más y mejor en la vida
cotidiana
Un anhelo sincero y compartido por muchos ciudadanos, principalmente educadores, es construir juntos un país con una educación que mejore la capacidad de pensar.
Para mejorar como personas y país
Si tomamos conciencia
de la situación actual de la educación y del Perú sentiremos más la necesidad
de pensar mejor para resolver, como individuos sociales o ciudadanos los
problemas económicos, políticos y sociales que nos afligen.
A modo de ejemplo de
lo que debemos superar podemos señalar la forma de pensar y de actuar de la obsoleta
“clase política” que, luego de pasar por la educación escolar, administra los
poderes de las instituciones del Estado guiada por intereses egoístas e
insertados en la histórica y antisocial corrupción nacional.
Es lamentable que
este mismo comportamiento se produzca también en todos los niveles y estratos
de la población, facilitado por la forma de organización y funcionamiento de una
sociedad peruana en la que pocos se benefician en perjuicio de muchos en su
formación y en sus condiciones de vida.
Esta situación coloca
a cada peruano en el disparadero de una movilidad social individualista y salvaje,
que alientan las rivalidades y codicias que explican la costumbre de meterse en
la fila frente a cualquier tipo de oportunidades.
La ciudadanía es aún
un personaje anémico que solo podrá alcanzar mejoría en una perspectiva de toma
de conciencia y transformaciones basadas en la movilización de ella misma.
Responder con
urgencia sería lo más adecuado frente al contexto de crisis generalizada y a la
convencional práctica escolar que, en la mayoría de los casos, predetermina con
normas lo que cada estudiante debe aprender, como aprender, de donde aprender; aislando
o circunscribiendo el acto de pensar en focos temáticos desarticulados unos de
otros y descontextualizados de la vida cotidiana en la que debemos ser activos
sujetos de aprendizaje.
No hay duda que el
sistema escolar está construido para tener ocupados a los estudiantes en lo que queremos que hagan. Es una práctica
que responde a una visión patriarcal y doctrinaria de fe, que paradójicamente
poco tiene de ciencia, pues la información que se brinda a los estudiantes
generalmente es tratada como una verdad absoluta y muchas veces desactualizada.
Obedecer es la
consigna en el insuficiente aprendizaje desvinculado de la vida cotidiana y más
aún desvinculado de la necesidad de construir un futuro de bienestar y
justicia, con apego a los derechos humanos y ciudadanos.
Por eso viene a pelo
el recuerdo de una de las críticas frases célebres de Freire: “Lucho por una
educación que nos enseñe a pensar y no por una educación que nos enseñe a
obedecer”. Necesitamos pensar cada vez mejor para conocer, sentir, hacer,
convivir, etc.; lo que supone pensar de
modo integral, en un reflexionar y filosofar para saber aprender y vivir mejor.
Tengamos en cuenta
que “para saber lo que somos y qué podemos ser necesitamos pensar. La reflexión
conduce al saber, que es el dominio conceptual acerca de las proposiciones de
verdad sobre la existencia humana, los problemas de sus relaciones, y de cómo
se ha organizado para que la razón y los valores gobiernen nuestra vida
personal y social”, afirma Juan Andrés Cardozo[1]
Debemos renovar la enseñanza y el
aprendizaje
Para
aprender más y mejor debemos renovar la enseñanza y el aprendizaje. En
esa perspectiva enseñar y aprender a pensar implica una transformación radical
de las prácticas actuales mediante el desarrollo del pensamiento crítico y
complejo frente a una realidad compleja en la que tenemos que enfrentarnos a la
vida cotidiana de modo razonado y lógico, en la búsqueda de alternativas.
En esas condiciones
el aprendizaje nos permitirá resolver mejor los problemas contenidos en las
vivencias o situaciones de vida de los estudiantes, dentro las escuelas y en
los múltiples espacios de las comunidades.
La toma de conciencia
del poder de las transformaciones mediante el aprendizaje brinda fundamento y
sentido a la educación, pues nos exige que los aprendizajes nos deben llevar a
pensar en la consecuencia de nuestros actos frente a los acontecimientos de la
vida cotidiana. Así podemos comprender los hechos con moralidad y definirnos
mejor en términos concretos de quienes somos, qué hacemos y que queremos
aprender en todos los aspectos y espacios de la vida presente.
Tengamos en cuenta
que las prácticas educativas, en la que no se hace un reconocimiento cabal de
las características de los estudiantes, trata a todos ellos como si fueran piezas industriales en serie y se les enseña
a pensar enfocados en temas disciplinares desconectados, por lo que aprenden a
pensar de modo restringido y homogéneo, con desapego y abandono de su cultura
propia.
En cambio la
educación centrada en estudiantes culturalmente heterogéneos, como debe ser el
aprendizaje por competencias, necesita que la enseñanza tenga en cuenta las
experiencias y saberes de los estudiantes en su vida cotidiana para
convertirlos en proyectos de aprendizaje; además, de tener en cuenta la
velocidad y la forma de aprender de los estudiantes, con la autonomía con la
que han aprendido en sus múltiples vivencias y realidades.
