El 11 de Abril de 1955, se instaló una primera oficina informatizada en
Succasuna, EEUU. Después de 65 años, lentamente, las ondas de su influencia
aún no acaban de llegar al sistema educativo peruano.
En la primera década del presente siglo el Proyecto “Huascarán” en el
gobierno de Toledo y, luego, la compra de tablet para estudiantes en el
gobierno de García fueron parte importante de los primeros ensayos de
innovación tecnológica digital en la educación pública.
Al mismo tiempo se consolidó el fomento y tendencia creciente de empresas
educativas privadas, en las cuales la educación virtual fue parcial y
complementaria.
La cobertura alcanzada por la novedad fue insuficiente y la calidad educativa
siguió dependiendo del énfasis en la enseñanza del “dictado de clases” de
contenidos estandarizados, desarticulados, rígidos y encerrados en las matrices
curriculares.
Lo paradójico es que desde hace muchas décadas la dinámica educativa
predominante ha sido acompañada por enfoques críticos, alternativos y
renovadores, que no se toman en cuenta con la seriedad debida en la práctica
de la educación peruana.
Incluso el informe Pisa que forma parte de la tendencia escolar academizante, periódicamente en el Perú, nos recuerda los últimos
lugares que ocupamos en la evaluación del rendimiento académico de la
educación tradicional.
Aun así, en vez de cambiar la política educativa, la estructura y la dinámica
insular del sistema educativo continuó con la misma mirada corta de cambiar
un poco para no cambiar nada, de actualizarse y retro alimentarse
tecnológicamente en el mismo marco de acciones acostumbradas.
Por decisión de los círculos burocráticos adjuntos al poder político de turno,
además de la innovación tecnológica, se optó por introducir procesos de
mejoramiento de la calidad educativa, siguiendo la corriente de otros países.
Sin embargo, la introducción de procesos de acreditación de la calidad
educativa, que se inician con la autoevaluación en las instituciones educativas,
no ha logrado poner en cuestión las prácticas predominantes de ejercicio y
relaciones de poder en la enseñanza aprendizaje.
La transformación por aplicación de modernos paradigmas en la educación, por
introducción de las TIC y los procesos de mejoramiento de la calidad
educativa, no se ha producido hasta este momento a pesar que en la segunda
década del siglo se produjo un salto conceptual importante que nos recuerda
en algo el surgimiento de la reforma educativa de 1972.
El MINEDU impulso el enfoque de competencias y la movilización por el
aprendizaje, orientado a resolver problemas que obstaculizan el desarrollo
humano sostenible de los estudiantes.
Lamentablemente, el talón de Aquiles de la propuesta es la mantención de una
práctica basada en la transferencia de contenidos disciplinares, con la intención
de lograr que los estudiantes se apropien del “conocimiento (información) de
las ciencias y humanidades”; más por designio rector del MINEDU que por
necesidad y demanda de los estudiantes y la ciudadanía; más por pensamiento
abstracto no sistémico que concreto; más homogéneo que diverso-, ignorando
las exigencias de progreso de la educación escrito en las normas y al margen
de los acontecimientos y problemas de la cotidianeidad
Con la llegada de la pandemia de COVID 19 y como consecuencia de la
apremiante necesidad de distanciamiento social para evitar contagios, el
sistema educativo peruano, como en otros países, con urgencia, ha tenido que
implementar masivamente la educación a distancia y, como parte de ella, la
educación virtual.
Este fenómeno ha sido veloz, parcial y traumático.
Si bien estamos en camino
de una generalización de la educación a distancia, en la práctica se mantiene
una pedagogía no situada, en los estudiantes y su entorno cercano, que no corresponde a la educación de aprendizaje por
competencias.
En las actuales circunstancias el enfoque de enseñanza tradicional de tiza y
pizarra ha pasado al uso de las TIC, por lo tanto, el sentido de la educación y
de su práctica no deja de ser la misma que se ha venido realizando en las
aulas de la vieja normalidad, lo que pone en evidencia que el uso de
herramientas tecnológicas, igual que otras herramientas no tecnológicas,
dependen de los enfoques pedagógicos con los cuales se educa.
Muchos estudiantes, padres y docentes piensan que, superada la pandemia, se
retornará a la preexistente normalidad de la educación presencial de aula. De
mantenerse igual la vida escolar se seguirá con la misma naturaleza y
costumbres patriarcales, centralistas y asistencialistas de la cultura nacional, impregnada en la economía, política y dinámica social, que incluye a la educación..
Si como país no impulsamos una visión de cambios estructurales, perderíamos la oportunidad de
construir una nueva normalidad educativa, sobre todo en las instituciones
educativas subyugadas por las relaciones de poder sectorial y nacional.
Pero, además de perder la oportunidad de progresar, la mantención de
prácticas tradicionales significaría un retroceso en la aplicación de las normas
que orientan el enfoque de aprendizajes de competencias y, por supuesto, la autonomía de los estudiantes en la vivenciación de sus propias experiencias vitales como
base del acto de aprender de modo democrático y emancipatorio.
Es cierto que las creencias y prácticas pedagógicas tradicionales pesan más
que las piedras de Sacsayhuamán, pero desafiados por las circunstancias
necesitamos repensar la educación y su pedagogía en una perspectiva de
cambio significativo y generar un punto de inflexión que reposicione a los
estudiantes como verdaderos actores de su aprendizajes, apoyados por
docentes que revaloren la enseñanza como un medio eficaz de reconocer y
facilitar la movilización de las capacidades, experiencias vitales y saberes de
los estudiantes.
En ese sentido es necesario, a contra corriente del stablishment de un sistema
educativo contaminado por el patriarcalismo, centralismo-concentración de
poder y del vacuo asistencialismo, promover en los hechos:
Facilitar la cooperación y solidaridad en el proceso de aprendizaje, dada la naturaleza social de los estudiantes, de modo que el aprendizaje individualizante no se agote en sí mismo y repita las relaciones egoístas y de rivalidad que produce el patriarcado pedagógico, vertical, distante de la cultura y dignidad propia de los que ahora aprenden bancariamente.Fomentar la descentralización en la producción de conocimiento y en la desconcentración del poder tradicional para construir una pedagogía que vincule el aprendizaje informal que se produce naturalmente en la vida cotidiana local, en situaciones de vida familiar y ciudadana, con un aprendizaje formal abierto y flexible, receptivo de los contenidos “dictados” por la realidad en la que viven los estudiantes.
De esta manera se puede aspirar a invertir el énfasis en la relación de la
enseñanza-aprendizaje en favor del aprendizaje; teniendo como base la
experiencia y saberes, espacios y situaciones de vida, identidad y sentido de
pertenencia sociocultural de los estudiantes autónomos, en una trayectoria de
planificación de proyectos (con indagación, toma de decisiones, organización
de tiempo y tratamiento globalizado de contenidos disciplinares, realización y
evaluación de actividades) dirigidos a la transformación de la vida cotidiana,
incluyendo el acto de aprender a aprender formalmente.
En estas nuevas condiciones existirían mayores posibilidades de construir,
desde adentro y desde abajo, soluciones estructurales que nos permitirán
superar el asistencialismo pedagógico y social vigentes, y con ello, establecer
relaciones sociales equilibradas y justas.
Por eso hay que aprovechar las actuales circunstancias en las cuales el COVID
19 ha desnudado las miserias estructurales de nuestro país. Necesitamos una
educación cuya práctica se defina por la emancipación de los estudiantes en el
acto de aprender, acompañados o asistidos por docentes y por la sociedad en
su conjunto, en el común deseo de vivir con justicia y bienestar, en un largo
camino de limpieza de los desequilibrios sociales actuales.
Manuel Medardo Martínez Mendoza
Pachacámac, mayo de 2020
Imágenes Google: feccoo-madrid.org

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