5 de septiembre de 2020

Aprendizajes con empatía


 

“Que el privilegio no te nuble la empatía”[1]

 

De compras, esperaba en la fila del puesto de una casera en el mercado del barrio y aprovechaba el tiempo para pensar en el contenido de este artículo. Una señora compraba sus  abarrotes y verduras y cuando la casera le dijo cuanto costaba todo, la compradora se vio en notorios aprietos y lentamente comenzó a devolver algunos productos y con timidez le preguntaba a la casera cuanto era el costo de lo que le quedaba en la bolsa. La casera, en silencio, tomó su lapicero y su pequeño tablero con papeles  e hizo operaciones sin calculadora. Al terminar, con cara de sorpresa, pidió disculpas a la compradora y le dijo que se había equivocado en la suma y que todavía quedaba un vuelto. Volvió a la bolsa lo había sido devuelto Metió la mano en el bolsillo del mandil y sacó un puñado de monedas que devolvió a la compradora y le agradeció por sus compras, entregando, a su vez, una yapa de yerbas aromáticas. Todos se quedaron sorprendidos y murmuraron entre ellos con diferentes opiniones. La vendedora no hizo ningún comentario y yo, pasadas las horas, sigo pensando, sobre la actitud ejemplar de una persona en su relación con otra, en una situación en la que se piensa generalmente que los “negocios son negocios”. Me hizo recordar en los empresarios que vendieron oxígeno a precio justo, en plena manifestación de la pandemia.

Ese acto, que considero de solidaridad, me motiva a iniciar el artículo reconociendo una sencilla e importante manifestación de empatía, en un ambiente nacional en el que también se  respira mucha  antipatía por el cuidado extremo de los “feudos propios” y, a veces, con mucha violencia. La empatía, por el contrario, acerca a las personas al ponerse una en el “zapato” de la otra. Con esa actitud solidaria se estimula la reciprocidad que en la ida y vuelta envuelve a la empatía. A propósito, debo decir que, nuestra historiadora María Rostworowski, señaló que la reciprocidad es un apreciado valor de la cosmovisión andina, expresados hasta hoy, por ejemplo, en el Ayni, en la Minka, en los trabajos comunales y otras costumbres que no podemos desperdiciar.

La empatía existe en las interacciones sociales y debe fortalecerse, profundizarse y ampliarse en la práctica del aprendizaje. Quedarse solo en la teoría de la empatía es un despropósito, pues ella es indispensable en una convivencia deseable y un antídoto para superar el individualismo y exitismo antisocial promovido por las “leyes” del mercado, que han logrado infectar las relaciones sociales y, en particular, la educación. Lo dicho en este acápite también me hace recordar el edificio de una universidad que se hizo para simular  un piso vacío.

 Considerar la empatía, como un ingrediente sustantivo, estratégicamente alimenta la aplicación de las  tesis de Vygotsky en su referencia al valor que le concede a las interacciones sociales en el aprendizaje. En ese sentido, para toda persona es relevante ser un individuo social, un ciudadano comprometido con el ejercicio de derechos y expectativas de transformación de nuestra sociedad. Por eso debemos tenerla en cuenta, sin que esto quiera decir, como sucede como costumbre en la enseñanza, que tenemos que ignorar las relaciones de poder de unos sobre otros y la lucha permanente por la dignidad de una vida mejor en una sociedad  que no necesite de perfumes y pinturas faciales que sirven para ocultar las desigualdades e inequidades sociales.

 A partir de este hecho cotidiano,  que forma parte de los aprendizajes estimulados y no siempre aprovechados en toda circunstancia de la vida, cabe preguntarse si las instituciones públicas en nombre del rol “rector” y las instituciones privadas, que forman parte de la punta de la pirámide social, hacen ejercicio de la empatía, mediante el reconocimiento de los estudiantes, saberes logrados y demandas reales.  

