15 de abril de 2024


Ciudadanía

El poder es nuestro


Los de arriba y los de abajo

 Pensar la actual realidad política nacional es preocuparse por el sentido y la práctica de los gobernantes, así como también por los roles de la  ciudadanía. La existencia de los de arriba y los de abajo, reflejan con nitidez los efectos de una estructura vertical del Estado y de sus instituciones, donde los de arriba se atribuyen ser voceros de una democracia profundamente desigual.

 La política tradicional, de los de arriba, mantiene un discurso de promesas y de una práctica constante de no cumplir con lo prometido. En momentos pre electorales ofrecen solucionar todos los problemas nacionales. Luego del sufragio, esas promesas se hacen humo y polución, la vida continúa como siempre, con grupos que asumen el poder y se adueñan de un Estado para actuar en sus propios beneficios y, por  tal motivo, marginar a los pueblos, expresando así su naturaleza clasista, que tratan de negar de mil formas.

 Las instituciones emiten normativas y proyectos desarticuladas, sin interés en poner énfasis en el cierre de las brechas sociales. La preocupación central es el crecimiento económico para pocos, en desmedro del desarrollo humano y territorial de la ciudadanía. El gasto oficial se amplia al destinar fondos para la propaganda populista, de corto plazo, dirigida a exaltar lo que hacen las autoridades en cada periodo de gobierno. Pero las decisiones transcendentales que requiere el cambio social son postergadas, dejando de lado a una gran parte de la población sin la debida atención.  

 Lo cierto es que las mayores necesidades y reclamos de los movimientos sociales, incluso de los debilitados sindicatos con sus pliegos de reclamos que aluden a reivindicaciones sectoriales, cuentan muy poco en el discurso de la minoría dirigente, que gestiona las políticas públicas, a su gusto.

Es lamentable que, hasta ahora, el país padezca de una permanente situación de despreocupación social, que viene impactando en la ciudadanía, ahora  dividida y desarticulada, en su mayoría sin sueños propios y sin el ejercicio de derechos y de roles que le corresponden.

La actual casta política, asume como una piedra en el zapato toda movilización ciudadana y, en respuesta, sus actos  más comunes son populistas, clientelistas, asistencialistas y represivos. Es de esta forma, que tratan de mantener controlado y sumiso el quehacer social, utilizando prácticas antisociales de negociación, donde el eje transversal o columna vertebral, es el ejercicio desenfadado de la corrupción,

Por una ciudadanía activa y consciente

Los de abajo, debemos reconocer que aún no tenemos suficiente conciencia del potencial de nuestro poder. Hablar de ciudadanía activa o consciente sigue siendo una aspiración, a pesar que en teoría jurídica somos el poder constituyente; es decir, la mayor fuerza sociopolítica, económica y cultural de nuestro país. Como poder constituyente,  somos los que elegimos a los integrantes de los poderes constituidos, ejecutivo y legislativo, por tal razón, debemos encargarnos, en lo cotidiano, que las expectativas nuestras se cumplan.

 Frente a las demandas integrales de la actualidad, tenemos que mejorar nuestra forma de pensar el futuro y nuestras trayectorias a seguir, con autonomía suficiente y en ejercicio de nuestros derechos y deberes.

 Necesitamos construir una ciudadanía consciente, plena o completa, que participe en una verdadera organización integradora y democrática, capaz de movilizarse en la construcción de una sociedad cada vez más igualitaria y equitativa, en cumplimiento de sus roles de regeneración social para constituir comunidades que aprendan permanentemente, desde la reflexión y análisis de sus realidades a las cuales pertenecen.

La descentralización y desconcentración del poder, por tanto, debe ir acompañada por procesos endógenos de aprendizajes autónomos, complejos  y críticos, con visión de desarrollo humano y territorial, que permita mejores posibilidades de cambios importantes para toda la ciudadanía, incluyendo la extinción de los grupos de poder político que no representan los intereses nacionales.

La movilización social de una ciudadanía activa le dará un sentido más humano a la movilidad social o individual, que hoy es de puro individualismo.

 Para eso, debemos preguntarnos ¿Cómo poner la cabeza en su sitio? ¿Cómo lograr desarrollar la conciencia ciudadana?.  ¿Cómo actuar promoviendo transformaciones personales y cambios sociales, en función de idearios construidos democráticamente?

 Movilización del aprendizaje para la movilización ciudadana

Es necesario que nosotros los ciudadanos educadores promovamos, desde abajo. la movilización por el aprendizaje, como fundamento de la movilización ciudadana o social.

Es decir, movilizar el aprendizaje como motor de la movilización de la  ciudadanía consciente es asegurar que los saberes se apliquen en la construcción de un futuro de bienestar y justicia para todos. Este esquema de movilización, permite asumir roles colectivos y proponer alternativas de solución a los problemas de la vida cotidiana,  de modo organizado y participativo, desde cada individuo social.

Dos líneas de acción posibles

 Una ciudadanía educadora, permitirá: 1).  Promover, desde cada lugar, la movilización por el aprendizaje; y 2). Vincular la educación escolar con la educación comunitaria.

 Lo que significa articular, la gestión pedagógica con la gestión institucional, para crear una nueva cultura educativa como parte del quehacer cotidiano de la ciudadanía y de los pueblos.

 La gran tarea, es iniciar un proceso de construcción de nuevas modalidades de educación formal, flexibles y contextualizadas en la vida cotidiana y de permanente ejercicio de igualdad y equidad social, en el acto de aprender.

 1.    La movilización del aprendizaje debe darse en un  proceso de mejoramiento continuo de la calidad y cobertura educativa, ubicando la fuente de aprendizaje en la vida cotidiana y sus problemas. Aprender a resolver los problemas de la vida es basar la autonomía en lo colectivo o comunitario, desde lo individual, con el objetivo de reaprender nuestros propios saberes y, a continuación, ampliar y profundizar lo que ya sabemos, con nuevos aprendizajes metódicos, complejos y críticos.

 2.    El aprendizaje liberador no debe ser una tarea exclusiva del sistema escolar, al cual se le atribuye en exceso ser el sistema educativo peruano, pues anualmente atiende a menos de un tercio de ciudadanos, principalmente, niños y jóvenes. Por ello, la educación escolar formal y la no formal como es la educación comunitaria, deben ser parte de un proceso de regeneración del sistema educativo peruano al servicio de niños, jóvenes y adultos, a lo largo de la vida, en todos los territorios locales y espacios de aprendizaje.

 La educación comunitaria, históricamente excluida, debe ser reconocida por sus actos. En cada lugar existen instituciones públicas y privadas que ofrecen educación, de manera dispersa y tematizada sobre todo a ciudadanos adultos, en diversos espacios de la comunidad, incluyendo de modo eventual a las escuelas de cada lugar.

Esta tarea debemos impulsarla como una gran movilización ciudadana de  educadores conscientes y activos, para reafirmarnos como individuos sociales y no únicamente como individuos que, paradójicamente, mantenemos el status quo.

 

Manuel Medardo Martínez Mendoza

Pachacámac, Abril de 2024

Imagen Google: Emociones, movilización y política -LAOMS

NOTA: Agradecimiento a Susy Marchand por sus valiosos aportes

 

    

No hay comentarios: