Inflamación política
y vacancia en el aprendizaje
Estaba
a punto de publicar un artículo dedicado a relacionar mejor la teoría con la práctica
del aprendizaje, pero las circunstancias actuales de la vida política nacional
nos exigen a los educadores-ciudadanos tomar una posición al respecto para
situar el problema del país que, se quiera o no, afecta a la educación.
Desde
hace tiempo, décadas o centenas de años, la política y la economía han caminado
juntas en un ejercicio normal y aceptado de la corrupción en una sociedad
desequilibrada como la nuestra, con ideas como “que robe, pero que haga obra”.
Las
instituciones nacionales de un Estado que, por su naturaleza defiende
privilegios y acepta a regañadientes las luchas y victorias ocasionales de las reivindicaciones
populares, están comprometidas en la corrupción
por la presencia de “topos” de
organizaciones criminales y de sobornos a funcionarios burócratas a los cuales se aceitan las manos con los “diezmos”.
El
gobierno actual y la participación activa de organizaciones de la sociedad
civil, produjeron un importante punto de inflexión en una lucha contra la corrupción y eso ha
traído cola que siguen perjudicándonos como ciudadanos.
En
los momentos de ascenso de la lucha contra la corrupción, la ciudadanía
mediante movilizaciones y referéndum tomó posición frente a grupos empresariales y partidos políticos que, en su afán de
asegurar niveles y mecanismos de corrupción, han minado las bases del poder político, judicial, electoral y, en general,
de la institucionalidad del Estado.
Con
el referéndum se hizo visible el cuerpo social a favor y en contra de los
cambios. La población se partió en dos. La mayoría de ciudadanos apoyó y sigue apoyando
la lucha contra la corrupción, muchas veces con angustia por demoras de la tramitología
burocrática y por la presencia implacable de la pandemia C19. Han sido
importantes las movilizaciones polares y el referéndum dirigido a formalizar las
reformas política y judicial.
Otros
ciudadanos y partidos políticos, en minoría, viendo
afectados sus intereses y sus creencias,
han venido realizando un sostenido socavamiento de la acción del
gobierno, en los temas que hemos hecho referencia, con el afán de volver a la
vieja normalidad de un país carcomido
por la corrupción y el nefasto individualismo que predomina en el quehacer
ciudadano con perfiles contrarios a los que siempre se mencionan en los
perfiles del egresado de los estudiantes del sistema escolar.
Ahora,
el golpe al presidente ha sido lo más efectivo que han logrado sus oponentes y
se plantea la vacancia de este por
incapacidad mental, teniendo como instrumento al congreso y
específicamente a los partidos y congresistas que se han sentido afectados en
sus mezquinos intereses. Los
congresistas que han apoyado la lucha contra la corrupción vienen señalando que
se le abra investigación al presidente y después de su retiro de la presidencia
se produzca el trámite necesario sobre la denuncia.
La
relación específica del problema político actual con el desempeño de las
instituciones educativas nacionales es
de difícil pronostico. No solo porque la práctica tradicional del aprendizaje no es sensible al cambio y a la construcción de un nuevo sentido de
la dinámica educativa prevista por el mejoramiento continuo de la calidad
educativa, sino por los resultados de una educación que pone en evidencia el
comportamiento de la clase política actual.
Por
eso es que en medio de esta doble crisis,
de la pandemia y de la situación política nacional, nos podemos dar cuenta que muchos de los
ciudadanos del país defienden la moralidad social que han aprendido en sus
casas, en la comunidad y, por supuesto, en las escuelas. Pero, al mismo tiempo,
también podemos observar el comportamiento zigzagueante de algunos políticos y
organizaciones partidarias, que son manejados tras bambalinas por diversos intereses, principalmente, económicos.
Pensando
en el aprendizaje de calidad, como un
proceso de mejoramiento continuo, nos preguntamos en qué medida
la inestabilidad social constante en el Perú se debe a que la educación
de generaciones de peruanos no ha logrado formar ciudadanos que propicien la
igualdad con equidad, relaciones democráticas, ejercicio pleno de los derechos
humanos y construcción de una sociedad con bienestar y justicia para todos.
En
lo específico, si las materias de estudio, por descontextualizadas y
desvinculadas, promueven el conocimiento
necesario referido a la dinámica de la sociedad peruana. Por ejemplo, si la
lógica matemática han permitido generar
pensamiento complejo y crítico dirigido a mejorar nuestro desempeño como
personas y ciudadanos; si la comunicación nos ha permitido tener un lenguaje
asertivo, en favor de una convivencia civilizada con punto de vista disímiles;
si las materias referidas a la socialización han permitido cohesionar al país
en función de un proyecto común basado en la el respeto a la diversidad
cultural, etc.
Sin
duda, lograr nuevos desempeños de personas y ciudadanos es y será una
construcción social difícil y compleja si
no cambiamos la práctica educativa y sus normativas para responder de modo
directo a la demanda de desarrollo del estudiantado nacional.
Se
requiere un sistema escolar peruano más fuerte y amplio que dé respuesta integral,
sin vacancia en el tratamiento de los problemas nacionales que afectan a la
ciudadanía utilizando el asistencialismo pedagógico y el buen deseo de llevarlo
hacia un futuro que los mismos estudiantes, sin participación significativa
como sujetos del aprendizaje, no han pensado ni decidido.
Manuel
M. Martínez Mendoza
Pachacámac,
11 de Setiembre 2020
Imágenes
Google: es.dreamstime.com Fondo del caos

No hay comentarios:
Publicar un comentario