 Muchos estamos de acuerdo en que el “perfil real” del sistema escolar parte de cero y no considera, de modo importante las vivencias y aprendizajes previos, salvo cuando estos se refieren a los contenidos disciplinares desarticulados y secuenciados linealmente en “pedacitos” según su propia lógica. En ese terreno  nos movemos, con diferentes roles y compromisos, orientados a modelar a los estudiantes disponiendo unilateralmente él Debe Ser y qué, cuándo, cómo, dónde, con quiénes y con cuánto realizar una experiencia básicamente cognitiva.  Se les entrega, transfiere o enseña como obligación lo que deben aprender, colisionando con lo que ya saben los estudiantes y que han aprendido en la vida cotidiana. Se habla de conocimientos que tienen que adquirir, como en un mercado moderno de marcas en que recogen en carretillas la información de conocimientos que deben hacer suyos, previo pago abierto, en las ventanillas de los proveedores  privados y, sin darse cuenta, en  las ventanillas de un servicio público que debe ser gratuito, por derecho.  Se habla de respeto a la diversidad, derechos de las personas, reconocimiento de potencialidades etc. y la vida diaria camina en otros espacios y es ignorada.

 Basta el deseo de lograr mejoras continuas para preguntarnos ¿Cómo aprenden los estudiantes? ¿En qué situaciones? Y así podemos comprender y valorar, con empatía, la capacidad que han desarrollado muchos peruanos para sobrevivir, a pesar de las dificultades harto conocidas, pero poco enfrentadas con dignidad como individuos sociales.

No dudo que el aprendizaje escolar sirve en el desarrollo de habilidades, tanto como las lecturas que amplían panoramas individuales, las relaciones adecuadas que existen al margen del acoso y de otras formas de violencia disimulada, la afectividad de los estudiantes con los docentes y viceversa, actividades extracurriculares que gustan y movilizan más que el estar sentados y la noción de sentir que se ha logrado aprender, aun cuando los aprendizajes no llegar a satisfacer las demandas del desarrollo de los estudiantes en las dimensiones sociales que requieren como personas, trabajadores y ciudadanos.

 La empatía no es conocimiento de un lado y desconocimiento de otros lados como sucede en la feroz competencia (rivalidad) en los hechos de la vida. Necesitamos una epistemología que nos exija reconocer el valor de las personas en diferentes dimensiones.

 Tengamos en cuenta que los estudiantes son personas que tienen:

 1.    Múltiples facultades innatas que se van modificando en experiencias vitales simples y complejas en la relación con otras personas, la naturaleza y las cosas.

 2.    Necesidades básicas, intereses y expectativas de una vida mejor que deben ser  satisfechas en parte por ellos mismos y, en ejercicio de sus derechos ciudadanos, por un soporte social equilibrado y justo en beneficio de todos y durante toda la vida.

 3.    Capacidades de decisión en desarrollo al ser partícipes, de modo individual o en grupo, de vivencias cotidianas, en muchos casos en actividades que requieren resiliencia.

 4.    Culturas diversas que, debido a problemas estructurales de la sociedad y continuos desarraigos culturales, no permiten el desarrollo de sus identidades de manera armoniosa y digna.

 5.    Experiencias vitales múltiples, en situaciones y espacios específicos de vida, demandan situaciones de aprendizajes enfocados en la vida de los estudiantes.

 6.    Modos de aprender que no se articulan y, menos, se integran. Informales y no formales en la comunidad y formales (Curriculares) y no formales (extracurriculares).

 7.    Maneras y velocidades individuales diversas que no se tienen en cuenta en el acto de aprender formalmente.

 Por esta situación, el “perfil del egresado” del sistema escolar debería atender las características más sobresalientes de los estudiantes. En ese camino, la empatía puede incluirse no solo en los servicios a estudiantes con habilidades diferentes, sino que debería ampliarse a todo el estudiantado a partir del reconocimiento de sus potencialidades y sus saberes con el propósito de lograr aprendizajes significativos de calidad que los reposicionen con mejores y mayores conocimientos, desempeños y actitudes

 Aceptemos que el aprendizaje de competencias es un punto de inflexión en el sistema escolar, pero su aplicación debe ser regenerada, si se quiere, como fruto de la empatía.  Es un llamamiento abierto a que el privilegio de ser autoridad no nuble la empatía.


Manuel Medardo Martínez Mendoza

Pachacámac, 4 de setiembre 2020

 

Imágenes Google: Juan Carlos Jiménez / Linkedin

 

 



[1] Meme en Google imágenes, de la revista Diners: ¿Empatía? se preguntará el lector ¿qué es eso? El psicólogo y experto en autismo Simon Baron-Cohen lo define como la capacidad de identificar lo que la otra persona piensa o siente, comprender las situaciones de otros, entender el dolor, la felicidad o la tristeza de las situaciones y no cegarnos ante las vivencias de los demás.

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