Decisiones
y aprendizaje
En una íntima conversación interior me
preguntaba sobre las relaciones a la que aspiran los educadores sociales
comprometidos con personas de las comunidades urbanas y rurales con las cuales
tienen la satisfacción de trabajar y de sentirse útiles.
Estas son relaciones basadas en el
aprendizaje y enseñanza mutua. El
aprendizaje y la enseñanza forman un círculo virtuoso en el que se desarrolla
poder para transformar las condiciones de vida y, como parte del colectivo de
personas, los educadores aprenden a
situar su aprendizaje en realidades
concretas de la vida y a desarrollar su poder como educadores polivalentes,
“aterrizados” en el Es a partir del
cual es posible alinear lo que se Hace
hacia un Debe ser decidido, con autonomía, por las personas con
las cuales interactúa. En esa trayectoria todos desarrollan identidad de su Ser individual y social.
Los educadores deciden aspectos
técnico pedagógicos, tendiendo puentes, buscando compartir las decisiones con
las personas de las comunidades, sean estos dirigentes o miembros de
organizaciones. Los dirigentes, en lo deseable, deberían establecer mecanismos
que faciliten decidir con sus bases para qué actuar y qué, como, cuando,
quienes, donde y con qué hacer.
Con la trayectoria definida se
organiza y realiza lo previsto y atiende lo imprevisto, de modo organizado en
equipos de trabajo en los cuales nadie sobra y si alguien se ausenta es solo por decisión propia. En el camino, de modo
constante van evaluando lo que hacen para corregir lo que consideran
corregible, acompañados por educadores sociales que saben que “llevarlos de la
mano”, tutelado, no es una forma de un trabajo educativo que se puede recomendar.
Por cierto, que la confianza en el
poder de cada persona, para hacer y aprender lo que tiene que hacer, es un
valor muy caro a lograr en una sociedad y sistema educativo con brechas
educativo-sociales hasta en la enseñanza aprendizaje. Este es, sin duda, uno de
los grandes desafíos en todo intento de
construir una sociedad armoniosa y de Bien-Estar,
derivado del Hacer para Saber y Ser.
En estas relaciones se trata de
ejercer la democracia y la equidad en la toma de decisiones, la co-actoría en
la realización de un proceso pedagógico que parte de las realidades concretas de
las personas de la comunidad, considerando sus costumbres y su forma de hacer
las cosas, porque es necesario valorar la cultura propia y lo que se hace en
ella, reconociendo que así han logrado sobrevivir y así saldrán de la
exclusión si aprenden más.
El objetivo del trabajo pedagógico es lograr
que integrantes de las organizaciones y educadores, unidos de verdad en función
de un ideal común, aprendan en procesos de transformación orientados a
construir condiciones de vida digna, incidiendo en el ejercicio de sus derechos
y en cambiar los enfoques actuales del desarrollo local, basado en “obras”, por
un enfoque que movilice sus condición de ciudadanos plenos en función del Bien-Estar de todos, que vaya más allá
del discurso del desarrollo que muchas veces es sesgado hacia el crecimiento
económico de pocos, en una perspectiva de modernidad que solo tiene en cuenta
la diversidad cultural en el discurso.
Ahora en el campo de las realidades, en
el coto cerrado del sistema educativo en general y de la educación básica alternativa
en particular ¿Será posible que los estudiantes sean gestores y centro de su
aprendizaje? ¿Qué aspiren a emanciparse de las ataduras de la exclusión e
in-equidad? ¿Qué planifiquen, organicen, realicen y evalúen sus actividades de
aprendizaje? ¿Qué aprendan de manera organizada manteniendo un vínculo entre lo
individual y colectivo, al estilo de lo que decía el viejo Vygotsky y otros
personajes que han aportado a la educación? ¿Qué lo aprendido contribuya con el cambio de su situación personal, de su familia, de su trabajo y de su
condición de ciudadano?…Esa es la cuestión.
3 comentarios:
Muy bueno. Gracias.
Gracias Gabriel. Ya somos dos, pero hay muchos más, invisibles.
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