8 de diciembre de 2013

Conocer más desde la experiencia vital propia


Involuntariamente ubicados en la penumbra de la sociedad existe un número impreciso de jóvenes y adultos que, voluntariamente en busca de oportunidades, ahora están ubicados también en la penumbra del sistema educativo nacional, con la Educación Básica Alternativa.

En consecuencia, a la condición de excluidos sociales se les ha agregado la condición de excluidos en la educación. Así sucede porque en el sistema educativo y, en particular, en la EBA a la que han accedido todavía no se comprende el  valor que tienen como activos seres humanos y como sujetos de derecho.


Efectivamente, se estima muy poco lo que han logrado en la lucha por la vida. En particular, no se aprecian los conocimientos producidos por ellos, a pesar que se sabe que en el diario vivir, igual que todas las personas, estos conocimientos pertinentes y significativos son construidos en las “aulas” familiares, ocupacionales y comunitarias; haciendo uso integrado de su mente, cuerpo, emociones y creencias culturales, con estilos y ritmos particulares, movilizando de modo constante su zona de desarrollo próximo[i].

Lamentablemente estos conocimientos llamados, por académicos y sus seguidores, como conocimientos vulgares, empíricos, cotidianos o culturales, no tienen mayor ligazón con el conocimiento científico y humanístico que es informado como contenidos de áreas curriculares que, generalmente, son dictados por los educadores.

Por consiguiente, al no participar activamente con su bagaje, como actores de su proceso educativo,  están impedidos de desplegar cabalmente sus potencialidades en la construcción de respuestas adecuada a sus necesidades reales, motivaciones y sueños propios.
Por eso es incomprensible el por qué con facilidad se habla de desarrollo humano sostenible, cuando contradictoriamente se ignora a esta población de estudiantes, cuyo papel debería ser protagónico en el uso de sus saberes previos como punto de partida para acceder al conocimiento científico y universal.

Oteando lo posible

En este aspecto, los educadores tenemos la responsabilidad de tender puentes entre la experiencia de vida de los estudiantes y el conocimiento científico y humanístico al que tienen derecho. ¿Es posible?

Esta es una pregunta cuya respuesta  no exige revoluciones mayúsculas. Tampoco  se requiere, como se estila, vestir a la EBA desvistiendo a otras modalidades educativas. Más aún, no se necesitan textos únicos nacionales con nombres de autoridades nacionales en la segunda página, ni “diversificados” en cada región con nombres de autoridades regionales. Tampoco se necesitan cuadro de horas, que segmentan la información del conocimiento de las ciencias y humanidades, como norma principal para aplicar currículos flotantes.

Solo basta remirar la realidad con sentido común. Leer la realidad propia como diría Freyre.  Situar a los estudiantes en su contexto como agentes activos de sus vivencias, incluyendo el estudio. Comprender que los jóvenes y adultos que estudian en la EBA producen conocimientos de modo constante en el calor de la convivencia con los suyos, en sus diversas situaciones y espacios de vida.

De este modo, los conocimientos experienciales pueden ser ampliados y profundizados en la EBA, mediante una ruta de aprendizaje orientada a identificar y tomar conciencia de sus problemas concretos y, luego, a aprender  y aplicar conocimientos de las ciencias y humanidades, incluso no considerados en las áreas curriculares, en la solución de dichos problemas y en el mejoramiento de sus condiciones de vida.

En ese camino es posible que un estudiante  decida la trayectoria de su aprendizaje escogiendo las situaciones de vida prioritarias para él, su familia, su ocupación y su comunidad. Es posible que estas prioridades también las tengan otros estudiantes con los cuales se puede organizar en equipos de aprendizaje autónomo y cooperativo.

Es posible, también, que en cada equipo de aprendizaje se indague con mayor amplitud y profundidad sobre los problemas, potencialidades y recursos con los que cuentan. Es posible que, en función de superar dichos problemas, con autonomía se planteen expectativas que vayan construyendo proyectos de vida personales y colectivos.

Es posible que en esas condiciones de esclarecimientos de sus vidas puedan definir que les falta aprender para solucionar mejor los problemas, así cómo es posible que emprendan acciones que inicien los cambios que necesitan en los diversos espacios a los cuales pertenecen.

