14 de junio de 2013

¡EUREKA!...los estudiantes adultos tienen vida

...los adultos tienen vida
Hace años, la experiencia de trabajo en comunidades altas de la sierra central, junto a otros jóvenes profesionales del agro, me hizo tomar conciencia de la necesidad de seguir aprendiendo de una realidad que no conocía suficientemente y que, con la mejor de nuestras voluntades, queríamos ayudar a cambiar de modo equivocado, mediante el traslado mecánico a la mente de los campesinos de fuertes dosis de información de tecnología agropecuaria no apropiada.

La imposición cultural que producíamos fue contraproducente con nuestra intención agro-educativa y social, por lo que tuvimos que aprender en nuestra vida laboral, más allá de las posibilidades curriculares, a establecer un diálogo cultural que permita, tanto a ellos como a nosotros:


Primero, aprender o reaprender juntos a identificar problemas en las valiosas costumbres de cultivos y crianzas en el contexto de las diversas situaciones de vida
Segundo, aprender o re aprender a imaginar un escenario futuro deseable, posible y a construir, a partir de la solución de los problemas identificados por ellos mismos
Tercero, aprender o re aprender a resolver los problemas identificados utilizando la información científica, humanística y tecnológica apropiada a las condiciones reales de la comunidad y de las instituciones regionales, seleccionada del bagaje tecnológico mundial a la que se tenía acceso.

La experiencia propia y de otros en el campo de la educación, con aciertos y errores, me han llevado a comprender que esta idea central tiene como requisitos el reconocimiento del valor humano y el protagonismo de personas que aprenden juntas, en una relación democrática, a resolver problemas que afectan las vidas de los estudiantes y, en particular, las nuestras al mejorar nuestras prácticas educativas.

En la década pasada, con motivo de una consultoría en la Organización de Estados Iberoamericanos OEI, en apoyo al Ministerio de Educación, sobre la base de esa idea  tuve la ocasión de formular una propuesta de Formación Inicial de Educadores de Educación Básica Alternativa que hasta ahora duerme el sueño de los justos, en un anaquel de la DIGEBA, y que encontré de casualidad en uno de los días finales de mi corta presencia como director de programas

En el documento señalaba, en armonía con esa idea primigenia, que “La persona es concebida como individuo y ser social, por lo cual, el grupo de estudiantes, la institución educativa, las familias, el centro de trabajo, la comunidad, la cultura específica constituyen aspectos de la centralidad que el currículo debe tener en cuenta.

Las múltiples vivencias de la persona en dichas situaciones y espacios de vida también son aspectos de su  centralidad. La vivencia es la experimentación de algo y de su contenido[1], por eso, las vivencias cotidianas al nutrirse de las vivencias o situaciones de aprendizaje organizadas en procesos de desarrollo individual-grupal, se convierten en el continente de los objetivos, contenidos y metodología de la enseñanza - aprendizaje.

La vivenciación educativa resulta así en el más activo ejercicio del reconocimiento de la centralidad al ubicar a los estudiantes en situaciones reales de desarrollo, en las cuales deciden y utilizan sus potencialidades, tanto en la comprensión de su realidad, como en la acción orientada a transformarla en lo que considere necesario.

La enseñanza aprendizaje, encarnada en procesos de desarrollo de la vida cotidiana, exige aprender en todo momento, de manera abierta a las contingencias, y traducir lo aprendido en desempeños personales, familiares, laborales y sociales, además de sentar las bases de la construcción de una sociedad educadora.”

En consecuencia, “es imprescindible tener en cuenta  los enfoques sociopolíticos actuales que proponen relaciones  horizontales de poder en la toma de decisiones, en el acto de aprender desde la vida y la realidad. Las prácticas educativas necesitan ser sensibles a las tendencias nacionales de descentralización político administrativa, desconcentración de funciones en favor de la autonomía de las instituciones, del aprendizaje y del desarrollo de la sostenibilidad como resultado del fortalecimiento de capacidades locales[2]

Por esta razón, como producto de esa trayectoria de reflexiones, en la DIGEBA quise promover una reflexión sincera  en un espacio que, equivocadamente, creí abierto a la discusión en este período.