El aprendizaje del
pensar, efectivamente, demanda una trayectoria pedagógica renovada que tenga como
base y objeto de estudio las
experiencias de vida de los estudiantes, de modo tal que profundizando la reflexión
sobre las vivencias se consolide un saber que constituye el “capital inicial”
de los estudiantes. Este es el fundamento a partir del cual se debe aprender
más y mejor de la información científica y humanística encaminada formalmente a
resolver problemas y transformar la vida cotidiana de los mismos.
La enseñanza, en
dichas condiciones, abre una más amplia posibilidad de fomentar en los estudiantes
el auto fomento de la duda, curiosidad, creatividad e iniciativa, “sin llevarlo de la mano” y, con
ello, la autonomía proactiva, en la mejor disposición de hacer preguntas y de
reflexionar de manera continua cada una de sus vivencias, tanto en su contexto
cercano como en el distante.
El pensamiento
crítico produce así conocimientos y saberes propios con mayor claridad,
precisión, relevancia, profundidad y amplitud. Igualmente, su producción es
integrada y global y, por tanto, más importante y lógica, como suele ser todo
aprendizaje realizado en una praxis de
teorización de la práctica de las experiencias vitales en el día a día.
Enseñar y aprender a
pensar puede alcanzar a ser un proceso pedagógico regular y ordenado en la
construcción de proyectos integrados, con problemas identificados y en una
trayectoria de soluciones que se
consideren necesarias para transformar progresivamente las condiciones de vida
propia y de la sociedad peruana.
Se trata entonces de
aprender cada vez más a pensar mejor las situaciones de vida cotidiana o, dicho
de de otra manera, desde su contexto más íntimo, que afecta positiva o
negativamente nuestro desempeño. Se hace indispensable que los estudiantes
resuelvan problemas de la vida familiar y ciudadana, en nuestros roles
económicos, políticos, sociales y culturales es la ruta pedagógica que debería
marcar el aprendizaje.
En suma, pensar mejor
es aprender mirando el árbol como parte del bosque; es vincular la facultad de
conocer para saber con todas las facultades humanas; es construir identidad y
autonomía personal y cultural como protagonistas de una vivencialidad pensando
con cabeza propia; es establecer lazos permanentes entre la teoría y la
práctica; es aprender de modo cooperativo y democrático; es relacionar el
contexto íntimo, cercano o próximo con el contexto mayor más social y mundano
que le permita elevar su sentido de pertenencia como ciudadano local y del
mundo, al mismo tiempo.
Pensar mejor nos
permite salir del inmediatismo, de la opiniones subjetivas, prejuicios, de
emociones inestables, de creencias limitantes; igualmente, nos permite salir
del pragmatismo a secas y tener mejor disposición para conectar lo que hacemos
hoy con lo que queremos ser en el futuro.
Pensar más y mejor hace
transcendente el aprendizaje escolar encerrado y abre las puertas hacia una
meta liberadora más amplia de justicia y bienestar social. Aprendemos como
ciudadanos vinculados a la dinámica social, sin subterfugios.
De allí que el
aprender a pensar cada vez mejor puede ser comprendido en un proceso de construcción
de futuro individual y social, de ciudadano y comunidad.
En esa necesidad y
pensando que el pensar debe formar parte de un proceso mayúsculo de
expectativas sociales, su desarrollo está atado a la construcción de un nuevo Perú.
Para aprender
a pensar en una sociedad que se transforma
Para aprender más y
mejor debemos renovar la enseñanza y el aprendizaje, para aprender a pensar en
una sociedad que se transforma. El Consejo Nacional
de Educación cumpliendo con su papel
orientador ha dicho: “necesitamos impulsar cambios más profundos que
contribuyan a superar las brechas de aprendizaje y estructurales de nuestra
sociedad”…”La visión de la educación para una ciudadanía plena está siendo
contradicha constantemente por el comportamiento de autoridades que separan el
ejercicio profesional y el de la política, de la ética y la moral…”[2]
La trascendencia del
aprendizaje del pensar bien y mejor mediante una pedagogía renovadora requiere
una mirada larga de construcción colectiva de una:
· Educación independiente y soberana
que supere la dependencia nacional posicionando experiencias propias como base
para un desarrollo intercultural dialogado, para una mejor educación.
· Método científico aplicado mediante el
aprendizaje autónomo, que tenga como principal objeto de estudio la vida en
transformación permanente y a los estudiantes como los principales sujetos de
estudio y transformación de la realidad, a partir de lo que ya saben de sus
propias vivencias.
· Ciudadanía activa que exija
permanentemente una educación para la vida y desde la vida, con calidad
creciente para todos y a lo largo de la vida. Aprender a educarse como personas
es también aprender a ser cuidadano, que duda cabe.
La coyuntura de la
pandemia nos hace ver la realidad cruda y nos exige la reconstrucción de la
educación y del país.
Manuel
Medardo Martínez Mendoza
Pachacamac,
27 febrero 2021
Imagen
Google” ICHI PRO , Getty, “necesitamos los hábitos de una mente libre para
pensar en esta crisis, juntos
[1]
La distinción entre el saber y el conocimiento, 21 Agosto 2010, Ultima hora, de
Juan Andrés Cardozo, filósofo y docente universitario paraguayo
[2]
“Superar la crisis y avanzar hacia una ciudadanía plena”, Consejo Nacional de
Educación, Lima 22 de Febrero de 2021

