Involuntariamente ubicados en la penumbra
de la sociedad existe un número impreciso de jóvenes y adultos que,
voluntariamente en busca de oportunidades, ahora están ubicados también en la
penumbra del sistema educativo nacional, con la Educación Básica Alternativa.
En consecuencia, a la condición de
excluidos sociales se les ha agregado la condición de excluidos en la educación.
Así sucede porque en el sistema educativo y, en particular, en la EBA a la que
han accedido todavía no se comprende el valor que tienen como activos seres humanos y como
sujetos de derecho.
Efectivamente, se estima muy poco lo
que han logrado en la lucha por la vida. En particular, no se aprecian los
conocimientos producidos por ellos, a pesar que se sabe que en el diario vivir,
igual que todas las personas, estos conocimientos pertinentes y significativos son
construidos en las “aulas” familiares, ocupacionales y comunitarias; haciendo
uso integrado de su mente, cuerpo, emociones y creencias culturales, con
estilos y ritmos particulares, movilizando de modo constante su zona de
desarrollo próximo[i].
Lamentablemente estos conocimientos llamados,
por académicos y sus seguidores, como conocimientos vulgares, empíricos,
cotidianos o culturales, no tienen mayor ligazón con el conocimiento científico
y humanístico que es informado como contenidos de áreas curriculares que,
generalmente, son dictados por los educadores.
Por consiguiente, al no participar
activamente con su bagaje, como actores de su proceso educativo, están impedidos de desplegar cabalmente sus
potencialidades en la construcción de respuestas adecuada a sus necesidades
reales, motivaciones y sueños propios.
Por eso es incomprensible el por qué
con facilidad se habla de desarrollo humano sostenible, cuando
contradictoriamente se ignora a esta población de estudiantes, cuyo papel debería
ser protagónico en el uso de sus saberes previos como punto de partida para
acceder al conocimiento científico y universal.
Oteando lo posible
En este aspecto, los educadores
tenemos la responsabilidad de tender puentes entre la experiencia de vida de
los estudiantes y el conocimiento científico y humanístico al que tienen
derecho. ¿Es posible?
Esta es una pregunta cuya
respuesta no exige revoluciones
mayúsculas. Tampoco se requiere, como se
estila, vestir a la EBA desvistiendo a otras modalidades educativas. Más aún,
no se necesitan textos únicos nacionales con nombres de autoridades nacionales
en la segunda página, ni “diversificados” en cada región con nombres de
autoridades regionales. Tampoco se necesitan cuadro de horas, que segmentan la
información del conocimiento de las ciencias y humanidades, como norma
principal para aplicar currículos flotantes.
Solo basta remirar la realidad con
sentido común. Leer la realidad propia como diría Freyre. Situar a los estudiantes en su contexto como
agentes activos de sus vivencias, incluyendo el estudio. Comprender que los
jóvenes y adultos que estudian en la EBA producen conocimientos de modo
constante en el calor de la convivencia con los suyos, en sus diversas
situaciones y espacios de vida.
De este modo, los conocimientos
experienciales pueden ser ampliados y profundizados en la EBA, mediante una ruta
de aprendizaje orientada a identificar y tomar conciencia de sus problemas
concretos y, luego, a aprender y aplicar
conocimientos de las ciencias y humanidades, incluso no considerados en las
áreas curriculares, en la solución de dichos problemas y en el mejoramiento de
sus condiciones de vida.
En ese camino es posible que un
estudiante decida la trayectoria de su
aprendizaje escogiendo las situaciones de vida prioritarias para él, su
familia, su ocupación y su comunidad. Es posible que estas prioridades también
las tengan otros estudiantes con los cuales se puede organizar en equipos de
aprendizaje autónomo y cooperativo.
Es posible, también, que en cada
equipo de aprendizaje se indague con mayor amplitud y profundidad sobre los
problemas, potencialidades y recursos con los que cuentan. Es posible que, en
función de superar dichos problemas, con autonomía se planteen expectativas que
vayan construyendo proyectos de vida personales y colectivos.
Es posible que en esas condiciones de
esclarecimientos de sus vidas puedan definir que les falta aprender para
solucionar mejor los problemas, así cómo es posible que emprendan acciones que
inicien los cambios que necesitan en los diversos espacios a los cuales
pertenecen.
