11 de septiembre de 2020


  

Inflamación política y vacancia en el aprendizaje

Estaba a punto de publicar un artículo dedicado a relacionar mejor la teoría con la práctica del aprendizaje, pero las circunstancias actuales de la vida política nacional nos exigen a los educadores-ciudadanos tomar una posición al respecto para situar el problema del país que, se quiera o no, afecta a la educación.

Desde hace tiempo, décadas o centenas de años, la política y la economía han caminado juntas en un ejercicio normal y aceptado de la corrupción en una sociedad desequilibrada como la nuestra, con ideas como “que robe, pero que haga obra”.

Las instituciones nacionales de un Estado que, por su naturaleza defiende privilegios y acepta a regañadientes las luchas y victorias ocasionales de las reivindicaciones populares,  están comprometidas en la corrupción por la presencia de “topos”  de organizaciones criminales y de sobornos  a funcionarios burócratas a  los cuales se aceitan las manos con los “diezmos”.

El gobierno actual y la participación activa de organizaciones de la sociedad civil, produjeron un importante punto de inflexión  en una lucha contra la corrupción y eso ha traído cola que siguen perjudicándonos como ciudadanos.

En los momentos de ascenso de la lucha contra la corrupción, la ciudadanía mediante movilizaciones y referéndum tomó posición frente a  grupos empresariales  y partidos políticos que, en su afán de asegurar niveles y mecanismos de corrupción, han minado las bases del poder  político, judicial, electoral y, en general, de la institucionalidad del Estado.

Con el referéndum se hizo visible el cuerpo social a favor y en contra de los cambios. La población se partió en dos. La mayoría de ciudadanos apoyó y sigue apoyando la lucha contra la corrupción, muchas veces con angustia por demoras de la tramitología burocrática y por la presencia implacable de la pandemia C19. Han sido importantes  las movilizaciones polares  y el referéndum dirigido a formalizar las reformas política y judicial.

Otros ciudadanos y partidos políticos, en minoría,  viendo  afectados sus intereses y sus creencias,  han venido realizando un sostenido socavamiento de la acción del gobierno, en los temas que hemos hecho referencia, con el afán de volver a la vieja normalidad  de un país carcomido por la corrupción y el nefasto individualismo que predomina en el quehacer ciudadano con perfiles contrarios a los que siempre se mencionan en los perfiles del egresado de los estudiantes del sistema escolar.

Ahora, el golpe al presidente ha sido lo más efectivo que han logrado sus oponentes y se plantea la vacancia de este por  incapacidad mental, teniendo como instrumento al congreso y específicamente a los partidos y congresistas que se han sentido afectados en sus mezquinos  intereses. Los congresistas que han apoyado la lucha contra la corrupción vienen señalando que se le abra investigación al presidente y después de su retiro de la presidencia se produzca el trámite necesario sobre la denuncia.

La relación específica del problema político actual con el desempeño de las instituciones educativas nacionales  es de difícil pronostico. No solo porque la práctica tradicional del aprendizaje no es sensible al cambio y a la construcción de un nuevo sentido de la dinámica educativa prevista por el mejoramiento continuo de la calidad educativa, sino por los resultados de una educación que pone en evidencia el comportamiento de la clase política actual.

Por eso es  que en medio de esta doble crisis, de la pandemia y de la situación política nacional,  nos podemos dar cuenta que muchos de los ciudadanos del país defienden la moralidad social que han aprendido en sus casas, en la comunidad y, por supuesto, en las escuelas. Pero, al mismo tiempo, también podemos observar el comportamiento zigzagueante de algunos políticos y organizaciones partidarias, que son manejados tras bambalinas por  diversos intereses, principalmente, económicos.

Pensando  en el aprendizaje de calidad, como un proceso de mejoramiento continuo, nos preguntamos  en qué medida  la inestabilidad social constante en el Perú se debe a que la educación de generaciones de peruanos no ha logrado formar ciudadanos que propicien la igualdad con equidad, relaciones democráticas, ejercicio pleno de los derechos humanos y construcción de una sociedad con bienestar y justicia para todos.

En lo específico, si las materias de estudio, por descontextualizadas y desvinculadas, promueven el conocimiento necesario referido a la dinámica de la sociedad peruana. Por ejemplo, si la lógica matemática han  permitido generar pensamiento complejo y crítico dirigido a mejorar nuestro desempeño como personas y ciudadanos; si la comunicación nos ha permitido tener un lenguaje asertivo, en favor de una convivencia civilizada con punto de vista disímiles; si las materias referidas a la socialización han permitido cohesionar al país en función de un proyecto común basado en la el respeto a la diversidad cultural, etc.

Sin duda, lograr nuevos desempeños de personas y ciudadanos es y será una construcción social difícil y compleja si no cambiamos la práctica educativa y sus normativas para responder de modo directo a la demanda de desarrollo del estudiantado nacional.

Se requiere un sistema escolar peruano más fuerte y amplio que dé respuesta integral, sin vacancia en el tratamiento de los problemas nacionales que afectan a la ciudadanía utilizando el asistencialismo pedagógico y el buen deseo de llevarlo hacia un futuro que los mismos estudiantes, sin participación significativa como sujetos del aprendizaje, no han pensado ni decidido.

Manuel M. Martínez Mendoza

Pachacámac, 11 de Setiembre 2020

Imágenes Google: es.dreamstime.com  Fondo del caos

 


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