12 de octubre de 2018



 Movilización por el aprendizaje

ciudadano y democrático

La escuela peruana siempre ha mirado a otro lado, atrapada por un currículo academizante, cuando se trata de mirar la realidad política en una sociedad a la cual pertenece.

Creen los promotores, supuestamente apolíticos, que la información humanista y científica universal, abstracta y homogenizante es el único motivo del aprendizaje.

Los temas “dictados” por la realidad, que envuelve a directores, docentes y estudiantes, suelen ser ajenos a la escuela, a pesar que nos inundan hasta las narices y nos perjudican día a día.

Ahora mismo, los sucesos políticos derivados de los escándalos de la corrupción han movilizado a la clase política como actores que, de boca, luchan contra la corrupción, pero que en mayoría defienden a personajes cuestionados, producen leyes con nombre propio, amenazan al referéndum, invalidan a jueces cuando evidencian la participación en hechos delictuosos, etc.

Entonces, ¿Sería bueno para directores, docentes y estudiantes que, en vez de festejar el día de la raza bajo una mirada ajena a nuestros intereses e identidades como pueblo americano,  movilicen sus aprendizajes y reflexionen como ciudadanos sobre los acontecimientos políticos actuales?

El cuestionado referéndum por una mayoría congresista, por ejemplo, nos exige a todos los peruanos que defendamos nuestros derechos ciudadanos, pues el referéndum puede ser un paso importante y progresista, en el camino hacia una nueva constitución en el Perú y el deseo de construir una sociedad con igualdad y justicia para todos. 

La escuela, en consecuencia, para ser parte del progreso debe ser asumida como un  movimiento social dedicada al aprendizaje formal, con el propósito de superar la ignorancia y la falta de ejercicio democrático de los derechos individuales y sociales que tenemos como personas.

Debemos tener en cuenta que históricamente las opciones políticas predominantes han tenido y mantienen una mirada de país anclada en sus propios intereses.

Hacen todo lo posible para que sus ideas sean aceptadas  y actuemos conforme a lo que opinan, sobre todo cuando ejercemos el derecho al voto.

Por eso,  todos, incluyendo a la escuela peruana, debemos construir ideas y voces propias, evitando ser parte de las tradicionales “portátiles políticas” o “barras  bravas” de equipos de futbol que antagonizan un tiempo y luego se amistan para conservar juntos sus convenidos estatus. 

Es hora de lograr que la escuela asuma su pertenencia social y su compromiso con el cambio social.

Manuel Martínez Mendoza
10 de Octubre 2018

Imágenes Google: otrasvoceseneducación.org



18 de julio de 2018



Movilización por el aprendizaje

Nuestro querido país está envenenado por la corrupción.  Ya pasó el sedativo mundial de fútbol y ahora tenemos como problema mayúsculo esta enfermedad de las estructuras e instituciones públicas y privadas, en todos los niveles y en todas las regiones y localidades.

La ciudadanía, salvo con la movilización, no cuenta con idóneos mecanismos a la mano para intervenir en las decisiones orientadas a superar la corrupción. Todo está en poder de la clase política manchada por los últimos 4 presidentes y otros personajes  públicos en el caso Lavajato; así como, de  gran parte de los congresistas, del poder judicial, en particular, del consejo nacional de la magistratura. Es el gato de despensero.

Es un problema de estructuras el que vivimos, no solamente de personas e instituciones, como nos recuerda Lynch en un artículo publicado hoy[1]: “Esta república criolla y patrimonial intentó varias veces reinventarse pero siempre potenciando su característica central: privilegiar la vida de un pequeño grupo a costa de los demás. Esa fue la historia de la república práctica del primer civilismo, de la república aristocrática del segundo civilismo, de la patria nueva con Leguía y el oncenio, de las dictaduras militares y los adláteres civiles de mediados del siglo pasado”.

Ha llegado el momento de acción de la ciudadanía para limpiarnos de la corrupción. Las instituciones educativas, en particular los CEBA, con sus estudiantes, educadores y directores tienen la oportunidad de hacer uso de sus derechos ciudadanos en la reconstrucción de una justicia honesta, limpia y oportuna para todos.

Movilizándose por el aprendizaje[2], que es algo que le atañe,  las instituciones educativas pueden dejar de ser instituciones autistas, aferradas a una educación ensimismada, supuestamente académica, distante de la vida cotidiana.

La movilización real del aprendizaje, en consecuencia, debe abarcar  reflexiones y debates sobre la coyuntura nacional pero, debe situarse el aprendizaje en la experiencia directa de cada estudiante, docente  y director, obtenida en sus diferentes espacios de vida: familia, escuela, comunidad local. 

Todos pueden aprender más del tema y de los futuros y activos comportamientos ciudadanos en contra de la corrupción y en favor de relaciones basadas en la igualdad social.

Es posible desencadenar un proceso de prácticas educativas institucionales desde cada aula para realizar los siguientes momentos de aprendizaje:

1.  Análisis de la realidad local, regional y nacional para conocer más y compartir información propia y externa de las manifestaciones de corrupción en la dinámica social que los envuelve.

2. Planificación de actividades destinadas a participar en la lucha contra la corrupción desde sus realidades cotidianas más íntimas y de su institución educativa

3. Organización de las aulas y de la institución para el aprendizaje contra la corrupción y las acciones que pueden implementar como institución educativa.

4. Realización de actividades dirigidas a fomentar las denuncias y hechos correctivos, problemas y soluciones como base para el desarrollo de competencias curriculares y no curriculares.
(Por decisión de los estudiantes el desfile escolar puede ir más allá para expresar en algún momento la demanda ciudadana por un país sin corrupción, las sesiones de aprendizaje continuas sobre las creencias y costumbres que alimentan la corrupción, los mensajes a los padres de familia, el uso de las vacaciones escolares para introducir el tema en sus familias, etc.).

5.   Evaluación para seguir aprendiendo a ser mejores ciudadanos que no aceptan la corrupción y otras manifestaciones que impiden el desarrollo individual-social.

Se sabe, por información periodística, que en Ayacucho, Arequipa y Callao, algunas instituciones educativas se resisten a celebrar las fiestas patrias con pompas. Es un síntoma de la indignación nacional. Sin embargo celebrar a la patria es lograr una movilización por el aprendizaje que fortalezca la condición de ciudadanos plenos y dignos.

Manuel M. Martínez Mendoza
Imágenes Google: elregionalpiura.com






[1] LA REPÚBLICA PODRIDA, Nicolás Lynch. La otra mirada. La República. 18 de julio de 2018
[2] Con este post  reactivo mi blog educadoresalternativos.blogepot.com, considerando que la educación es el camino más efectivo y seguro en la lucha estratégica contra la corrupción, al formar ciudadanos honestos a partir de la reflexión continua de sus situaciones de vida individual-social.