ciudadano y democrático
La escuela peruana siempre ha mirado a otro lado, atrapada por un currículo
academizante, cuando se trata de mirar la realidad política en una sociedad a la cual
pertenece.
Creen los promotores, supuestamente apolíticos, que la información
humanista y científica universal, abstracta y homogenizante es el único motivo
del aprendizaje.
Los temas “dictados” por la realidad, que envuelve a directores, docentes
y estudiantes, suelen ser ajenos a la escuela, a pesar que nos inundan hasta las
narices y nos perjudican día a día.
Ahora mismo, los sucesos políticos derivados de los escándalos de la corrupción
han movilizado a la clase política como actores que, de boca, luchan contra la
corrupción, pero que en mayoría defienden a personajes cuestionados, producen
leyes con nombre propio, amenazan al referéndum, invalidan a jueces cuando evidencian
la participación en hechos delictuosos, etc.
Entonces, ¿Sería bueno para directores, docentes y estudiantes que, en
vez de festejar el día de la raza bajo una mirada ajena a nuestros intereses e
identidades como pueblo americano, movilicen
sus aprendizajes y reflexionen como ciudadanos sobre los acontecimientos
políticos actuales?
El cuestionado referéndum por una mayoría congresista, por ejemplo, nos
exige a todos los peruanos que defendamos nuestros derechos ciudadanos, pues el
referéndum puede ser un paso importante y progresista, en el camino hacia una
nueva constitución en el Perú y el deseo de construir una sociedad con igualdad y justicia para todos.
La escuela, en consecuencia, para ser parte del progreso debe ser
asumida como un movimiento social
dedicada al aprendizaje formal, con el propósito de superar la ignorancia y la falta de ejercicio democrático de los
derechos individuales y sociales que tenemos como personas.
Debemos tener en cuenta que históricamente las opciones políticas
predominantes han tenido y mantienen una mirada de país anclada en sus propios
intereses.
Hacen todo lo posible para que sus ideas sean aceptadas y actuemos conforme a lo que opinan, sobre
todo cuando ejercemos el derecho al voto.
Por eso, todos, incluyendo a la
escuela peruana, debemos construir ideas y voces propias, evitando ser parte de las
tradicionales “portátiles políticas” o “barras
bravas” de equipos de futbol que antagonizan un tiempo y luego se
amistan para conservar juntos sus convenidos estatus.
Es hora de lograr que la escuela asuma su pertenencia social y su
compromiso con el cambio social.
Manuel
Martínez Mendoza
10
de Octubre 2018
Imágenes
Google: otrasvoceseneducación.org