Los educadores en ese trance de
ejercicio democrático debemos acompañar esa trayectoria de aprendizaje como
mediadores del cambio cultural, orientando las reflexiones y las decisiones
frente a la incertidumbres, el mejor aprovechamiento de sus potencialidades y
recursos; y promoviendo las relaciones sociales orientadas a tejer el soporte
comunitario que facilite las mejoras del aprendizaje y vincule el desarrollo
humano con el desarrollo local. Es posible esto y mucho más si tenemos
confianza en nosotros mismos, educadores y estudiantes.
Esa fue la convicción con la que
propuse la formación inicial de los docentes de EBA a partir de sus propias
situaciones de vida[ii]
y, posteriormente, como eventual director en la DIGEBA propuse la programación de
actividades educativas a partir de las situaciones de vida de los estudiantes y
que ahora, aun a contracorriente del burocratismo, sobrevive en la mente y el
corazón de algunos grupos de educadores que comprenden que el cambio es una
ruptura que docentes y estudiantes deben alimentar desde uno mismo.[iii]
Aprender a conocer y mejorar
Esta comprensión permitiría
reivindicar el valor epistemológico que le corresponde al aprendizaje, librándolo
de las reducciones a las cuales está sometida por las viejas formas de
tratamiento curricular, en las que se confunde información con conocimiento. El
caro concepto de epistemología, tan complejo, debe ser reconocido sencillamente
como el proceso cotidiano de conocer la naturaleza y la sociedad, sus
inevitables transformaciones y el papel que debemos asumir tomando decisiones.
Sin duda, la experiencia vital, en sus
diversas situaciones y espacios de vida, va moldeando nuestras formas de
entender los problemas y la manera de solucionarlos. Esta es la plataforma de
la epistemología, expresada en el acto consciente de aprender, que definirá el
modo en el cual queremos vivir.
“Las
múltiples vivencias de la persona (en sus diversas) situaciones y espacios de
vida también son aspectos de su centralidad. La vivencia es la experimentación
de algo y de su contenido, por eso las vivencias cotidianas al nutrirse de las
vivencias de aprendizaje organizadas en procesos de desarrollo
individual-grupal, se convierten en el continente de los objetivos, contenidos
y metodología de la enseñanza aprendizaje”[iv]
Por eso reivindicar el valor
epistemológico del aprendizaje significa reivindicar el conocimiento cotidiano en
su relación y acceso al conocimiento de las ciencias y humanidades. En sentido
inverso reivindicar el valor epistemológico del conocimiento científico es
tener como centro real a los estudiantes en su vida cotidiana, a partir del
cual será posible vincular el aprendizaje con el desarrollo humano sostenible, en
el marco de la construcción de una sociedad con mayor justicia y bienestar para
todos.
El desarrollo pedagógico de la EBA
necesita, pues, insertar la dinámica social de los estudiantes en el aprendizaje. Las
situaciones de vida expresan esa
dinámica social en la cual aprenden cotidianamente y, por ello, deben servir de
núcleo generador de nuevos aprendizajes. La consigna es “Conocer más desde la experiencia vital propia”
Manuel Martinez Mendoza
[i] La zona de desarrollo próximo que forma parte de la teoría de
aprendizaje de Vygotsky se refiere a la distancia entre el desarrollo alcanzado
y el desarrollo potencial o posible, considerando que el motor de desarrollo es
la interacción sociocultural. El conocimiento no es un objeto transferible del
educador al estudiante, sino que se construye por medio de operaciones y
habilidades cognitivas inducidas por las particulares interacciones sociales
que realiza cada persona.
[ii] En junio de 2009 elaboré una propuesta de “Diseño de currículo
experimental para la carrera profesional de profesor en educación básica
alternativa”, como producto de la consultoría realizada a pedido de la
Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la
Cultura, OEI, filial Perú.
[iii] En diciembre del 2011 propuse una matriz de programación curricular
que motivo la reactivación de los Núcleos de Capacitación Regional y Local de
la EBA y su aplicación en CEBA voluntarios, pero lamentablemente este proceso
fue desactivado en el mismo semestre de su aplicación inicial, aun cuando en el
2013 ha sido retomado con desgano por el burocratismo de los diferentes niveles
de gestión que se resiste a los cambios.
[iv] Diseño de currículo experimental para la carrera profesional de profesor en la Educación
Básica Alternativa, Manuel Martínez, Junio 2009, OEI, pag.20
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