Los escritos que pretendían motivar el debate interno argumentan el porqué en la propuesta de programación curricular que realicé durante mi gestión, se debe tener como primer punto de quiebre a las situaciones de vida de los estudiantes como inicio de sus múltiples trayectorias de aprendizaje.  

Uno de los escritos motivadores que utilicé para dar una respuesta educada a la preocupación de algunos especialistas fue el que a continuación presento:

¡Eureka¡… los estudiantes tienen vida
(7 de Febrero 2012)

Todas las personas experimentamos, a lo largo de nuestra existencia,  un sinfín de específicas situaciones de vida que hacen visible las condiciones o estados en las cuales vivimos.

Las personas que constituyen la demanda de la EBA, como todas, tienen situaciones de vida familiar, laboral y en otros espacios de la comunidad,  pero sus condiciones o estados de pobreza, son producto de la exclusión social.

Los estudiantes en esas condiciones tienen una vida cargada de problemas por resolver que
exigen respuestas resilientes. En muchos casos, sus capacidades actuales, resistiendo los factores sociales y económicos que frenan su desarrollo personal y de los suyos, les permiten decidir y actuar para sobrellevar sus difíciles condiciones de vida. En pocos casos, logran implementar procesos de movilidad social ascendente que les permiten salir del estado en que se encuentran.

Al decidir y actuar en cumplimiento de sus roles -de padre, trabajador, vecino, dirigente, etc.- en cada situación de vida, el estudiante, pone en juego su forma de pensar, de sentir y de hacer, movilizando su bagaje cultural. Su trayectoria de vida es de una lucha constante y activa, de protagonismo, que le exige interpretar y tomar conciencia para resolver problemas y superar sus condiciones de vida actual.

Por eso el estudiante, en su particular dinámica social, en ningún momento es una persona abstracta y, menos, un objeto. Es parte de una compleja realidad en la que, como individuo concreto, interactúa con otras personas y con la naturaleza, convirtiéndose en hacedor, en individuo social, en una síntesis cultural.

En las situaciones de vida, como en una fuente, los problemas permiten visualizar sus  necesidades, intereses y expectativas que  lo motivan a decidir y a actuar dando valor de uso a sus competencias.  Allí están expuestas y vivas las demandas de desarrollo humano que la educación formal debería de atender.

Con la indispensable empatía los educadores debemos acompañar a los estudiantes a priorizar aquellas situaciones en las cuales ellos deciden y actúan con fuertes repercusiones en sus espacios de vida familiar, laboral y en los múltiples espacios de la comunidad a la que pertenece. Es el modo fáctico de brindarle oportunidades de lograr que sus aprendizajes formales estén centrados en él y así lograr que las situaciones de vida cambien sus condiciones actuales mediante situaciones de aprendizaje.

Los diseños curriculares, que constituyen una propuesta nacional o regional, por cierto, tienen que adecuarse a dicha realidad de modo que la acción educativa sea una respuesta a las necesidades, intereses y expectativas de todos los estudiantes sin exclusión.

En esta adecuación que se hará en función de situaciones reales de la vida del estudiante, las particularidades culturales forman parte del ejercicio educativo, sin necesidad de ejes transversales. De igual modo, la acción investigativa vinculada al aprendizaje y la toma de conciencia de su realidad y de los emprendimientos destinados a transformarla en beneficio propio y de los suyos, se configura como su proyecto de vida, en su reposicionamiento como padre, trabajador y ciudadano.

La demanda educativa  busca respuestas concretas al margen de las resistencias de una cultura arraigada en el paternalismo y de lo que demore su extinción. Por eso el “debe ser” de la oferta educativa diseñada por especialistas, debe convertirse en el “debe ser” pensado y decidido por el estudiante. En ese valor democrático subyace el respeto a la persona y su condición humana.




[1] Diccionario de la Lengua Española, Vigésima segunda edición, Real Academia española, 2001
[2] Diego Palma, de CEAL, afirma que “en lo fundamental el desarrollo local no se refiere al crecimiento de las cosas, sino al florecimiento de las personas” “La Educación, el desarrollo local y la economía popular” en Construyendo la modernidad educativa en América Latina, Nuevos desarrollos curriculares en la educación de personas jóvenes y adultas, Lima 1996, Jorge Osorio y Rivero José (coordinadores), UNESCO, CEAAL, TAREA

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