mercado sin límites, que propicia  el incremento del individualismo y la privatización en perjuicio de la gente. Los vínculos afectivos son precarios y transitorios en una sociedad incierta y decadente, sin certezas y en la que se vive bajo la influencia de un supuesto realismo. La modernidad como un proceso líquido fluye  con formas cambiantes, sin posibilidades mayores de construir un futuro mejor para todos.

[3] En este aspecto es conveniente tener en cuenta a Michael Foucault, en “Estética, ética y hermenéutica”, de Paidós Básica: “EI poder es algo que opera a través deI discurso, puesto que el discurso mismo es un elemento en un dispositivo estratégico de relaciones de poder, está claro?”