El cambio debe ser desde uno
mismo
En recientes encuentros con educadores y estudiantes de la educación
básica alternativa, además de aprender, he compartido el estado de ánimo y la
frustración que sienten por la desatención que esta modalidad educativa les
ofrece. Al mismo tiempo, he comprobado la resistencia que tienen para seguir en busca de cambios importantes como
producto de su propio esfuerzo, aun cuando todavía predomina, como pesada
mochila, el trabajo individual.
En uno de los encuentros realizados en Huamanga, en medio de reflexiones
sobre sus valiosas experiencias y de sus nuevas comprensiones, una joven educadora
de mirada limpia y acompañada de su hijita en la sesión, opinó lacónicamente que
frente a los problemas a solucionar cambiando las prácticas pedagógicas, debemos
tener en cuenta que “el cambio debe ser
desde uno mismo”.
Todos los asistentes compartimos esa idea porque creemos que desde uno mismo podemos pensar y hacer cosas nuevas, salir
de lo rutinario, sin olvidarnos de lo que somos, sabemos y debemos aprender.
Desde uno mismo, es decir, desde nuestra
identidad cultural nos podemos relacionar con mayor facilidad entre educadores,
con los cuales compartimos experiencias
educativas. Desde uno mismo, trabajando en
equipo, podemos identificar mejor y tomar conciencia de los problemas que
debemos resolver, utilizando nuestras potencialidades y aprendiendo lo que
necesitamos aprender como actores del cambio educativo-social.
Solo debemos asumir el reto de llegar
a comprender, reflexionando juntos, que cada
uno de nosotros es un individuo social, es decir un individuo enriquecido por
el siempre bienvenido sentido de pertenencia a una familia, un CEBA, una comunidad
y, desde allí, a una región, un país, un mundo en el cual nos relacionamos como
especie con el conjunto de la naturaleza.
La fuerza del sentido de
pertenencia, lamentablemente, ha sido desvirtuada por una falsa
modernidad basada en una falsa economía en la que el tener es más importante
que el ser, el saber, el hacer y el estar.
Por eso tenemos que superar la
visión de la época basada en el individualismo exitista, en la meritocracia con puntos de partida
desiguales, en el falso logro
producido por el fingimiento de la lucha por la sobrevivencia o el deseo
egoísta de poder y notoriedad.
Estas limitaciones actuales son las que requieren ser vistas, con
microscopio, en el mismo acto educativo con el noble propósito de superarlas y salir
de la enajenación aprendiendo a resolver los problemas del día a día y, desde este
vértice, construir un horizonte más amplio que dé sentido a una educación, actualmente
agobiada por el coyunturalismo y el asistencialismo pedagógico.
Mirando desde cada uno de nosotros e impulsando
una loable práctica pedagógica podemos construir una loable perspectiva del
desarrollo humano y social y, con ese cambio lograr que nuestros CEBA sean
piezas importantes en el desarrollo local y, además, que las políticas, normas
y funciones de los diferentes niveles de gestión de la educación básica
alternativa adquieran sentido y dejen de ser fiscalizadoras, punitivas y administradoras
de crisis.
| Cuidado |
Desde uno mismo, individual y colectivamente, podemos movilizarnos por el aprendizaje, para desarrollarnos con identidad
cultural propia, solucionando los problemas de nuestras situaciones
pedagógicas e instituciones que debemos enfrentar.
En las condiciones actuales de pérdida de sentido e identidad, de disminución
del número de estudiantes, de afectación de todo intento por la calidad
educativa, solo la creación heroica de los principales actores del quehacer
educativo en sus diversas realidades concretas, superará el cambio reglamentado
sobre la base de copias de ideas y experiencias ajenas, bajo la coartada de que
el conocimiento es universal.
La construcción del cambio por educadores y estudiantes, con sentido
histórico, tiene como base una riquísima realidad propia, a partir de la cual
podemos analizar juntos las inmensas situaciones concretas para impulsar trascendentes
respuestas concretas.
Por eso es bueno recordar, con José María Arguedas, que debemos "...Considerar siempre el Perú como
una fuente infinita para la creación. Perfeccionar los medios de entender este
país infinito... No, no hay país más diverso, más múltiple en variedad terrena
y humana; todos los grados de calor y color, de amor y odio, de urdimbres y
sutilezas, de símbolos estilizados e inspiradores. No por gusto, como diría la
gente llamada común, se formaron aquí Pachacámac y Pachacútec, Huamán Poma,
Cieza y el Inca Garcilaso, Túpac Amaru y Vallejo, Mariátegui y Eguren, la
Fiesta de Qoyllur Riti y la del Señor de los Milagros; los yungas de la costa y
de la sierra; la agricultura a 4,000 metros; patos que hablan en lagos de
altura donde todos los insectos de Europa se ahogarían; picaflores que llegan
hasta el sol para beberle su fuego y llamear sobre las flores del mundo. Imitar
desde aquí a alguien resulta algo escandaloso…”.
Las palabras de la joven educadora ayacuchana resuenan, como las de
Arguedas, diciendo en esencia lo mismo, felizmente. La valoración de las
potencialidades de nuestra condición
humana es la base indispensable para identificar los cambios que debemos
realizar en armonía con lo que somos.
Manuel Martínez Mendoza
Nov 2013