Los educadores en ese trance de ejercicio democrático debemos acompañar esa trayectoria de aprendizaje como mediadores del cambio cultural, orientando las reflexiones y las decisiones frente a la incertidumbres, el mejor aprovechamiento de sus potencialidades y recursos; y promoviendo las relaciones sociales orientadas a tejer el soporte comunitario que facilite las mejoras del aprendizaje y vincule el desarrollo humano con el desarrollo local. Es posible esto y mucho más si tenemos confianza en nosotros mismos, educadores y estudiantes.

Esa fue la convicción con la que propuse la formación inicial de los docentes de EBA a partir de sus propias situaciones de vida[ii] y, posteriormente, como eventual director  en la DIGEBA propuse la programación de actividades educativas a partir de las situaciones de vida de los estudiantes y que ahora, aun a contracorriente del burocratismo, sobrevive en la mente y el corazón de algunos grupos de educadores que comprenden que el cambio es una ruptura que docentes y estudiantes deben alimentar desde uno mismo.[iii]

Aprender a conocer y mejorar

Esta comprensión permitiría reivindicar el valor epistemológico que le corresponde al aprendizaje, librándolo de las reducciones a las cuales está sometida por las viejas formas de tratamiento curricular, en las que se confunde información con conocimiento. El caro concepto de epistemología, tan complejo, debe ser reconocido sencillamente como el proceso cotidiano de conocer la naturaleza y la sociedad, sus inevitables transformaciones y el papel que debemos asumir tomando decisiones.


Sin duda, la experiencia vital, en sus diversas situaciones y espacios de vida, va moldeando nuestras formas de entender los problemas y la manera de solucionarlos. Esta es la plataforma de la epistemología, expresada en el acto consciente de aprender, que definirá el modo en el cual queremos vivir.

“Las múltiples vivencias de la persona (en sus diversas) situaciones y espacios de vida también son aspectos de su centralidad. La vivencia es la experimentación de algo y de su contenido, por eso las vivencias cotidianas al nutrirse de las vivencias de aprendizaje organizadas en procesos de desarrollo individual-grupal, se convierten en el continente de los objetivos, contenidos y metodología de la enseñanza aprendizaje”[iv]

Por eso reivindicar el valor epistemológico del aprendizaje significa reivindicar el conocimiento cotidiano en su relación y acceso al conocimiento de las ciencias y humanidades. En sentido inverso reivindicar el valor epistemológico del conocimiento científico es tener como centro real a los estudiantes en su vida cotidiana, a partir del cual será posible vincular el aprendizaje con el desarrollo humano sostenible, en el marco de la construcción de una sociedad con mayor justicia y bienestar para todos.

El desarrollo pedagógico de la EBA necesita, pues, insertar la dinámica social  de los estudiantes en el aprendizaje. Las situaciones de vida  expresan esa dinámica social en la cual aprenden cotidianamente y, por ello, deben servir de núcleo generador de nuevos aprendizajes. La consigna es “Conocer más desde la experiencia vital propia”

Manuel Martinez Mendoza






[i] La zona de desarrollo próximo que forma parte de la teoría de aprendizaje de Vygotsky se refiere a la distancia entre el desarrollo alcanzado y el desarrollo potencial o posible, considerando que el motor de desarrollo es la interacción sociocultural. El conocimiento no es un objeto transferible del educador al estudiante, sino que se construye por medio de operaciones y habilidades cognitivas inducidas por las particulares interacciones sociales que realiza cada persona.

[ii] En junio de 2009 elaboré una propuesta de “Diseño de currículo experimental para la carrera profesional de profesor en educación básica alternativa”, como producto de la consultoría realizada a pedido de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura, OEI, filial Perú.

[iii] En diciembre del 2011 propuse una matriz de programación curricular que motivo la reactivación de los Núcleos de Capacitación Regional y Local de la EBA y su aplicación en CEBA voluntarios, pero lamentablemente este proceso fue desactivado en el mismo semestre de su aplicación inicial, aun cuando en el 2013 ha sido retomado con desgano por el burocratismo de los diferentes niveles de gestión que se resiste a los cambios.
[iv] Diseño de currículo experimental para la carrera  profesional de profesor en la Educación Básica Alternativa, Manuel Martínez, Junio 2009, OEI, pag.20

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