28 de noviembre de 2020

Educación y Politica

 


Educación y política

La Nueva Normalidad se ha convertido en parte del lenguaje de 2020. Sobre todo en las esferas políticas, debido a que la crisis sanitaria nos obliga a cambiar ideas, actos y creencias para superar, como sociedad, los desafíos que nos plantea una naturaleza agobiada por la depredación y la carencia de convivencia en una sociedad precarizada por el poder de unos sobre muchos.

Pero, del lenguaje a los hechos hay un trecho largo que debemos recorrer como sociedad, poniendo  cada  persona lo suyo, en reemplazo de la predominancia del individualismo y egoísmo acostumbrado en la vida política cotidiana y reconociendo la condición de seres sociales y, por tanto, de ciudadanos con derechos que implican deberes. Se trata, entonces, de construir una nueva convivencia social.

El periodista español Rafael Fernández de Castro hace poco comentó que "El primer cambio geopolítico es mental e individual, es saber y aceptar que los milagros no nos devolverán un mundo que ya no existe y que el que hay que construir es uno sobre valores, como son sociedades libres y fuertes".

Comparto dicha opinión, sobre todo porque alude a cambios profundos que implican superar el actual estado de cosas en las que unos se benefician y otros, la mayoría, vive bajo la subordinación de los beneficios enajenados y no compartidos. Al ser profundos los cambios a los cuales podemos aspirar, la amplitud de ellos nos involucra en todos los aspectos de la vida, considerando que lo que se haga en hogares, centros laborales y comunidades, en sus diferentes modos y costumbres, influirá en el presente. En un presente que exige que lo que se quiere lograr en el futuro se practique desde hoy.

El COVID 19, mal que nos pese, ha creado, para bien, un escenario en el que todos los quehaceres humanos deben ser reconocidos como vivencias vinculadas. Es el caso, por ejemplo, de los vínculos entre la educación y la política en una relación de ida y vuelta, tanto en problemas y soluciones que debemos enfrentar como desafíos urgentes.

En salud, los protocolos dirigidos a evitar mayores contagios supone el inicio de una nueva normalidad. Deben seguir los cambios de estructuras sanitarias mediante la construcción de un sentido humano, democrático y solidario con atención oportuna y de calidad de todos los peruanos y, a partir de dicho sentido, deben acentuarse los cambios institucionales dirigidos a satisfacer las necesidades y demandas de prevención y curación de todos los peruanos.

Para que ese fenómeno social ocurra es urgente el cambio del quehacer político y la forma de tomar decisiones. La pandemia nos ha brindado la oportunidad de desnudar la acción de la clase política de los partidos, del aparato de estado y de organizaciones gremiales de las elites académicas. La representación legal ha mostrado ser una representación ilegitima de la clase política nacional y, por eso, la ciudadanía en pleno, principalmente, los jóvenes del bicentenario, se movilizaron para solucionar los problemas creados por los viejos y caducos partidos.

Esta es una lección que debemos aprender como sociedad. La acción ciudadana debe pasar a tener una mayor influencia: Los políticos malogrados por la ambición del poder, han convertido a sus partidos en maquinarías obsoletas, con malas costumbres. El derrotero posible es basar la reconstrucción del pais sobre la base de la organización, participación y movilización ciudadana. Es un nuevo trípode de poder que debe ser considerado como foco esencial de un  planteamiento revisado de desarrollo humano y de acción ciudadana desde sus lugares de pertenencia territorial y comunitaria que, contradice el centralismo y la concentración de poder del actual estado.

Igualmente en el caso de la educación los cambios efectuados por la visita inesperada de la pandemia nos ha llevado a implementar, por sobrevivencia, la educación a distancia. Construir socialmente una nueva normalidad supone superar las ideas primarias vinculadas a desvalorar el año lectivo 2020 como una pérdida y, subsecuentemente, valorar la reimplantación de la educación presencial y recuperar, según dicen, el tiempo perdido.

En educación las instituciones educativas, en cada lugar, son los  encargados de ofrecer los servicios a los cuales la ciudadanía tiene derechos en el ejercicio de aprender a lo largo de toda la vida. El derrotero siguiente, con miras a un cambio real de la institucionalidad y gestión pedagógica, tiene que ver con la autonomía de las IE, así como con una normativa abierta y flexible con enfoque intercultural, que promueva cambios e innovaciones en la gestión de las instituciones educativas a partir de los cambios en la gestión pedagógica.

Además, sería conveniente precisar que los vínculos que son necesarios construir socialmente pasan por articular formas de atención semipresencial, una veces presencial u otras a distancia, de modo compatible y en consonancia con las lecciones aprendidas por docentes y familias involucradas en la educación a distancia del 2020.

La articulación también pasa por articular con solidez, los aprendizajes conceptuales, procedimentales y actitudinales. Igual sucede con la reconciliación de la educación formal e informal, sobre la base de la apertura y flexibilidad de la educación no formal.

El cambio debe incluir todos los aspectos, incluyendo cerrar la brecha que existe entre la importancia real y protagónica de los docentes en la formación de nuevas generaciones como motor potencial de  desarrollo humano y societal, y los ingresos dignos que les corresponden frente a tamaña responsabilidad, que lamentablemente la política tradicional dejó de ofrecer en beneficios de todos.

 

Manuel Martinez Mendoza

Pachacámac, noviembre 2020

Imágenes Google: aterosario.org.ar